UN SOPLO DE AIRE FRESCO: UN RECORDATORIO DE QUE LA VIDA NO ES ALGO QUE SÓLO
NOS SUCEDE, SINO ALGO QUE ELEGIMOS ACTIVAMENTE.
(Sitges'25, Sección Oficial Fantástica: El fin del mundo nunca se había
visto tan común. Empieza como una sirena apocalíptica y termina como un
latido).
"LA VIDA DE CHUCK" (de Mike Flanagan, EEUU, 2024) ⭐
⭐⭐
⭐
Galardonada con el Premio de la Crítica José Luis Guarner a la Mejor
Película de la Sección Oficial del último Festival de Sitges, "La vida
de Chuck" es una película de drama y ciencia
ficción estadounidense de 2024 escrita y dirigida por Mike Flanagan.
Está basada en la novela corta del mismo nombre de Stephen King,
que se publicó en su libro recopilatorio de 2020 "Si sangra",
autor al que no es ajeno su competente director, al que ya adaptó en dos
ocasiones: "El juego de Gerald" y, la más conocida,
"Doctor sueño".
Publicada originalmente como tres capítulos interconectados, la historia sigue al protagonista, Chuck, a través de tres fases de vida y muerte —o, técnicamente, muerte y vida—. Las historias se presentan en una «línea temporal invertida», comenzando por el final y retrocediendo. Siguiendo este formato, el guionista y director Mike Flanagan crea una estructura con una narrativa reflexiva y no lineal que traza un recorrido cronológico hacia adelante, buscando las experiencias formativas de Chuck.
GUSTARÁ O NO
En teoría, el film, no debería ser la película que genera opiniones
encontradas que resultará ser. Si bien es a partes iguales fantástica y
profundamente sentimental, tu opinión sobre la película podría depender
completamente del momento vital en el que te encuentres. Ahora bien, ésto no
significa que los espectadores que adoran esta película sean personas cálidas y
de buen corazón, mientras que quienes la critican sean cínicos. No, no es tan
simple como "Amelie". Y es que en algunas ocasiones, una
película puede ser para el gran público y también de nicho, dirigida a un
público muy específico: "La vida de Chuck" logra ambas
cosas a la perfección.
Más sentimentalismo que sustancia, eso sí. Su estructura y las relaciones
entre los personajes son muy ingeniosas. Y la historia intenta abarcar mucho
para intentar ser una valiosa obra de narración existencial. La película
nos lleva a través de la vida de Chuck en diferentes momentos, narrando la
historia de forma no lineal, comenzando con él en la mediana edad y
retrocediendo hasta su infancia. Cuatro actores interpretan a Charles a lo
largo de su vida, siendo Tom Hiddleston el más conocido. Un aspecto inusual de
la película es su enfoque en la danza. Chuck se enamoró de la danza desde muy
joven y esa pasión lo acompañó siempre. De ahí la secuencia que acompañará a la
peli para siempre.
La película tiene una premisa de ciencia ficción, pero en realidad es una
historia sencilla sobre la vida de un hombre. Quizás puedas adivinar el giro
argumental incluso antes de verla, pero hay mucho que disfrutar en la forma en
que se cuenta la historia. Es una película sobre apreciar la vida y disfrutar
de los momentos tiernos con los seres queridos, reconfortante y entretenida.
Después de todo, la película se empeña en recalcar la idea de que nuestro
tiempo no es infinito, que la vida es breve y puede afrontarse con una tristeza
comprensible, pero a la vez con esperanza. A la mitad de la película, el
narrador (Nick Offerman) dice, hablando como el subconsciente de Chuck:
"¿Acaso las respuestas mejorarían algo bueno?". La película explora
la idea de que, conociendo los hechos de la vida (es decir, nacemos y morimos),
cuestionar las cosas buenas que experimentamos, como los recuerdos felices, el
amor, las relaciones, etc., puede ser inútil. Preguntar "por qué"
puede ser más perjudicial que beneficioso.
"La vida de Chuck" está explícitamente inspirada en el
poema de Walt Whitman, "Canto de mí mismo", y en
particular en la frase "Contengo multitudes". En la novela ya
se adopta esta idea, la de que dentro de cada uno de nosotros existen
vastos mundos de pensamientos y experiencias complejas, como una ayuda
reconfortante en nuestra desafiante búsqueda de la aceptación existencial. La
película es brillante porque, en última instancia, es esperanzadora. En la
sombría confrontación con nuestra propia existencia minúscula (representada con
numerosos lenguajes visuales y matemáticos en la película), hay tantos
recuerdos, conexiones y mundos maravillosos por crear...
El problema, sí, con "La vida de Chuck" no es que sea mala, en sí, al contrario, sino que está muy lejos de ser una obra maestra, y eso supone un desperdicio de mucho talento y potencial. Imaginen "El árbol de la vida", con toda su complejidad, convertido en un especial de televisión para adolescentes. Eso pretende y, en éste tiempo de masas aborregadas, me sabe hasta mal decir ésto sin incluirme también, no pretendo ser otro "jodido intelectual que trata de serlo más que los demás" (recuerden, no sólo es de nicho), fracasa en el intento.
SOBRE STEPHEN KING
Stephen King es asombroso. En los últimos 50 años ha escrito 65 novelas y
cientos de relatos cortos, más de 30 000 páginas en total, según un
cálculo . A lo largo de esta producción constante, ofrece una y otra vez
premisas atractivas e innovadoras, personajes con los que el lector puede
identificarse y una escritura sólida, a veces incluso hermosa. Por ello, no
sorprende que tantas de sus historias se hayan adaptado al cine: 55
películas hasta la fecha, más que cualquier otro escritor vivo (aunque aún le queda
mucho camino por recorrer para igualar las 410 adaptaciones de
Shakespeare …).
Algunas de las mejores adaptaciones de King, como "Cuenta
conmigo" o "Cadena perpetua" , surgen
de material más breve —relatos o novelas cortas— que brindan más margen para
que el cine haga lo que mejor sabe hacer: narrar visualmente. A veces, el ritmo
es pausado, sin la prisa por avanzar rápidamente y completar cada punto de la
trama. Una fidelidad excesiva a un tomo extenso puede resultar agotadora,
mientras que una fidelidad insuficiente hace que la historia sea superficial o
incomprensible (y enfurece a los fans más acérrimos). En cambio, un relato
corto ofrece lo esencial: uno o dos personajes, un arco argumental sencillo
para reflexionar, una atmósfera que sirva de punto de referencia, algunas
escenas clave; un director perspicaz y unos buenos actores pueden hacer el
resto. Desde esta perspectiva, la última adaptación hollywoodense de la obra de
King, "La vida de Chuck", prometía ser la
propuesta ideal.
Al igual que "Boyhood" o ése "El árbol de la vida", la película pretende ser una epopeya ambiciosa pero íntima, que explora los momentos fugaces que dan sentido a una vida frente a la inevitabilidad de la muerte y la inmensidad del cosmos. (El lema es: «La extraordinaria historia de un hombre común»). Todos los elementos están presentes: un reparto talentoso, algunos momentos clave, un mensaje conmovedor y esperanzador. Pero, como ya he dicho, lamentablemente, el proyecto fracasa. Pero en su aparente grandiosidad intelectual, quedan muchos retazos de cine especialmente sinceros y nada sentimentaloide, por lo que es un "fracaso logístico" pero un "éxito a medias".
LA HISTORIA ¿ENREVESADA?
Siguiendo la estructura no cronológica del relato corto en tres actos,
Flanagan comienza con el "Acto Tres" y retrocede en el tiempo para
explorar aspectos de la vida de Chuck Krantz. ¿Quién es Chuck Krantz? Ésa es la
pregunta que ronda la mente de todos en el primer segmento, ambientado en un
mundo al borde del colapso. Incendios forestales, volcanes, maremotos,
inundaciones y socavones devoran el planeta. Los noticieros muestran lo peor,
pero pronto se interrumpen los servicios de internet, televisión y telefonía
móvil. Ante el fin del mundo, la gente responde con absentismo laboral y
suicidios desenfrenados. En medio del caos, el profesor Marty Anderson
(Chiwetel Ejiofor), que estuvo casado, y su exesposa, la enfermera Felicia
Gordon (Karen Gillan), se reencuentran en sus últimos días. Se unen a otros que
se preguntan por las vallas publicitarias, los anuncios y, más tarde, las
proyecciones sobrenaturales que agradecen a Chuck (Tom Hiddleston) por "39
años maravillosos". ¿Es el "último meme" o el "Oz del Apocalipsis"?
¿Quién es este hombre que nadie parece conocer, pero que se siente
omnipresente? ¿Y qué tiene que ver con el apocalipsis?.
En el segundo segmento, finalmente conocemos a Chuck, quien aún desconoce
que solo le quedan nueve meses de vida. Hiddleston encarna al delgado contable
que, durante una conferencia, se topa con Taylor (Taylor Gordon), una joven que
abandonó Juilliard y toca en la calle. Su percusión callejera incita a Chuck a
improvisar un baile antes de convencer a una espectadora, la recién abandonada
Janice Halliday (Annalise Basso), para que se una a él. Si bien esta escena
ocurre en el cuento, la música y la danza cobran vida en el cine,
evidentemente, mucho más que en la literatura. La música debe escucharse y
sentirse para ser comprendida, no leída; la danza debe verse, y la literatura
lo niega. El cine, como lo demuestra el amor infantil de Chuck por los
musicales cinematográficos como "Cover Girl" (1944),
enriquece la canción y la danza al capturarlas en armonía, que aquí cobran vida
gracias a la coreografía de Mandy Moore y la percusión de Gordon. Así pues, la
escena en la que Chuck y Janice bailan, resulta de una alegría indescriptible,
como ver por primera vez a Gene Kelly y Cyd Charisse bailar.
El capítulo final es el “Acto Uno”, centrado en el adolescente Chuck
(Benjamin Pajak). Tras perder a sus padres en un accidente, vive con sus
abuelos: Albie (legendario Mark Hamill), un contable que quiere que Chuck siga
sus pasos, y Bubbie (Mia Sara), una mujer vivaz que le transmite a Chuck su
amor por el baile y los musicales clásicos. Este último —o primer— capítulo es
más complejo, anticipando un baile escolar donde Chuck y una chica de su clase
de planean mostrar sus pasos. Pero también está el misterio de por qué Albie le
prohíbe a Chuck explorar la cúpula de su casa. ¿Está realmente podrido el suelo
de madera allí arriba, como afirma Albie, o hay algo más? “Está lleno de
fantasmas”, admite Albie una noche, borracho. Sin embargo, eso no lo explica del
todo. Quizás el encuentro más significativo de esta época sea el breve
intercambio de Chuck con su maestra (Kate Siegel), a quien le pregunta sobre el
poema de Whitman y el significado de la idea central de la película: «Contengo
multitudes». Cómo Flanagan entrelaza ese concepto a lo largo de los tres actos
de la película y la vida de Chuck, bueno, eso se lo dejo a ustedes para que lo
descubran. Sin embargo, incluso en los mejores momentos del joven Chuck, me
temo que alguna lagrimilla aparecerá al pensar en cómo este niño también
moriría y su universo llegaría a su fin.
¿Y la revelación que la película venía anunciando discretamente? Ese apocalipsis aterrador con el que empezamos ocurre dentro de la mente de Chuck mientras muere de un tumor cerebral a los 39 años. Un universo entero, construido a partir de sus recuerdos, rutinas y las personas que lo amaron, se disuelve a medida que él se desvanece. ¿Esos anuncios de "Gracias, Chuck"? Un aplauso interno, una vida que se despide. La tecnología discordante y los detalles atemporales que salpican el primer acto cobran sentido de repente. Los rostros del fondo que se repiten a lo largo de las décadas se sienten menos como guiños y más como prueba de que nuestros mundos están hechos unos de otros. Por eso, pensándolo bien, la secuencia del baile callejero del Chuck adulto te deja sin aliento. No está fuera de lugar, es el lugar. Y me dejó spoilers del final, no teman.
MUY POCO CONVENCIONAL
Por muy poco convencional que sea la estructura de la película, se sostiene
en parte gracias al impresionante reparto de Flanagan. Hiddleston brilla en el
segundo acto, apareciendo en carteles y en flash-forwards a lo largo de la
película. Pero su papel es limitado, aunque su impacto sea incalculable. Esto
se aplica a muchas interpretaciones en la película. Flanagan tiene la habilidad
de dotar a sus actores de diálogos conmovedores o escenas intensas que
convierten papeles secundarios en protagonistas. Consideremos cómo la presencia
reconfortante y la expresión empática de Ejiofor dan solidez a las primeras
escenas, a pesar de su escaso tiempo en pantalla. Flanagan y sus actores
generan una conexión intangible y una humanidad que desafía su presencia finita
y se irradia hacia afuera, una extraña "intimidad sobrenatural".
Como era de esperar, los momentos más impactantes de "La vida
de Chuck" se encuentran en el primer segmento, cuando Chuck
comienza a morir, resaltando los aspectos sobrenaturales y misteriosos de su
historia. El misterio se intensifica a medida que intentamos comprender la
trama poco a poco, lo que le brinda a Chiwetel Ejiofor la oportunidad de
ofrecer una excelente interpretación como un hombre común atrapado en un mundo
que se desmorona a su alrededor (no es exactamente Chuck, pero está
relacionado; suena complicado, pero todo queda claro cuando ves la película).
Mantiene un buen equilibrio emocional —una ligera mezcla de confusión,
esperanza, miedo y una lágrima asomando en el rabillo del ojo— mientras
intenta, durante 20 minutos de calma, comprender algunas GRANDES PREGUNTAS
EXISTENCIALES mientras la vida se escapa de su universo.
Sin ahondar demasiado, el film comienza como una versión intrigantemente retorcida de "El show de Truman" con toques de "Origen", fíjense qué curiosa analogía, pero termina, decepcionantemente, con una resolución simplona, un poco empalagosa, lo que la desvirtúa en parte. Recuerden: "que gusta al público" no significa necesariamente "que invita a la reflexión": es dulce, peculiar pero inofensiva, y tampoco profundiza demasiado (ya saben, al final uno puede explicarla también con esas manidas frases de "El verdadero tesoro fueron los amigos que conociste en el camino…").
LO FALLIDO
Hoy en día, sin duda, necesitamos más arte que afirme la vida. No hay nada
de malo en ser sincero o celebrar las emocionantes "multitudes"
contenidas en cada vida humana "ordinaria", que diría él gran Walt
Whitman (hay, lo juro, algunas escenas que fácilmente podrían ser tomas
descartadas de "El club de los poetas muertos").
Pero después del primer acto, Flanagan pierde parte de su chispa y lo
"dulce" se vuelve sentimental, empalagoso, incluso cursi. La pieza
central es un número de baile espontáneo al aire libre que se asemeja a una
conmovedora actuación de flash mob con la que podrías toparte mientras navegas
por Facebook. La tercera secuencia de "infancia" nos muestra los
primeros años de Chuck, con los abuelos y un drama trillado de "¿lo
hará o no lo hará?", centrado en el joven Chuck (fabuloso Benjamin
Pajak) en el baile de la escuela secundaria. A lo largo de este contenido
repetitivo, la voz monótona de Offerman insiste con vehemencia en que
entendamos exactamente lo que se supone que debemos entender de estos
episodios. El temor es que decidamos pensar por nosotros mismos, cosa de la que
la película se espanta. Por supuesto que es entendible.
Dado el presupuesto, el material original, el reparto sólido, una fotografía
hermosa y la habilidad de Flanagan como director, el resultado final es una
oportunidad frustrantemente perdida. No es un fracaso, sólo no alcanza las
cotas a las que aspira y nos deja sólo vislumbrarlas. Es importante destacar
que el objetivo principal -hacer una película épica sobre un hombre común- no
es el problema. De hecho, uno de los aspectos más "argumentales" aquí
—la habitación secreta y prohibida en el ático de la casa victoriana embrujada
de los abuelos de Chuck— es en realidad la parte que menos enlaza con las
demás. Es espeluznante y sobrenatural, pero el tropo del terror es tan cliché
que resulta aburrido. Peor aún, este elemento aterrador es inconsistente con el
resto de la historia, forzado y añadido a la fuerza, no integrado: que Chuck
crezca en una mansión embrujada parece estar muy lejos de la vida
"ordinaria" que se supone que estamos experimentando.
Lo que falta, quizá, no es trama ni claridad, sino sutileza artística. Un enfoque más valiente (que ya lo es, ojo, de ahí las 4 estrellazas) creería en su propia premisa igualitaria y soltaría las riendas de la narrativa (y se libraría de esa recurrente voz en off), confiando en que incluso los espectadores comunes y corrientes, sin formación alguna, puedan ver y apreciar el significado de la vida de Chuck sin todas las señales y focos "útiles".
LO (MUY) BUENO
Pero es injusto acabar así, sin un "acto cuarto" con todo lo
bueno: el film consigue también respuestas sencillas a esas preguntas tan
filosóficas que abordaba antes: inspirándose en Whitman, existe una manera más
intuitiva de alcanzar el significado de la peli: la sensación de que cada
individuo es complejo, insondable y un prisma que refleja a toda la humanidad.
Con pasión y elocuencia, Flanagan ha creado una película, también para el gran
público, profunda e introspectiva que transmite una filosofía sobre quiénes
somos y cómo estamos todos interconectados.
Además, trasciende las convenciones del género de la obra de King para
apreciar su humanidad. Y a pesar de su autor centrado en el terror, la
historia no da miedo; es un poema cinematográfico sobre el amor propio y la
importancia de conectar con los demás.
El enfoque de Flanagan fusiona cine y literatura, ya que encuentra la manera
de resaltar los aspectos más cinematográficos de la obra de King, al tiempo que
incorpora elementos literarios a su realización cinematográfica. Tomemos como
ejemplo la voz familiar y acogedora de Offerman como narrador de "La
vida de Chuck". La mayoría de los críticos y teóricos de cine
prefieren el método narrativo de "mostrar, no contar", dado que la
naturaleza visual del cine lo exige con mayor rigor que la literatura, que permite
una mayor libertad para los pensamientos internos y la exposición. La narración
y los monólogos internos cuentan, y muchos los consideran poco
cinematográficos. Sin embargo, Flanagan se opone a este ideal. El narrador de
Offerman recita la prosa de la historia de King, añadiendo comentarios sobre lo
que los personajes piensan o comprenderán más adelante en la vida. Su voz
explica algunos momentos y subraya otros. Incluso intercala ocasionalmente un
"dijo" entre las líneas de diálogo en pantalla, como si la película
fuera la visualización de un audiolibro. Todo lo que he leído, lo decía antes,
sobre crítica cinematográfica sugiere que esta técnica no debería funcionar.
Pero la lúcida pasión de Flanagan por la voz de King y la dirección segura de
sus actores dan como resultado un híbrido fascinante de pantalla y texto: menos
una película convencional que una fábula fílmica compartida por un narrador
omnisciente.
Quienes estén familiarizados con las películas o miniseries de Flanagan en
Netflix ("La maldición de Hill House", "Misa
de medianoche"...) reconocerán su predilección por los discursos
conmovedores y las tomas largas y pausadas que realzan a sus actores. Es un
cineasta sentimental, incluso melodramático, pero no uso esos términos de forma
peyorativa. En el aspecto técnico, Flanagan se desempeña como editor, y su
montaje es imperceptible, al igual que la fotografía de Eben Bolter, quien no
recurre a movimientos llamativos o ostentosos para transmitir un estilo
excesivo. Los recursos formales de Flanagan se mantienen discretos, empleados
para enfatizar la historia y los personajes en primer lugar. Aun así, diseña
detalles inolvidables, como el inquietante sonido de las estrellas
desapareciendo del cielo o el escalofriante estribillo de todos los monitores
cardíacos en un hospital abandonado emitiendo pitidos al mismo ritmo de 75
pulsaciones por minuto. Su sello de autor se caracteriza menos por florituras estéticas
que por su claridad emocional y narrativa. Por ejemplo, Flanagan añade un
detalle que replantea por completo el primer acto, que transcurre en los
últimos segundos de la vida de una persona. Lo relaciona con el calendario
cósmico de Carl Sagan: una visualización de cómo, si el Big Bang hubiera
ocurrido en los primeros segundos del 1 de enero, la civilización humana solo
habría existido durante los últimos 10 segundos del 31 de diciembre. Pero eso
no le resta importancia a la vida humana. Toma ya, Sheldon Cooper.
La adaptación de Flanagan complementa, enriquece y da profundidad al relato corto de King, como si el cineasta hubiera percibido el potencial de las ideas trascendentales del autor y supiera cómo desarrollarlas y plasmarlas en el cine. Es una experiencia emocionalmente intensa, llena de humanidad, alegría y tristeza, y anclada en una comprensión poética de la vida. ¿Cuántas películas nos ofrecen una filosofía de vida? ¿Cuántas transmiten alguna sensación sobre nuestro lugar en el universo? Esta es una que reflexiona sobre cómo la existencia podría explicarse mediante las matemáticas estelares, la poesía y la danza, o algo completamente trascendental. "La vida de Chuck" nos recuerda que debemos abrazar y saborear cada momento, porque uno de ellos, tarde o temprano, será el último. Todos morimos —lo sabemos, por supuesto—, pero no solemos vivir como si lo hiciéramos. Deberíamos vivir como si cada persona que conocemos fuera una nueva oportunidad para expandir nuestro universo. El mundo sufre actualmente una vil forma de intolerancia; la gente se ha aislado y ha dejado de practicar la empatía. El film, y no como la impostada "Amelie", es un bálsamo para la desesperación. ¿No debe ser eso suficiente para verla, aunque tenga muchísimo más potencial?.
CONCLUSIÓN
También creo que es imposible convencer a la gente de que odiará o amará
ésta valiente película. De hecho, si te gusta en los primeros 10 minutos,
probablemente te gustará durante los últimos 100. Si al principio te encuentras
poniendo los ojos en blanco, empieza a moderar tus expectativas. Francamente,
películas como "La vida de Chuck" ya no se hacen. No quiero
decir que "ya no se hagan como antes", pero las películas modernas
tienen un nivel de cinismo del que esta carece por completo. Ésta película
tiene un idealismo y una sentimentalidad al estilo de "Forrest
Gump" (vean uno de los dos carteles que adjunto), más propios de
las películas de los 80 y 90. De ahí surge la polarización. O bien ésta
sensación será un éxito rotundo, o bien fracasará estrepitosamente para
ustedes.
La película aborda muchos temas profundos, pero nunca se centra en uno en
particular. Es una historia envuelta en misterio e interconexión que se
"estanca" en un mensaje general. Todo gira, pues, en torno a las
emociones. Así pues, todo depende del ánimo con que la vea, la inocencia y la
esperanza frente al cinismo y escepticismo. No hay nada como el fin del mundo
para provocar una profunda reflexión. Si nuestro mundo estuviera muriendo de
verdad, probablemente pensaría en lo que mi vida ha significado para mí y para
todas las personas que he conocido en el camino. Llámalo introspección o crisis
existencial, si prefieres, pero de eso trata "La vida de Chuck":
de reflexionar sobre el sentido de nuestras vidas justo antes de que todo se
apague definitivamente.
¿Es sentimental? Sin duda. Pero el sentimentalismo no es un pecado cuando es
honesto y se centra en pequeños momentos. La podéis ver en PRIME VIDEO.
TRÁILER: https://youtu.be/taObsHZZmos?is=MAOldJPB_6hm5EA2
UN RECUERDO: Un instante del video que nos dejó a los espectadores de Sitges Tom Hiddleston presentando su film.









A mi la película me encantó. Imagino que me cogió en el momento ideal ya que la encontré emocionalmente intensa, profunda y dotada de una sensibilidad muy especial y una capacidad increíble para conmoverte. El año pasado defendí la película con uñas y dientes ya que creo que el fantástico también se sustenta en propuesta como estás. Y, por cierto, Mark Hamil está soberbio.
ResponEliminaDicho esto, lo triste del caso es que esta película ya nació con un sector de la crítica especializada en contra. Afortunadamente es muy minoritaria, pero uno se empieza ya a cansar a aquellos que cualquier producto que venga de alguien que trabaje para las plataformas es malo por naturaleza. Y eso le pasa a Flanagan, uno de los creadores de cine fantástico más interesantes de la actualidad, al que no le perdonan su colaboración con Netflix.
Una película muy interesante y una crítica muy acertada.
Hola, querido Mr. Moloko! Sí, estoy de acuerdo. También influye mucho el estado de ánimo con el que la afrontas y el rasgo de cinismo que acumulas. Es una película fantástica, por supuesto, y llena de poesía íntima y comprensible por todos. Quizá con una estructura que exige atención, pero que ya estaba presente en la novela corta de King, y aporta sus adecuados toques de misterio y ganas de conocer los porqués: el poema de Walt ya te da las solución.
EliminaSí considero, con éstos nombres, el film se queda corto en su apuesta entre el gran público y un nicho muy concreto.
Y Flanagan es un director competitisimo, una apuesta segura.
Y eso que, sin tener plataformas, mi primo me enseñó cómo Netflix y sus algoritmos determinan recomendaciones y filmes enteros, además de lo que vas leyendo para su corroboración. Tú, seguidor del Festival, habrás oído cómo el logo de Netflix es el único abucheado, y creo con razón. Es el "mal". Lo entiendo.
Pero de ahí a condenar a cualquier autor que colabore con ella, hay un largo trecho, Scorsese mediante. También se puede utilizar una plataforma genéricamente "malvada" para conseguir tus fines. Lo que pasa es que en los grandes estudios, Goldywn, Mayer...eran dictadores pero nadie les puede avisar de que no amaran el cine y la magia.
Detrás de Netflix, ¿Quien manda?. No lo sé.
Sí se que la calidad, generalizando, de HBO no se puede comparar a la calidad media de una serie de Netflix.
Y gracias por comentar!
Yo la vi también. Apuesta mas por la emoción y reflexión que por la accion. Creo q intenta decirnos q lo q importa d la vida no son los grandes logros, sino los momentos cotidianos, o las relaciones o esas pequeñas decisiones q tomamos. Y cada vida, es un universo d experiencias, sensaciones y recuerdos. Y por supuesto, el valorar el present y todos los instantes q dan sentido y nos invitan a reflexionar sobre nuestra existencia y el paso dl tiempo ( como Toy Stoy).
ResponEliminaQuerido Koto, si utilizas la trilogía original de Toy Story ya me debilitas.
EliminaO sea que te doy la razón, una vida, un mundo, un universo que contiene multitudes. No es una idea sumamente original, en cuántos cómics hemos leído adaptaciones semejantes, pero su estructura formal y diluir el papel protagonista de Chuck es lo que le confiere su personalidad, y juega con las emociones, inocencia y buenas intenciones. No es, en teoría, para escépticos como yo, pero idealistas en el (muy lejano) fondo.
No sé cómo llegarías a verla ni qué te llamó la atención, pero me alegro.
Un abrazo!