El nido del cuco 29-06-2026

 


UN SOPLO DE AIRE FRESCO: UN RECORDATORIO DE QUE LA VIDA NO ES ALGO QUE SÓLO NOS SUCEDE, SINO ALGO QUE ELEGIMOS ACTIVAMENTE.

(Sitges'25, Sección Oficial Fantástica: El fin del mundo nunca se había visto tan común. Empieza como una sirena apocalíptica y termina como un latido).

"LA VIDA DE CHUCK" (de Mike Flanagan, EEUU, 2024) ⭐ ⭐⭐ ⭐

Galardonada con el Premio de la Crítica José Luis Guarner a la Mejor Película de la Sección Oficial del último Festival de Sitges, "La vida de Chuck" es una película de drama y ciencia ficción estadounidense de 2024 escrita y dirigida por Mike Flanagan. Está basada en la novela corta del mismo nombre de Stephen King, que se publicó en su libro recopilatorio de 2020 "Si sangra", autor al que no es ajeno su competente director, al que ya adaptó en dos ocasiones: "El juego de Gerald" y, la más conocida, "Doctor sueño".

Publicada originalmente como tres capítulos interconectados, la historia sigue al protagonista, Chuck, a través de tres fases de vida y muerte —o, técnicamente, muerte y vida—. Las historias se presentan en una «línea temporal invertida», comenzando por el final y retrocediendo. Siguiendo este formato, el guionista y director Mike Flanagan crea una estructura con una narrativa reflexiva y no lineal que traza un recorrido cronológico hacia adelante, buscando las experiencias formativas de Chuck.

GUSTARÁ O NO

En teoría, el film, no debería ser la película que genera opiniones encontradas que resultará ser. Si bien es a partes iguales fantástica y profundamente sentimental, tu opinión sobre la película podría depender completamente del momento vital en el que te encuentres. Ahora bien, ésto no significa que los espectadores que adoran esta película sean personas cálidas y de buen corazón, mientras que quienes la critican sean cínicos. No, no es tan simple como "Amelie". Y es que en algunas ocasiones, una película puede ser para el gran público y también de nicho, dirigida a un público muy específico: "La vida de Chuck" logra ambas cosas a la perfección.

Más sentimentalismo que sustancia, eso sí. Su estructura y las relaciones entre los personajes son muy ingeniosas. Y la historia intenta abarcar mucho para intentar ser una valiosa obra de narración existencial. La película nos lleva a través de la vida de Chuck en diferentes momentos, narrando la historia de forma no lineal, comenzando con él en la mediana edad y retrocediendo hasta su infancia. Cuatro actores interpretan a Charles a lo largo de su vida, siendo Tom Hiddleston el más conocido. Un aspecto inusual de la película es su enfoque en la danza. Chuck se enamoró de la danza desde muy joven y esa pasión lo acompañó siempre. De ahí la secuencia que acompañará a la peli para siempre.

La película tiene una premisa de ciencia ficción, pero en realidad es una historia sencilla sobre la vida de un hombre. Quizás puedas adivinar el giro argumental incluso antes de verla, pero hay mucho que disfrutar en la forma en que se cuenta la historia. Es una película sobre apreciar la vida y disfrutar de los momentos tiernos con los seres queridos, reconfortante y entretenida. Después de todo, la película se empeña en recalcar la idea de que nuestro tiempo no es infinito, que la vida es breve y puede afrontarse con una tristeza comprensible, pero a la vez con esperanza. A la mitad de la película, el narrador (Nick Offerman) dice, hablando como el subconsciente de Chuck: "¿Acaso las respuestas mejorarían algo bueno?". La película explora la idea de que, conociendo los hechos de la vida (es decir, nacemos y morimos), cuestionar las cosas buenas que experimentamos, como los recuerdos felices, el amor, las relaciones, etc., puede ser inútil. Preguntar "por qué" puede ser más perjudicial que beneficioso.

"La vida de Chuck" está explícitamente inspirada en el poema de Walt Whitman, "Canto de mí mismo", y en particular en la frase "Contengo multitudes". En la novela ya se adopta esta idea, la de que dentro de cada uno de nosotros existen vastos mundos de pensamientos y experiencias complejas, como una ayuda reconfortante en nuestra desafiante búsqueda de la aceptación existencial. La película es brillante porque, en última instancia, es esperanzadora. En la sombría confrontación con nuestra propia existencia minúscula (representada con numerosos lenguajes visuales y matemáticos en la película), hay tantos recuerdos, conexiones y mundos maravillosos por crear... 

El problema, sí, con "La vida de Chuck" no es que sea mala, en sí, al contrario, sino que está muy lejos de ser una obra maestra, y eso supone un desperdicio de mucho talento y potencial. Imaginen "El árbol de la vida", con toda su complejidad, convertido en un especial de televisión para adolescentes. Eso pretende y, en éste tiempo de masas aborregadas, me sabe hasta mal decir ésto sin incluirme también, no pretendo ser otro "jodido intelectual que trata de serlo más que los demás" (recuerden, no sólo es de nicho), fracasa en el intento.

SOBRE STEPHEN KING

Stephen King es asombroso. En los últimos 50 años ha escrito 65 novelas y cientos de relatos cortos, más de 30 000 páginas en total, según un cálculo . A lo largo de esta producción constante, ofrece una y otra vez premisas atractivas e innovadoras, personajes con los que el lector puede identificarse y una escritura sólida, a veces incluso hermosa. Por ello, no sorprende que tantas de sus historias se hayan adaptado al cine: 55 películas hasta la fecha, más que cualquier otro escritor vivo (aunque aún le queda mucho camino por recorrer para igualar las 410 adaptaciones de Shakespeare …).

Algunas de las mejores adaptaciones de King, como "Cuenta conmigo" o "Cadena perpetua" , surgen de material más breve —relatos o novelas cortas— que brindan más margen para que el cine haga lo que mejor sabe hacer: narrar visualmente. A veces, el ritmo es pausado, sin la prisa por avanzar rápidamente y completar cada punto de la trama. Una fidelidad excesiva a un tomo extenso puede resultar agotadora, mientras que una fidelidad insuficiente hace que la historia sea superficial o incomprensible (y enfurece a los fans más acérrimos). En cambio, un relato corto ofrece lo esencial: uno o dos personajes, un arco argumental sencillo para reflexionar, una atmósfera que sirva de punto de referencia, algunas escenas clave; un director perspicaz y unos buenos actores pueden hacer el resto. Desde esta perspectiva, la última adaptación hollywoodense de la obra de King, "La vida de Chuck", prometía ser la propuesta ideal.

Al igual que "Boyhood" o ése "El árbol de la vida", la película pretende ser una epopeya ambiciosa pero íntima, que explora los momentos fugaces que dan sentido a una vida frente a la inevitabilidad de la muerte y la inmensidad del cosmos. (El lema es: «La extraordinaria historia de un hombre común»). Todos los elementos están presentes: un reparto talentoso, algunos momentos clave, un mensaje conmovedor y esperanzador. Pero, como ya he dicho,  lamentablemente, el proyecto fracasa. Pero en su aparente grandiosidad intelectual, quedan muchos retazos de cine especialmente sinceros y nada sentimentaloide, por lo que es un "fracaso logístico" pero un "éxito a medias".

LA HISTORIA ¿ENREVESADA?

Siguiendo la estructura no cronológica del relato corto en tres actos, Flanagan comienza con el "Acto Tres" y retrocede en el tiempo para explorar aspectos de la vida de Chuck Krantz. ¿Quién es Chuck Krantz? Ésa es la pregunta que ronda la mente de todos en el primer segmento, ambientado en un mundo al borde del colapso. Incendios forestales, volcanes, maremotos, inundaciones y socavones devoran el planeta. Los noticieros muestran lo peor, pero pronto se interrumpen los servicios de internet, televisión y telefonía móvil. Ante el fin del mundo, la gente responde con absentismo laboral y suicidios desenfrenados. En medio del caos, el profesor Marty Anderson (Chiwetel Ejiofor), que estuvo casado, y su exesposa, la enfermera Felicia Gordon (Karen Gillan), se reencuentran en sus últimos días. Se unen a otros que se preguntan por las vallas publicitarias, los anuncios y, más tarde, las proyecciones sobrenaturales que agradecen a Chuck (Tom Hiddleston) por "39 años maravillosos". ¿Es el "último meme" o el "Oz del Apocalipsis"? ¿Quién es este hombre que nadie parece conocer, pero que se siente omnipresente? ¿Y qué tiene que ver con el apocalipsis?.

En el segundo segmento, finalmente conocemos a Chuck, quien aún desconoce que solo le quedan nueve meses de vida. Hiddleston encarna al delgado contable que, durante una conferencia, se topa con Taylor (Taylor Gordon), una joven que abandonó Juilliard y toca en la calle. Su percusión callejera incita a Chuck a improvisar un baile antes de convencer a una espectadora, la recién abandonada Janice Halliday (Annalise Basso), para que se una a él. Si bien esta escena ocurre en el cuento, la música y la danza cobran vida en el cine, evidentemente, mucho más que en la literatura. La música debe escucharse y sentirse para ser comprendida, no leída; la danza debe verse, y la literatura lo niega. El cine, como lo demuestra el amor infantil de Chuck por los musicales cinematográficos como "Cover Girl" (1944), enriquece la canción y la danza al capturarlas en armonía, que aquí cobran vida gracias a la coreografía de Mandy Moore y la percusión de Gordon. Así pues, la escena en la que Chuck y Janice bailan, resulta de una alegría indescriptible, como ver por primera vez a Gene Kelly y Cyd Charisse bailar.

El capítulo final es el “Acto Uno”, centrado en el adolescente Chuck (Benjamin Pajak). Tras perder a sus padres en un accidente, vive con sus abuelos: Albie (legendario Mark Hamill), un contable que quiere que Chuck siga sus pasos, y Bubbie (Mia Sara), una mujer vivaz que le transmite a Chuck su amor por el baile y los musicales clásicos. Este último —o primer— capítulo es más complejo, anticipando un baile escolar donde Chuck y una chica de su clase de planean mostrar sus pasos. Pero también está el misterio de por qué Albie le prohíbe a Chuck explorar la cúpula de su casa. ¿Está realmente podrido el suelo de madera allí arriba, como afirma Albie, o hay algo más? “Está lleno de fantasmas”, admite Albie una noche, borracho. Sin embargo, eso no lo explica del todo. Quizás el encuentro más significativo de esta época sea el breve intercambio de Chuck con su maestra (Kate Siegel), a quien le pregunta sobre el poema de Whitman y el significado de la idea central de la película: «Contengo multitudes». Cómo Flanagan entrelaza ese concepto a lo largo de los tres actos de la película y la vida de Chuck, bueno, eso se lo dejo a ustedes para que lo descubran. Sin embargo, incluso en los mejores momentos del joven Chuck, me temo que alguna  lagrimilla aparecerá al pensar en cómo este niño también moriría y su universo llegaría a su fin. 

¿Y la revelación que la película venía anunciando discretamente? Ese apocalipsis aterrador con el que empezamos ocurre dentro de la mente de Chuck mientras muere de un tumor cerebral a los 39 años. Un universo entero, construido a partir de sus recuerdos, rutinas y las personas que lo amaron, se disuelve a medida que él se desvanece. ¿Esos anuncios de "Gracias, Chuck"? Un aplauso interno, una vida que se despide. La tecnología discordante y los detalles atemporales que salpican el primer acto cobran sentido de repente. Los rostros del fondo que se repiten a lo largo de las décadas se sienten menos como guiños y más como prueba de que nuestros mundos están hechos unos de otros. Por eso, pensándolo bien, la secuencia del baile callejero del Chuck adulto te deja sin aliento. No está fuera de lugar, es el lugar. Y me dejó spoilers del final, no teman.

MUY POCO CONVENCIONAL

Por muy poco convencional que sea la estructura de la película, se sostiene en parte gracias al impresionante reparto de Flanagan. Hiddleston brilla en el segundo acto, apareciendo en carteles y en flash-forwards a lo largo de la película. Pero su papel es limitado, aunque su impacto sea incalculable. Esto se aplica a muchas interpretaciones en la película. Flanagan tiene la habilidad de dotar a sus actores de diálogos conmovedores o escenas intensas que convierten papeles secundarios en protagonistas. Consideremos cómo la presencia reconfortante y la expresión empática de Ejiofor dan solidez a las primeras escenas, a pesar de su escaso tiempo en pantalla. Flanagan y sus actores generan una conexión intangible y una humanidad que desafía su presencia finita y se irradia hacia afuera, una extraña "intimidad sobrenatural".

Como era de esperar, los momentos más impactantes de "La vida de Chuck" se encuentran en el primer segmento, cuando Chuck comienza a morir, resaltando los aspectos sobrenaturales y misteriosos de su historia. El misterio se intensifica a medida que intentamos comprender la trama poco a poco, lo que le brinda a Chiwetel Ejiofor la oportunidad de ofrecer una excelente interpretación como un hombre común atrapado en un mundo que se desmorona a su alrededor (no es exactamente Chuck, pero está relacionado; suena complicado, pero todo queda claro cuando ves la película). Mantiene un buen equilibrio emocional —una ligera mezcla de confusión, esperanza, miedo y una lágrima asomando en el rabillo del ojo— mientras intenta, durante 20 minutos de calma, comprender algunas GRANDES PREGUNTAS EXISTENCIALES mientras la vida se escapa de su universo.

Sin ahondar demasiado, el film comienza como una versión intrigantemente retorcida de "El show de Truman" con toques de "Origen", fíjense qué curiosa analogía, pero termina, decepcionantemente, con una resolución simplona, ​​un poco empalagosa, lo que la desvirtúa en parte. Recuerden: "que gusta al público" no significa necesariamente "que invita a la reflexión": es dulce, peculiar pero inofensiva, y tampoco profundiza demasiado (ya saben, al final uno puede explicarla también con esas manidas frases de "El verdadero tesoro fueron los amigos que conociste en el camino…").

LO FALLIDO

Hoy en día, sin duda, necesitamos más arte que afirme la vida. No hay nada de malo en ser sincero o celebrar las emocionantes "multitudes" contenidas en cada vida humana "ordinaria", que diría él gran Walt Whitman (hay, lo juro, algunas escenas que fácilmente podrían ser tomas descartadas de "El club de los poetas muertos"). Pero después del primer acto, Flanagan pierde parte de su chispa y lo "dulce" se vuelve sentimental, empalagoso, incluso cursi. La pieza central es un número de baile espontáneo al aire libre que se asemeja a una conmovedora actuación de flash mob con la que podrías toparte mientras navegas por Facebook. La tercera secuencia de "infancia" nos muestra los primeros años de Chuck, con los abuelos y un drama trillado de "¿lo hará o no lo hará?",  centrado en el joven Chuck (fabuloso Benjamin Pajak) en el baile de la escuela secundaria. A lo largo de este contenido repetitivo, la voz monótona de  Offerman insiste con vehemencia en que entendamos exactamente lo que se supone que debemos entender de estos episodios. El temor es que decidamos pensar por nosotros mismos, cosa de la que la película se espanta. Por supuesto que es entendible.

Dado el presupuesto, el material original, el reparto sólido, una fotografía hermosa y la habilidad de Flanagan como director, el resultado final es una oportunidad frustrantemente perdida. No es un fracaso, sólo no alcanza las cotas a las que aspira y nos deja sólo vislumbrarlas. Es importante destacar que el objetivo principal -hacer una película épica sobre un hombre común- no es el problema. De hecho, uno de los aspectos más "argumentales" aquí —la habitación secreta y prohibida en el ático de la casa victoriana embrujada de los abuelos de Chuck— es en realidad la parte que menos enlaza con las demás. Es espeluznante y sobrenatural, pero el tropo del terror es tan cliché que resulta aburrido. Peor aún, este elemento aterrador es inconsistente con el resto de la historia, forzado y añadido a la fuerza, no integrado: que Chuck crezca en una mansión embrujada parece estar muy lejos de la vida "ordinaria" que se supone que estamos experimentando.

Lo que falta, quizá, no es trama ni claridad, sino sutileza artística. Un enfoque más valiente (que ya lo es, ojo, de ahí las 4 estrellazas) creería en su propia premisa igualitaria y soltaría las riendas de la narrativa (y se libraría de esa recurrente voz en off), confiando en que incluso los espectadores comunes y corrientes, sin formación alguna, puedan ver y apreciar el significado de la vida de Chuck sin todas las señales y focos "útiles".

LO (MUY) BUENO

Pero es injusto acabar así, sin un "acto cuarto" con todo lo bueno: el film consigue también respuestas sencillas a esas preguntas tan filosóficas que abordaba antes: inspirándose en Whitman, existe una manera más intuitiva de alcanzar el significado de la peli: la sensación de que cada individuo es complejo, insondable y un prisma que refleja a toda la humanidad. Con pasión y elocuencia, Flanagan ha creado una película, también para el gran público, profunda e introspectiva que transmite una filosofía sobre quiénes somos y cómo estamos todos interconectados.

Además, trasciende las convenciones del género de la obra de King para apreciar su humanidad. Y a pesar de su autor centrado en el terror, la historia no da miedo; es un poema cinematográfico sobre el amor propio y la importancia de conectar con los demás.  

El enfoque de Flanagan fusiona cine y literatura, ya que encuentra la manera de resaltar los aspectos más cinematográficos de la obra de King, al tiempo que incorpora elementos literarios a su realización cinematográfica. Tomemos como ejemplo la voz familiar y acogedora de Offerman como narrador de "La vida de Chuck". La mayoría de los críticos y teóricos de cine prefieren el método narrativo de "mostrar, no contar", dado que la naturaleza visual del cine lo exige con mayor rigor que la literatura, que permite una mayor libertad para los pensamientos internos y la exposición. La narración y los monólogos internos cuentan, y muchos los consideran poco cinematográficos. Sin embargo, Flanagan se opone a este ideal. El narrador de Offerman recita la prosa de la historia de King, añadiendo comentarios sobre lo que los personajes piensan o comprenderán más adelante en la vida. Su voz explica algunos momentos y subraya otros. Incluso intercala ocasionalmente un "dijo" entre las líneas de diálogo en pantalla, como si la película fuera la visualización de un audiolibro. Todo lo que he leído, lo decía antes, sobre crítica cinematográfica sugiere que esta técnica no debería funcionar. Pero la lúcida pasión de Flanagan por la voz de King y la dirección segura de sus actores dan como resultado un híbrido fascinante de pantalla y texto: menos una película convencional que una fábula fílmica compartida por un narrador omnisciente. 

Quienes estén familiarizados con las películas o miniseries de Flanagan en Netflix ("La maldición de Hill House", "Misa de medianoche"...) reconocerán su predilección por los discursos conmovedores y las tomas largas y pausadas que realzan a sus actores. Es un cineasta sentimental, incluso melodramático, pero no uso esos términos de forma peyorativa. En el aspecto técnico, Flanagan se desempeña como editor, y su montaje es imperceptible, al igual que la fotografía de Eben Bolter, quien no recurre a movimientos llamativos o ostentosos para transmitir un estilo excesivo. Los recursos formales de Flanagan se mantienen discretos, empleados para enfatizar la historia y los personajes en primer lugar. Aun así, diseña detalles inolvidables, como el inquietante sonido de las estrellas desapareciendo del cielo o el escalofriante estribillo de todos los monitores cardíacos en un hospital abandonado emitiendo pitidos al mismo ritmo de 75 pulsaciones por minuto. Su sello de autor se caracteriza menos por florituras estéticas que por su claridad emocional y narrativa. Por ejemplo, Flanagan añade un detalle que replantea por completo el primer acto, que transcurre en los últimos segundos de la vida de una persona. Lo relaciona con el calendario cósmico de Carl Sagan: una visualización de cómo, si el Big Bang hubiera ocurrido en los primeros segundos del 1 de enero, la civilización humana solo habría existido durante los últimos 10 segundos del 31 de diciembre. Pero eso no le resta importancia a la vida humana. Toma ya, Sheldon Cooper.

La adaptación de Flanagan complementa, enriquece y da profundidad al relato corto de King, como si el cineasta hubiera percibido el potencial de las ideas trascendentales del autor y supiera cómo desarrollarlas y plasmarlas en el cine. Es una experiencia emocionalmente intensa, llena de humanidad, alegría y tristeza, y anclada en una comprensión poética de la vida. ¿Cuántas películas nos ofrecen una filosofía de vida? ¿Cuántas transmiten alguna sensación sobre nuestro lugar en el universo? Esta es una que reflexiona sobre cómo la existencia podría explicarse mediante las matemáticas estelares, la poesía y la danza, o algo completamente trascendental. "La vida de Chuck" nos recuerda que debemos abrazar y saborear cada momento, porque uno de ellos, tarde o temprano, será el último. Todos morimos —lo sabemos, por supuesto—, pero no solemos vivir como si lo hiciéramos. Deberíamos vivir como si cada persona que conocemos fuera una nueva oportunidad para expandir nuestro universo. El mundo sufre actualmente una vil forma de intolerancia; la gente se ha aislado y ha dejado de practicar la empatía. El film, y no como la impostada "Amelie", es un bálsamo para la desesperación. ¿No debe ser eso suficiente para verla, aunque tenga muchísimo más potencial?.

CONCLUSIÓN

También creo que es imposible convencer a la gente de que odiará o amará ésta valiente película. De hecho, si te gusta en los primeros 10 minutos, probablemente te gustará durante los últimos 100. Si al principio te encuentras poniendo los ojos en blanco, empieza a moderar tus expectativas. Francamente, películas como "La vida de Chuck" ya no se hacen. No quiero decir que "ya no se hagan como antes", pero las películas modernas tienen un nivel de cinismo del que esta carece por completo. Ésta película tiene  un idealismo y una sentimentalidad al estilo de "Forrest Gump" (vean uno de los dos carteles que adjunto), más propios de las películas de los 80 y 90. De ahí surge la polarización. O bien ésta sensación será un éxito rotundo, o bien fracasará estrepitosamente para ustedes.

La película aborda muchos temas profundos, pero nunca se centra en uno en particular. Es una historia envuelta en misterio e interconexión que se "estanca" en un mensaje general. Todo gira, pues, en torno a las emociones. Así pues, todo depende del ánimo con que la vea, la inocencia y la esperanza frente al cinismo y escepticismo. No hay nada como el fin del mundo para provocar una profunda reflexión. Si nuestro mundo estuviera muriendo de verdad, probablemente pensaría en lo que mi vida ha significado para mí y para todas las personas que he conocido en el camino. Llámalo introspección o crisis existencial, si prefieres, pero de eso trata "La vida de Chuck": de reflexionar sobre el sentido de nuestras vidas justo antes de que todo se apague definitivamente.

¿Es sentimental? Sin duda. Pero el sentimentalismo no es un pecado cuando es honesto y se centra en pequeños momentos. La podéis ver en PRIME VIDEO.

TRÁILER: https://youtu.be/taObsHZZmos?is=MAOldJPB_6hm5EA2

UN RECUERDO: Un instante del video que nos dejó a los espectadores de Sitges Tom Hiddleston presentando su film.



Comentaris

  1. A mi la película me encantó. Imagino que me cogió en el momento ideal ya que la encontré emocionalmente intensa, profunda y dotada de una sensibilidad muy especial y una capacidad increíble para conmoverte. El año pasado defendí la película con uñas y dientes ya que creo que el fantástico también se sustenta en propuesta como estás. Y, por cierto, Mark Hamil está soberbio.
    Dicho esto, lo triste del caso es que esta película ya nació con un sector de la crítica especializada en contra. Afortunadamente es muy minoritaria, pero uno se empieza ya a cansar a aquellos que cualquier producto que venga de alguien que trabaje para las plataformas es malo por naturaleza. Y eso le pasa a Flanagan, uno de los creadores de cine fantástico más interesantes de la actualidad, al que no le perdonan su colaboración con Netflix.
    Una película muy interesante y una crítica muy acertada.

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    1. Hola, querido Mr. Moloko! Sí, estoy de acuerdo. También influye mucho el estado de ánimo con el que la afrontas y el rasgo de cinismo que acumulas. Es una película fantástica, por supuesto, y llena de poesía íntima y comprensible por todos. Quizá con una estructura que exige atención, pero que ya estaba presente en la novela corta de King, y aporta sus adecuados toques de misterio y ganas de conocer los porqués: el poema de Walt ya te da las solución.
      Sí considero, con éstos nombres, el film se queda corto en su apuesta entre el gran público y un nicho muy concreto.
      Y Flanagan es un director competitisimo, una apuesta segura.
      Y eso que, sin tener plataformas, mi primo me enseñó cómo Netflix y sus algoritmos determinan recomendaciones y filmes enteros, además de lo que vas leyendo para su corroboración. Tú, seguidor del Festival, habrás oído cómo el logo de Netflix es el único abucheado, y creo con razón. Es el "mal". Lo entiendo.
      Pero de ahí a condenar a cualquier autor que colabore con ella, hay un largo trecho, Scorsese mediante. También se puede utilizar una plataforma genéricamente "malvada" para conseguir tus fines. Lo que pasa es que en los grandes estudios, Goldywn, Mayer...eran dictadores pero nadie les puede avisar de que no amaran el cine y la magia.
      Detrás de Netflix, ¿Quien manda?. No lo sé.
      Sí se que la calidad, generalizando, de HBO no se puede comparar a la calidad media de una serie de Netflix.
      Y gracias por comentar!

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  2. Yo la vi también. Apuesta mas por la emoción y reflexión que por la accion. Creo q intenta decirnos q lo q importa d la vida no son los grandes logros, sino los momentos cotidianos, o las relaciones o esas pequeñas decisiones q tomamos. Y cada vida, es un universo d experiencias, sensaciones y recuerdos. Y por supuesto, el valorar el present y todos los instantes q dan sentido y nos invitan a reflexionar sobre nuestra existencia y el paso dl tiempo ( como Toy Stoy).

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    1. Querido Koto, si utilizas la trilogía original de Toy Story ya me debilitas.
      O sea que te doy la razón, una vida, un mundo, un universo que contiene multitudes. No es una idea sumamente original, en cuántos cómics hemos leído adaptaciones semejantes, pero su estructura formal y diluir el papel protagonista de Chuck es lo que le confiere su personalidad, y juega con las emociones, inocencia y buenas intenciones. No es, en teoría, para escépticos como yo, pero idealistas en el (muy lejano) fondo.
      No sé cómo llegarías a verla ni qué te llamó la atención, pero me alegro.
      Un abrazo!

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