LA PELICULA QUE TENDRÍA QUE HABERSE TITULADO "DRÁCULA de BRAM
STOKER, de FRANCIS FORD COPPOLA, de LUC BESSON": LA FANTASÍA ROMÁNTICA
GÓTICA QUE EN REALIDAD NO TIENE CLARO QUÉ PRETENDE SER
(Sitges'25, Cuando un film es terriblemente... malo)
"DRÁCULA, UNA HISTORIA DE AMOR" (perpetrada por Luc
Besson, Francia, 2025) ⭐
Ubicada dentro de la sección "Sitges Collection", el antaño
influyente director francés Luc Besson era conocido por films tan rotundos
visualmente como "Kamikaze 1999", ganadora, ay, de Sitges en
1983 (y también premio al mejor director), "Nikita"
(1990), "El profesional (Léon)" (1994) o "El
quinto elemento" (1997) presentó en el último Festival de Sitges
su ¿particular? visión del inmortal Conde vampiro. También era envidiado por un
servidor al estar casado dos años con Milla Jokovich.
Uno no es especialmente purista y aplaude nuevas visiones de los clásicos,
que son clásicos porque siempre están abiertos a nuevas reinterpretaciones para
otras generaciones (ver la reciente "Frankenstein" no seguida
por "de Mary Shelley", sino por "de Guillermo del Toro").
Por eso en su día tuve reticencias con el pomposo título de "Drácula de
Bram Stoker" con el que Coppola, en su último gran éxito comercial,
bautizó a su visión del Vampiro (en mayúsculas) como si fuera, y así se
publicitó, la versión más fiel a la novela, cuando era cruelmente la más
infiel. Convirtió al mal personificado que siempre fue Drácula (la seducción
vil) en un atormentado héroe romántico, traicionado por ¡Dios!, que cruzaba
"océanos de tiempo" para reencontrarse con la reencarnación de su
exesposa cientos de años después, sacrificado por la misma en aras de que
encuentre la paz. Por el camino, un histriónico Hopkins como Van Helsing y sus
aliados se convertían en los auténticos villanos de la función. En fin. Ésa era
la adaptación hasta ahora más fiel del pobre Stoker que debió echar una
maldición al gran Coppola para que se volviera a arruinar con su "Megalópolis".
Al menos, dejaba en el recuerdo un memorable diseño de vestuario, esa versión
envejecida de Oldman al principio, una memorable banda sonora de Kilar y la
última gran adaptación, por Mike Mignola, de un film al cómic.
Pues bien, y lo podrán escuchar en la primera parte de la rueda de prensa que Besson concedió, aquí viene Besson para dar la adaptación buena-ésta-vez-sí del pobre Drácula, que espero sea la última versión del pobre, ahora lo puedo corroborar, Conde. Y hace un remake del film de Coppola, más romántico, más exasperantemente infiel e incluye en su plagio hacer su particular versión de ¡¡"El perfume"!! ( sin la Fura Dels Baus). A ver, Besson, si quieres rodar (también es guionista y productor) la historia de un vampiro que PARA NADA SE PARECE a Drácula, sé consecuente y no le llames Drácula... ah, pero ahí está el vil metal... ¡Oye, que no tendremos repercusión!. Será por películas de todo tipo de vampiros que no están protagonizadas por el mito... (el último y fantástico "Nosferatu" es mucho más fiel, claro). Y, además, Besson nos regala una peli que va dando bandazos y no sabe qué quiere ser. Y no tiene ninguna de las virtudes escénicas o narrativas (las sombras chinescas) del film de Coppola. De hecho, hasta el pobre Danny Elfman se ve "obligado" (imagino) a plagiar al gran Kilar y a "La semilla del diablo" utilizando, por ejemplo, una antigua caja de música y una gran cantidad de arreglos corales. Ante las preguntas comprometedoras, Besson replicaba frases grandilocuentes como "Hay que dar amor al mundo" o "Yo sí he leído la novela y...". Ay, tú que has podido besar a Milla...
DRÁCULA Y SU PERFUME
Estrenada hace poco con nula repercusión, éste “Drácula” (recuerden la
coletilla: Una historia de amor") narra la historia del príncipe
Vladimir (esforzado Caleb Landry Jones) de Valaquia, una región
de la actual Rumania. Cuando su esposa, Elizabeta (Zoë Bleu, presente en
la rueda de prensa), muere en la guerra de su país contra los
otomanos, renuncia a Dios y se convierte en Drácula, el primer vampiro.
Cuatrocientos años después, jura encontrar la reencarnación de su esposa para
poder estar juntos de nuevo. Y crea un... ¡¡perfume seductor para atraer
mujeres y convertirlas en sus discípulas vampíricas!!! (pero ¿desde cuándo el
Conde ha tenido que recurrir a ésto?, ay, me acordé de la gran versión de
Badham en el 79 con el lascivo Frank Langella). Una extraña y desafortunada
decisión narrativa es que sea ésa la explicación, innecesaria e inconsistente,
del porqué Drácula seduce a las mujeres. Toda esa secuencia parece un anuncio
de perfume de lujo, con Drácula entrando en fiestas de la élite y mirando a la
cámara mientras los invitados se deshacen en halagos por sus
feromonas.
Cuando conoce a Jonathan Harker (Ewens Abid), Drácula descubre que la
prometida del hombre, Mina, es la reencarnación que ha estado buscando.
Mientras comienza su búsqueda para recordarle a Mina su vida pasada, un
sacerdote, que no se llama para nada Van Helsing (un ridículo personaje, me
duele decirlo, interpretado por Christoph Waltz), intenta dar caza a
Drácula para instarlo al ¡arrepentimiento!.
La fotografía es aceptable, con algunas tomas interesantes, pero muchas
resultan repetitivas y carecen de la profundidad necesaria para que el público
conecte con los personajes. Al principio, un montaje sensual repleto de
escenas pretendidamente tiernas entre Vladimir y Elizabeta establecen su
obsesión mutua, pero no los desarrolla como personajes. Por ello, cuando
Elizabeta muere, resulta difícil sentir empatía. El público apenas llega a
conocerla más allá de su romance.
Incluso antes de que Mina recuerde su vida pasada, habla de no estar
realmente enamorada de Harker... porque siente que pertenece a otra época. Éste
deux-ex-machina parece una excusa para que la trama (no) romántica se
desarrolle. Aunque duda ante sus recuerdos del pasado, no le cuesta
mucho volver a ser Elizabeta.
En general, los personajes femeninos están retratados de forma pésima. Todas
las mujeres nacen con deseos sexuales o deben desarrollarlos.
María (Matilda De Angelis) es una de las discípulas de Drácula y una
pieza clave en su reencuentro con Elizabeta. Encarna el estereotipo de la
"murciélaga sexual" al ser excesivamente sugerente a la vez que
exhibe una inocencia juguetona. El ¿guión? no parece decidirse entre
si es realmente peligrosa o si se muestra sumisa ante los hombres. Todas
las mujeres se presentan como objetos de conquista en lugar de personas. Y,
créanme, no porque intenté ser un fiel reflejo de un pasado, éste film pretende
ser moderno y cool.
La construcción del mundo particular del Conde resulta intrigante al
principio, pero nunca llegará a definirse con precisión. El
vestuario y los decorados, diseñados por Corine Bruand y Hugues
Tissandier respectivamente, son coloridos y fantásticos, pero no
concuerdan con el tono más maduro y serio de la historia. La película parece no
decidirse entre ser una fantasía realista o un espectáculo extravagante y
teatral. Ésto llega al ridículo más absoluto con las secuaces gárgolas de Drácula,
creados por un CGI con vida propia lastimosamente mal llevada, que sustituyen a
sus "esposas" vampíricas del libro. No se puede tomar a Drácula en
serio cuando, siendo un ser de 400 años, daba órdenes a sus mascotas
de piedra con aspecto de perro.
Los diálogos, sobre todo en la segunda mitad, evidencian aún más la falta de
identidad de la historia. En un momento dado, Drácula dice: «En el
nombre del padre, del hijo y del espíritu maligno» antes de asesinar
a un grupo de monjas, y la película lo trata con total seriedad. Ésa frase,
entre muchas otras, hace que los diálogos parezcan un FanFiction escrito por un
adolescente rebelde que tuvo que leer la epistolar «Drácula»
obligatoriamente para clase.
Con frecuencia, los elementos argumentales que se intentan desarrollar resultan insuficientes. Si el sacerdote cazador de vampiros está tan decidido a acabar con Drácula (que ya veremos de qué manera), ¿por qué él y su grupo pasan la mayor parte del tiempo hablando en habitaciones y apenas toman medidas concretas para lograr su objetivo? Cuando finalmente van tras Drácula, resulta absurdo hayan tardado tanto. Siempre parece evidente que Drácula nunca iba a enfrentarse a un conflicto real. “Drácula”, "de" Luc Besson, es un despropósito fantástico y no-lascivo que no sabe lo que quiere ser. Puede que las acciones del Conde no sean permisibles (y empleo esa palabra porque parece que sólo necesita le regañen y sermoneen, como hace el sacerdote cuando se conocen) y la película nunca llega a convertirlo en el antihéroe completamente redimible que parece querer hacernos creer su director, pero además comete un error imperdonable: 'Drácula' deja a sus personajes humanos en el olvido.
UNA HISTORIA SIN PERSONAJES
Éste Drácula no logra superar ninguno de sus muchos obstáculos ideados
por Besson, pero el más grande es dejar a los personajes humanos de la historia
en un segundo plano. Christoph Waltz, como siempre, es excéntrico, excesivo y
elocuente, pero los demás papeles clave, como Mina y Jonathan, caen en la
mediocridad. Es una pena que una historia con un reparto secundario tan famoso
como el de Drácula no tenga mayor profundidad, sobre todo teniendo en
cuenta que el ya citado "Nosferatu" de Robert
Eggers (que, sí, técnicamente es una adaptación de Drácula)
demostró lo que se puede lograr con un reparto bien escrito. Es una pena que
los elementos más convencionales eclipsen ésta pretendida versión original
algunas del mito de Drácula. Otro ejemplo es cómo la película llena el
vacío dejado por Renfield, quien no aparece en esta versión, reemplazándolo con
un personaje muy divertido interpretado por la ya citada Matilda De
Angelis. Sí, porque, por si no fuera poco, la película está trufada de elementos
de ¡¡COMEDIA!! qué ni siquiera son involuntarios.
Hablando cambios absurdos, Luc Besson también tiene fallos argumentales
e inconsistencias bastante evidentes, y el término "evidentes" es más
literal de lo que uno podría pensar. Una escena inicial de la película muestra
rápidamente la famosa fobia de los vampiros a la luz solar en un personaje en
particular... para luego, aparentemente, olvidarse por completo de ello cuando
todos los vampiros de la película (incluido el personaje en el que se probó) de
repente no se ven afectados por ella.
Con los personajes mal desarrollados y todas sus inconsistencias
cuestionables, el film tiene tantos problemas de verosimilitud que no resiste
ninguna comparación con otras versiones, ni la, ésta sí innovadora,
"Blácula". También hay que decir, en su favor, que nunca da la
impresión de tomarse demasiado en serio, consciente de su impostura
en el fondo.
El Drácula compasivo, inconsistente, desconcertante y divertido que propone
es realmente extraño, rozando el absurdo en no pocos momentos. Los cambios
(insisto, los muchos cambios con respecto a la novela, no vayas de fiel,
Besson, o que realmente has comprendido su "mensaje") no justifican
su existencia. De hecho, hasta plagia el aspecto envejecido de la versión de
Coppola (y vestuario), dejo foto para que puedan verlo por ustedes mismos. El
maquillaje es una copia total: el cabello blanco recogido en un moño pulcro (en
este caso con dos largos flequillos laterales), la piel de pergamino podrida,
los dientes fosilizados, todo realzado por la forma en que Jones,
convenientemente afeminado, dice (a lo Oldman): "Soy Vlad, el segundo
príncipe de Volokia. Conde... Dragoool ". El
"Dragoool" de Jones sugiere una fusión del propio Oldman, la Momia de
Karloff y el Guardián de la Cripta, con matices de Klaus Kinski, Willem Dafoe y
hasta Heath Ledger. Es sólo otra aburrida (porque ni te ríes) variación del
"villano con el que se puede empatizar", en vez de ser el verdadero
mal implacable, posiblemente, en la historia de la literatura. Y ni siquiera
eso lo convierte en divertido.
El director, que ya lleva dos décadas "escribiendo" guiones genéricos al estilo ChatGPT (mira, en eso es un avanzado) para una sucesión de exitosas películas de acción (tres películas de Taken, cuatro de Transporter, cinco de Taxi , básicamente nada que realmente requiriera un guion), y que, ocasionalmente, revivía algo de la vieja magia con trabajos sólidos como "Lucy", o la irregular "Dogman" de 2023 en su primera colaboración con Caleb Landry Jones, ya no sorprende a nadie. De hecho, no sé cómo se le ocurre realizar éste proyecto con todos sus antecedentes fílmicos para acabar siendo un remake menor de la versión de Coppola. Todo queda eclipsado por su descarado plagio, y con menos presupuesto. No sería injusto, pues, calificar el film como una mera imitación inferior del clásico (infiel pero ya clásico ) de Coppola. Y mira que, bajo su superficie, se deja vislumbrar algo más original, desesperado por escapar de lo convencional, pero la obra en su conjunto está marcada por la incertidumbre, con destellos de imaginación visual (la torre de monjas resulta impactante) pero casi todos los momentos son de absoluta ineptitud.
A LO MEJOR NADIE HA ENTENDIDO BIEN A STOKER
Quizá la novela de Stoker sea una historia de amor que nadie ha
sabido plasmar correctamente, o quizá Besson olvidó convenientemente que
Coppola lo hizo a la perfección, en ese sentido, hace ya 34 años. En cualquier
caso, no ha sido una buena elección para el antes prestigioso y dueño del
brillo / ostentación que representaba su director, y probablemente resultará
una película no desagradable, pero sí totalmente innecesaria, con fallos,
demasiado predecible y, en definitiva, bastante inútil para los fans del propio
Besson y de Drácula: la reinterpretación romántica del clásico gótico es, con
perdón, quién-soy-yo, ridícula.
¿Lo mejor? Hombre, que Besson consigue quitar todo el horror al clásico de
Stoker, cosa nada fácil si lo piensan. Su traslado a Florencia y París en vez
de Londres, algunos momentos cómicos con un inconfundible toque a lo Mel
Brooks, como los repetidos e inútiles intentos del conde por suicidarse tras la
muerte de Elisabeta, su absoluta ambición pero vacía de contenido, y una
pregunta final: ¿Por qué Drácula, y por qué ahora?. Besson ha dejado claro que
ve al conde como un romance trágico en primer lugar, idea ni siquiera nueva,
pero la transformación del príncipe Vlad, de esposo afligido a inmortal
maldito, ocurre de forma rápida y abrupta. Su esposa muere, él se rebela contra
Dios y es condenado a vagar por la tierra esperando su reencarnación. Ver Coppola.
Suena grandioso y audaz sobre el papel, pero Besson apresura el desarrollo
emocional, dejando la tragedia como algo vacuo. Cuando introduce
"nuevas" ideas, parecen añadidos superficiales y tímidos, en lugar de
decisiones que enriquezcan la historia o su romance central. Así que si también
pretende (que lo pretende) ser también una película de terror
gótico, "Drácula: Una historia de amor" carece de
atmósfera. Las escenas son a menudo demasiado brillantes, luminosas y limpias,
lo que resta tensión. En lugar de una inquietud sombría, encontramos un brillo
excesivo que hace que todo parezca plano y artificial.
Esa artificialidad se hace innegable una vez que la película se inclina
hacia su lado más fantástico. Insisto, no sé pierdan las gárgolas animadas que
el propio Quasimodo rechazaría. No dan miedo, ni tampoco son particularmente
graciosas; se quedan en un punto intermedio incómodo que pone de manifiesto el
mayor problema del filme: Besson nunca se decide por un tono. La película
oscila entre el romance trágico, el terror gótico y la fantasía desenfadada sin
comprometerse del todo con ninguno.
Caleb Landry Jones se entrega por completo al papel, pero su Drácula
nunca llega a dominar la película. Hay momentos de intensidad, pero carece del
carisma o la amenaza que suelen caracterizar al personaje. A menudo, Drácula
parece estar siendo arrastrado por la trama en lugar de ser quien la
impulsa. De hecho su fin proviene de una ¡conversación! (toda la peli
adolece de diálogos insulsos) que mantiene con un personaje que acaba de
conocer, el deambulante sacerdote. Y para ser una película que centra su historia
en el amor, el romance resulta sorprendentemente superficial. Constantemente se
nos dice que Vlad y su amor perdido comparten un vínculo eterno, pero la
película rara vez muestra lo suficiente de esa relación como para que resulte
convincente, su conexión nunca se profundiza de forma que refuerce la carga
emocional del filme. Cuando la historia llega a su demasiado prolongado final
(129 minutos de océanos de tiempo), la tragedia se siente más distante que
devastadora.
La adaptación de "Drácula de Bram Stoker", dirigida
por Francis Ford Coppola, con título muy engañoso, sí, funcionó porque su
romance era inseparable de su peligro. El amor era obsesivo, erótico y
corruptor, y cada momento romántico conllevaba la amenaza de represalias o
condenación. La película de Besson elimina todo ese peligro. Aquí, el amor se
trata como algo tierno y noble, lo que hace que Drácula resulte trágico pero
nunca aterrador. Sin esa sensación de peligro, el romance pierde su encanto,
pues el director intenta contar una historia de amor sin comprender qué es
realmente el amor. Pero triunfa en que nos muestra con claridad, aunque de
forma involuntaria, lo que no es (además de forma kitsch). Ésta historia de
amor se siente forzada desde el principio: Vlad y su princesa se besan
apasionadamente nada más conocerse, declarándose amor eterno y temiendo
separarse, aunque sea por un instante. Uno se pregunta por qué. No hay muchos
indicios de la química que existe entre ellos; simplemente se nos dice que es
el amor más intenso e imperecedero posible, y el resto de la historia gira en
torno a eso.
Me cuesta decir, mísero de mí, que el film es un desastre total (vale, lo
digo), se conforma con reciclar ideas conocidas para un público que no necesita
que se le recuerde la importancia de la historia. Es una película excesivamente
larga, que confunde el reconocimiento con un impulso narrativo. Para un
personaje que ha sido reinventado innumerables veces, esta versión resulta
demasiado convencional y, en definitiva, olvidable. Pueril y olvidable. Éste
Drácula, da igual sea más o menos fiel o sea una buena reinterpretación,
sugiere que esta veta quizá se ha agotado por fin.
El film de Luc Besson está disponible en España vía streaming desde el 20 de
febrero de 2026: Las principales plataformas donde se puede ver son Prime
Video, Movistar Plus+, Apple TV+, Filmin y Rakuten TV.

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A mí me encantó la forma fantástica de enfocar la historia. El decorado y la vestimenta exquisitos y la fotografía la encontré buena. Evidentemente que no soy purista de la historia original, que está muy amanida, pero la encontré muy entretenida y asequible. la vimos en familia y a mi hijo, que no le gustan este tipo de películas, le gustó y lo mantuvo atento de principio a final. Yo le daría 3 estrellas.
ResponEliminaPara sorprender con una nueva versión original dl ya "quemado" tema d Drácula, tendría q ser 1 cosa muy novedosa. Aunque prefiero nuevas ideas, aunq sean transgresoras, o versiones diferentes. Pero hacer otra " copia" d la d Coppola...pues es perder tiempo y dinero...Ha sido exitosa comercialmente? D pelis d Drácula, aparte d la q mencionas con F.Langella, Prefiero "Noche d Miedo" ...."la auténtica" (sic) dl 85 d Tom Holland.No le ha hecho daño aún el tiempo (olvidar la d C.Farrell). Nota: No kiero q dejes d hacer la kiniela d Oscars, pues hiciste ganar 100€ a un colega q curra en el Fnac, q hacen kinielas d cine...pero ya no es 100% (he)
ResponElimina