El nido del cuco 20-03-2026

 



LA PELICULA QUE TENDRÍA QUE HABERSE TITULADO "DRÁCULA de BRAM STOKER, de FRANCIS FORD COPPOLA, de LUC BESSON": LA FANTASÍA ROMÁNTICA GÓTICA QUE EN REALIDAD NO TIENE CLARO QUÉ PRETENDE SER

(Sitges'25, Cuando un film es terriblemente... malo)

"DRÁCULA, UNA HISTORIA DE AMOR" (perpetrada por Luc Besson, Francia, 2025)

Ubicada dentro de la sección "Sitges Collection", el antaño influyente director francés Luc Besson era conocido por films tan rotundos visualmente como "Kamikaze 1999", ganadora, ay, de Sitges en 1983 (y también premio al mejor director), "Nikita" (1990), "El profesional (Léon)" (1994) o "El quinto elemento" (1997) presentó en el último Festival de Sitges su ¿particular? visión del inmortal Conde vampiro. También era envidiado por un servidor al estar casado dos años con Milla Jokovich.

Uno no es especialmente purista y aplaude nuevas visiones de los clásicos, que son clásicos porque siempre están abiertos a nuevas reinterpretaciones para otras generaciones (ver la reciente "Frankenstein" no seguida por "de Mary Shelley", sino por "de Guillermo del Toro"). Por eso en su día tuve reticencias con el pomposo título de "Drácula de Bram Stoker" con el que Coppola, en su último gran éxito comercial, bautizó a su visión del Vampiro (en mayúsculas) como si fuera, y así se publicitó, la versión más fiel a la novela, cuando era cruelmente la más infiel. Convirtió al mal personificado que siempre fue Drácula (la seducción vil) en un atormentado héroe romántico, traicionado por ¡Dios!, que cruzaba "océanos de tiempo" para reencontrarse con la reencarnación de su exesposa cientos de años después, sacrificado por la misma en aras de que encuentre la paz. Por el camino, un histriónico Hopkins como Van Helsing y sus aliados se convertían en los auténticos villanos de la función. En fin. Ésa era la adaptación hasta ahora más fiel del pobre Stoker que debió echar una maldición al gran Coppola para que se volviera a arruinar con su "Megalópolis". Al menos, dejaba en el recuerdo un memorable diseño de vestuario, esa versión envejecida de Oldman al principio, una memorable banda sonora de Kilar y la última gran adaptación, por Mike Mignola, de un film al cómic.

Pues bien, y lo podrán escuchar en la primera parte de la rueda de prensa que Besson concedió, aquí viene Besson para dar la adaptación buena-ésta-vez-sí del pobre Drácula, que espero sea la última versión del pobre, ahora lo puedo corroborar, Conde. Y hace un remake del film de Coppola, más romántico, más exasperantemente infiel e incluye en su plagio hacer su particular versión de ¡¡"El perfume"!! ( sin la Fura Dels Baus). A ver, Besson, si quieres rodar (también es guionista y productor) la historia de un vampiro que PARA NADA SE PARECE a Drácula, sé consecuente y no le llames Drácula... ah, pero ahí está el vil metal... ¡Oye, que no tendremos repercusión!. Será por películas de todo tipo de vampiros que no están protagonizadas por el mito... (el último y fantástico "Nosferatu" es mucho más fiel, claro). Y, además, Besson nos regala una peli que va dando bandazos y no sabe qué quiere ser. Y no tiene ninguna de las virtudes escénicas o narrativas (las sombras chinescas) del film de Coppola. De hecho, hasta el pobre Danny Elfman se ve "obligado" (imagino) a plagiar al gran Kilar y a "La semilla del diablo" utilizando, por ejemplo, una antigua caja de música y una gran cantidad de arreglos corales. Ante las preguntas comprometedoras, Besson replicaba frases grandilocuentes como "Hay que dar amor al mundo" o "Yo sí he leído la novela y...". Ay, tú que has podido besar a Milla...

DRÁCULA Y SU PERFUME

Estrenada hace poco con nula repercusión, éste “Drácula” (recuerden la coletilla: Una historia de amor") narra la historia del príncipe Vladimir (esforzado Caleb Landry Jones) de Valaquia, una región de la actual Rumania. Cuando su esposa, Elizabeta (Zoë Bleu, presente en la rueda de prensa), muere en la guerra de su país contra los otomanos, renuncia a Dios y se convierte en Drácula, el primer vampiro. Cuatrocientos años después, jura encontrar la reencarnación de su esposa para poder estar juntos de nuevo. Y crea un... ¡¡perfume seductor para atraer mujeres y convertirlas en sus discípulas vampíricas!!! (pero ¿desde cuándo el Conde ha tenido que recurrir a ésto?, ay, me acordé de la gran versión de Badham en el 79 con el lascivo Frank Langella). Una extraña y desafortunada decisión narrativa es que sea ésa la explicación, innecesaria e inconsistente, del porqué Drácula seduce a las mujeres. Toda esa secuencia parece un anuncio de perfume de lujo, con Drácula entrando en fiestas de la élite y mirando a la cámara mientras los invitados se deshacen en halagos por sus feromonas. 

Cuando conoce a Jonathan Harker (Ewens Abid), Drácula descubre que la prometida del hombre, Mina, es la reencarnación que ha estado buscando. Mientras comienza su búsqueda para recordarle a Mina su vida pasada, un sacerdote, que no se llama para nada Van Helsing (un ridículo personaje, me duele decirlo, interpretado por Christoph Waltz), intenta dar caza a Drácula para instarlo al ¡arrepentimiento!. 

La fotografía es aceptable, con algunas tomas interesantes, pero muchas resultan repetitivas y carecen de la profundidad necesaria para que el público conecte con los personajes. Al principio, un montaje sensual repleto de escenas pretendidamente tiernas entre Vladimir y Elizabeta establecen su obsesión mutua, pero no los desarrolla como personajes. Por ello, cuando Elizabeta muere, resulta difícil sentir empatía. El público apenas llega a conocerla más allá de su romance. 

Incluso antes de que Mina recuerde su vida pasada, habla de no estar realmente enamorada de Harker... porque siente que pertenece a otra época. Éste deux-ex-machina parece una excusa para que la trama (no) romántica se desarrolle. Aunque duda ante sus recuerdos del pasado, no le cuesta mucho volver a ser Elizabeta. 

En general, los personajes femeninos están retratados de forma pésima. Todas las mujeres nacen con deseos sexuales o deben desarrollarlos. María (Matilda De Angelis) es una de las discípulas de Drácula y una pieza clave en su reencuentro con Elizabeta. Encarna el estereotipo de la "murciélaga sexual" al ser excesivamente sugerente a la vez que exhibe una inocencia juguetona. El ¿guión? no parece decidirse entre si es realmente peligrosa o si se muestra sumisa ante los hombres. Todas las mujeres se presentan como objetos de conquista en lugar de personas. Y, créanme, no porque intenté ser un fiel reflejo de un pasado, éste film pretende ser moderno y cool.

La construcción del mundo particular del Conde resulta intrigante al principio, pero nunca llegará a definirse con precisión. El vestuario y los decorados, diseñados por Corine Bruand y Hugues Tissandier respectivamente, son coloridos y fantásticos, pero no concuerdan con el tono más maduro y serio de la historia. La película parece no decidirse entre ser una fantasía realista o un espectáculo extravagante y teatral. Ésto llega al ridículo más absoluto con las secuaces gárgolas de Drácula, creados por un CGI con vida propia lastimosamente mal llevada, que sustituyen a sus "esposas" vampíricas del libro. No se puede tomar a Drácula en serio cuando, siendo un ser de 400 años, daba órdenes a sus mascotas de piedra con aspecto de perro.

Los diálogos, sobre todo en la segunda mitad, evidencian aún más la falta de identidad de la historia. En un momento dado, Drácula dice: «En el nombre del padre, del hijo y del espíritu maligno» antes de asesinar a un grupo de monjas, y la película lo trata con total seriedad. Ésa frase, entre muchas otras, hace que los diálogos parezcan un FanFiction escrito por un adolescente rebelde que tuvo que leer la epistolar  «Drácula» obligatoriamente para clase.

Con frecuencia, los elementos argumentales que se intentan desarrollar resultan insuficientes. Si el sacerdote cazador de vampiros está tan decidido a acabar con Drácula (que ya veremos de qué manera), ¿por qué él y su grupo pasan la mayor parte del tiempo hablando en habitaciones y apenas toman medidas concretas para lograr su objetivo? Cuando finalmente van tras Drácula, resulta absurdo hayan tardado tanto. Siempre parece evidente que Drácula nunca iba a enfrentarse a un conflicto real. “Drácula”, "de" Luc Besson, es un despropósito fantástico y no-lascivo que no sabe lo que quiere ser. Puede que las acciones del Conde no sean permisibles (y empleo esa palabra porque parece que sólo necesita le regañen y sermoneen, como hace el sacerdote cuando se conocen) y la película nunca llega a convertirlo en el antihéroe completamente redimible que parece querer hacernos creer su director, pero además comete un error imperdonable: 'Drácula' deja a sus personajes humanos en el olvido.

UNA HISTORIA SIN PERSONAJES

Éste Drácula no logra superar ninguno de sus muchos obstáculos ideados por Besson, pero el más grande es dejar a los personajes humanos de la historia en un segundo plano. Christoph Waltz, como siempre, es excéntrico, excesivo y elocuente, pero los demás papeles clave, como Mina y Jonathan, caen en la mediocridad. Es una pena que una historia con un reparto secundario tan famoso como el de Drácula no tenga mayor profundidad, sobre todo teniendo en cuenta que el ya citado "Nosferatu" de Robert Eggers (que, sí, técnicamente es una adaptación de Drácula) demostró lo que se puede lograr con un reparto bien escrito. Es una pena que los elementos más convencionales eclipsen ésta pretendida versión original algunas del mito de Drácula. Otro ejemplo es cómo la película llena el vacío dejado por Renfield, quien no aparece en esta versión, reemplazándolo con un personaje muy divertido interpretado por la ya citada Matilda De Angelis. Sí, porque, por si no fuera poco, la película está trufada de elementos de ¡¡COMEDIA!! qué ni siquiera son involuntarios.

Hablando cambios absurdos, Luc Besson también tiene fallos argumentales e inconsistencias bastante evidentes, y el término "evidentes" es más literal de lo que uno podría pensar. Una escena inicial de la película muestra rápidamente la famosa fobia de los vampiros a la luz solar en un personaje en particular... para luego, aparentemente, olvidarse por completo de ello cuando todos los vampiros de la película (incluido el personaje en el que se probó) de repente no se ven afectados por ella.

Con los personajes mal desarrollados y todas sus inconsistencias cuestionables, el film tiene tantos problemas de verosimilitud que no resiste ninguna comparación con otras versiones, ni la, ésta sí innovadora, "Blácula". También hay que decir, en su favor, que nunca da la impresión de tomarse demasiado en serio, consciente de su impostura en el fondo.

El Drácula compasivo, inconsistente, desconcertante y divertido que propone es realmente extraño, rozando el absurdo en no pocos momentos. Los cambios (insisto, los muchos cambios con respecto a la novela, no vayas de fiel, Besson, o que realmente has comprendido su "mensaje") no justifican su existencia. De hecho, hasta plagia el aspecto envejecido de la versión de Coppola (y vestuario), dejo foto para que puedan verlo por ustedes mismos. El maquillaje es una copia total: el cabello blanco recogido en un moño pulcro (en este caso con dos largos flequillos laterales), la piel de pergamino podrida, los dientes fosilizados, todo realzado por la forma en que Jones, convenientemente afeminado, dice (a lo Oldman): "Soy Vlad, el segundo príncipe de Volokia. Conde... Dragoool ". El "Dragoool" de Jones sugiere una fusión del propio Oldman, la Momia de Karloff y el Guardián de la Cripta, con matices de Klaus Kinski, Willem Dafoe y hasta Heath Ledger. Es sólo otra aburrida (porque ni te ríes) variación del "villano con el que se puede empatizar", en vez de ser el verdadero mal implacable, posiblemente, en la historia de la literatura. Y ni siquiera eso lo convierte en divertido.

El director, que ya lleva dos décadas "escribiendo" guiones genéricos al estilo ChatGPT (mira, en eso es un avanzado) para una sucesión de exitosas películas de acción (tres películas de Taken, cuatro de Transporter, cinco de Taxi , básicamente nada que realmente requiriera un guion), y que, ocasionalmente, revivía algo de la vieja magia con trabajos sólidos como "Lucy", o la irregular "Dogman" de 2023 en su primera colaboración con Caleb Landry Jones, ya no sorprende a nadie. De hecho, no sé cómo se le ocurre realizar éste proyecto con todos sus antecedentes fílmicos para acabar siendo un remake menor de la versión de Coppola. Todo queda eclipsado por su descarado plagio, y con menos presupuesto. No sería injusto, pues, calificar el film como una mera imitación inferior del clásico (infiel pero ya clásico ) de Coppola. Y mira que, bajo su superficie, se deja vislumbrar algo más original, desesperado por escapar de lo convencional, pero la obra en su conjunto está marcada por la incertidumbre, con destellos de imaginación visual (la torre de monjas resulta impactante) pero casi todos los momentos son de absoluta ineptitud.

A LO MEJOR NADIE HA ENTENDIDO BIEN A STOKER

Quizá la novela de Stoker sea una historia de amor que nadie ha sabido plasmar correctamente, o quizá Besson olvidó convenientemente que Coppola lo hizo a la perfección, en ese sentido, hace ya 34 años. En cualquier caso, no ha sido una buena elección para el antes prestigioso y dueño del brillo / ostentación que representaba su director, y probablemente resultará una película no desagradable, pero sí totalmente innecesaria, con fallos, demasiado predecible y, en definitiva, bastante inútil para los fans del propio Besson y de Drácula: la reinterpretación romántica del clásico gótico es, con perdón, quién-soy-yo, ridícula.

¿Lo mejor? Hombre, que Besson consigue quitar todo el horror al clásico de Stoker, cosa nada fácil si lo piensan. Su traslado a Florencia y París en vez de Londres, algunos momentos cómicos con un inconfundible toque a lo Mel Brooks, como los repetidos e inútiles intentos del conde por suicidarse tras la muerte de Elisabeta, su absoluta ambición pero vacía de contenido, y una pregunta final: ¿Por qué Drácula, y por qué ahora?. Besson ha dejado claro que ve al conde como un romance trágico en primer lugar, idea ni siquiera nueva, pero la transformación del príncipe Vlad, de esposo afligido a inmortal maldito, ocurre de forma rápida y abrupta. Su esposa muere, él se rebela contra Dios y es condenado a vagar por la tierra esperando su reencarnación. Ver Coppola. Suena grandioso y audaz sobre el papel, pero Besson apresura el desarrollo emocional, dejando la tragedia como algo vacuo. Cuando introduce "nuevas" ideas, parecen añadidos superficiales y tímidos, en lugar de decisiones que enriquezcan la historia o su romance central. Así que si también pretende (que lo pretende) ser también una película de terror gótico, "Drácula: Una historia de amor" carece de atmósfera. Las escenas son a menudo demasiado brillantes, luminosas y limpias, lo que resta tensión. En lugar de una inquietud sombría, encontramos un brillo excesivo que hace que todo parezca plano y artificial.

Esa artificialidad se hace innegable una vez que la película se inclina hacia su lado más fantástico. Insisto, no sé pierdan las gárgolas animadas que el propio Quasimodo rechazaría. No dan miedo, ni tampoco son particularmente graciosas; se quedan en un punto intermedio incómodo que pone de manifiesto el mayor problema del filme: Besson nunca se decide por un tono. La película oscila entre el romance trágico, el terror gótico y la fantasía desenfadada sin comprometerse del todo con ninguno.

Caleb Landry Jones se entrega por completo al papel, pero su Drácula nunca llega a dominar la película. Hay momentos de intensidad, pero carece del carisma o la amenaza que suelen caracterizar al personaje. A menudo, Drácula parece estar siendo arrastrado por la trama en lugar de ser quien la impulsa. De hecho su fin proviene de una ¡conversación! (toda la peli adolece de diálogos insulsos) que mantiene con un personaje que acaba de conocer, el deambulante sacerdote. Y para ser una película que centra su historia en el amor, el romance resulta sorprendentemente superficial. Constantemente se nos dice que Vlad y su amor perdido comparten un vínculo eterno, pero la película rara vez muestra lo suficiente de esa relación como para que resulte convincente, su conexión nunca se profundiza de forma que refuerce la carga emocional del filme. Cuando la historia llega a su demasiado prolongado final (129 minutos de océanos de tiempo), la tragedia se siente más distante que devastadora.

La adaptación de "Drácula de Bram Stoker", dirigida por Francis Ford Coppola, con título muy engañoso, sí, funcionó porque su romance era inseparable de su peligro. El amor era obsesivo, erótico y corruptor, y cada momento romántico conllevaba la amenaza de represalias o condenación. La película de Besson elimina todo ese peligro. Aquí, el amor se trata como algo tierno y noble, lo que hace que Drácula resulte trágico pero nunca aterrador. Sin esa sensación de peligro, el romance pierde su encanto, pues el director intenta contar una historia de amor sin comprender qué es realmente el amor. Pero triunfa en que nos muestra con claridad, aunque de forma involuntaria, lo que no es (además de forma kitsch). Ésta historia de amor se siente forzada desde el principio: Vlad y su princesa se besan apasionadamente nada más conocerse, declarándose amor eterno y temiendo separarse, aunque sea por un instante. Uno se pregunta por qué. No hay muchos indicios de la química que existe entre ellos; simplemente se nos dice que es el amor más intenso e imperecedero posible, y el resto de la historia gira en torno a eso.

Me cuesta decir, mísero de mí, que el film es un desastre total (vale, lo digo), se conforma con reciclar ideas conocidas para un público que no necesita que se le recuerde la importancia de la historia. Es una película excesivamente larga, que confunde el reconocimiento con un impulso narrativo. Para un personaje que ha sido reinventado innumerables veces, esta versión resulta demasiado convencional y, en definitiva, olvidable. Pueril y olvidable. Éste Drácula, da igual sea más o menos fiel o sea una buena reinterpretación, sugiere que esta veta quizá se ha agotado por fin.

El film de Luc Besson está disponible en España vía streaming desde el 20 de febrero de 2026: Las principales plataformas donde se puede ver son Prime Video, Movistar Plus+, Apple TV+, Filmin y Rakuten TV.

EXTRAS:
1) Primera parte rueda de prensa con Luc Besson y su actriz, Zoë Bleu, hija de la actriz Rosanna Arquette. Escuchar en Radio Nosaltres:

2) Tráiler oficial:



Comentaris

  1. A mí me encantó la forma fantástica de enfocar la historia. El decorado y la vestimenta exquisitos y la fotografía la encontré buena. Evidentemente que no soy purista de la historia original, que está muy amanida, pero la encontré muy entretenida y asequible. la vimos en familia y a mi hijo, que no le gustan este tipo de películas, le gustó y lo mantuvo atento de principio a final. Yo le daría 3 estrellas.

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  2. Para sorprender con una nueva versión original dl ya "quemado" tema d Drácula, tendría q ser 1 cosa muy novedosa. Aunque prefiero nuevas ideas, aunq sean transgresoras, o versiones diferentes. Pero hacer otra " copia" d la d Coppola...pues es perder tiempo y dinero...Ha sido exitosa comercialmente? D pelis d Drácula, aparte d la q mencionas con F.Langella, Prefiero "Noche d Miedo" ...."la auténtica" (sic) dl 85 d Tom Holland.No le ha hecho daño aún el tiempo (olvidar la d C.Farrell). Nota: No kiero q dejes d hacer la kiniela d Oscars, pues hiciste ganar 100€ a un colega q curra en el Fnac, q hacen kinielas d cine...pero ya no es 100% (he)

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