El nido del cuco 02-11-2026


UN PODCAST QUE DOMINARÁ A TODOS + EL LEVÍTICO QUE ACECHA

 

#59 FESTIVAL DE SITGES 2026 REPASO PODCAST / CELULOIDE REBOOT / David Gutín y Juan Miguel Lozano / gratis en iVoox:

 

(Sitges'26, Sección Oficial Fantástica: El género de terror como metáfora para hablarnos de la represión sobre el amor y sexo LGTBI).

"LEVÍTICUS" (de Adrian Chiarella, Australia, 2026) ⭐ ⭐⭐ ⭐

Ya sabéis que siempre hemos defendido que el género de terror / fantástico suele ser una metáfora o un vehículo que nos habla de problemáticas realistas, sociales o incluso políticas. Por eso lo utilizamos para hablar de salud mental.

Joyas del género como "La invasión de los ladrones de cuerpo" nos habla de la paranoia anticomunista de la guerra fría, "Drácula" se refiere a la decadencia imperial victoriana y a la invasión extranjera o "Frankenstein" muestra un alegato contra la frialdad y el peligro del avance científico.

Cada época ha sufrido sus miedos, el género de terror los ha expuesto perfectamente de manera simbólica. El terror por el terror o no existe o pierde valor. Aunque podemos disfrutar de una peli, novela o comic de miedo sin buscar subtextos, por supuesto. ¿Cómo no va a abordar, pues, el sexo, el sida, el amor LGTBI?. En "Levíticus", premio Citizen Kane al mejor director (y guionista) revelación, Adrian Chiarella, en ésta su ópera prima, dibuja, a través del amor entre dos jóvenes, proyecciones mentales, distorsiones realizadas a partir de las emociones que genera un espíritu, un espectro convocado por una comunidad religiosa que castiga el amor entre personas del mismo sexo. Emociones que generan un terror genuino.

Nuestro cerebro se empapa de emociones y afecta a la manera en la que procesa las percepciones. El miedo es una emoción altamente distorsionadora y Chiarella la aplica como filtro para mostrarnos cómo los dos protagonistas alteran todo su contexto por mentes atenazadas por ese mismo miedo. Así, tenemos un film brillante en su forma y fondo (que sí, habla de la libertad sexual entre la represión). Película que, desde éste último viernes, pueden disfrutar o "pasarlo mal desde el disfrute" en salas. No se la pierdan.

LEVÍTICO 18:22

"No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación".

El adolescente Naim (Joe Bird, una pequeña revelación, tímido, inseguro al principio) y su madre Arlene (Mia Wasikowska) se acaban de mudar a un pueblo rural de Australia tras la muerte del padre de Naim. Arlene encuentra consuelo en la devota comunidad religiosa del pueblo, liderada por el pastor local Rod (Ewen Leslie), pero Naim se muestra escéptico y comienza una relación con Ryan (Stacy Clausen, rebelde, más seguro de sí mismo), otro chico de su escuela. Una relación que comienza cercana a la violencia para dar paso a una pasión irrefrenable (al comienzo, el acoso físico, las peleas y los besos apasionados rozan lo indistinguible). Sin embargo, después de que Naim ve a Ryan besando a Hunter (Jeremy Blewitt), el hijo del pastor Rod, en un arrebato de traición, revela la relación entre Hunter y Ryan a sus padres.

El pastor Rod trae a un "sanador / sacerdote liberador" (Nicholas Hope, demoníaco) que realiza un ritual muy parecido a un exorcismo para erradicar la homosexualidad de ambos chicos. En un momento dado, el ritual de "limpieza" homofóbico del sanador provoca que Ryan y Hunter se desplomen, convulsionen y vomiten en el suelo, y, como Naim presencia más tarde, queden atormentados por una fuerza invisible que adopta la forma de la persona que más les atrae (es decir, ellos mismos).

Esta fuerza invisible y maligna, ataca primero a Ryan en una cabina fotográfica. Naim lo sigue hasta una pista de patinaje y lo oye reír y besar a alguien dentro. Pero al revisar la tira de fotos impresa, descubre que Ryan estaba solo en la cabina. Ryan le cuenta a Naim que quienquiera que estuviera con él se parecía mucho a él, que lo levantó en el aire y lo estranguló antes de que pudiera liberarse. Recuerden: la película se muestra desde el punto de vista de Naim, por lo que el público nunca ve a través de los ojos de Ryan, y sin ningún tipo de efectos especiales que permitan cualquier diferencia entre la "entidad" y la persona.

Hunter es el siguiente, seducido a la salida de la gasolinera donde trabaja por alguien que solo él puede ver. Naim intenta salvarlo, pero Hunter es arrastrado a la oscuridad, y su cabeza cercenada aparece al día siguiente en un campo. Naim intenta contarle a la policía que vio a Hunter ser atacado por algo misterioso, pero en lugar de ayudarlo, lo llevan con su madre. Su madre, aterrorizada ante la posibilidad de perder a otro ser querido, lleva a su hijo ante el curandero, quien realiza el mismo ritual en un Naim que se resiste.

Naim y Ryan se enfrentan, así, a un demonio invisible idéntico a ellos, pero nadie les cree, excepto Izzie (Davida McKenzie), la hermana de Hunter, quien menciona que una chica del pueblo vecino murió de forma similar a Hunter tras reunirse con el curandero. La pareja superviviente de la chica, Jessica (Shannon Berry), quien también se sometió al ritual, vive en un hospital local porque el demonio solo ataca a las personas cuando están solas. Rodeada de luces intermitentes, Jessica les dice a los chicos que no hay forma de deshacer la maldición demoníaca.

Naim y Ryan confunden constantemente al demonio entre sí y terminan mutilados: con las orejas arrancadas y mechones de pelo desgarrados, antes de que Naim descubra que la entidad le tiene pánico al fuego. El demonio lo persigue hasta el lugar donde él y Ryan se besaron al principio de la película: un almacén en ruinas al que Naim prende fuego, atrapando temporalmente al demonio en su interior. El verdadero Ryan no ha sido visto últimamente, y Naim, aterrorizado por haber matado quizá a la persona que ama, ayuda en la búsqueda de la persona desaparecida.

Pero en el proceso, su madre deja escapar que sabía que su hijo estaría atormentado por esa fuerza invisible el resto de su vida. Creía que el demonio le infundiría un miedo que lo protegería de la verdadera violencia homofóbica que, según ella, mató a Hunter. Mejor ser heterosexual y estar atormentado, razona la madre, que ser gay y vulnerable a los fanáticos violentos.

Horrorizado, Naim abandona a su madre en una gasolinera y huye del pueblo con Ryan. Ve a la entidad de pie en un campo mientras pasa el autobús, pero prefiere dormirse sobre el hombro de Ryan, exhalando finalmente un suspiro de alivio.

SPOILER NECESARIO.- Aunque el final es relativamente pacífico y definitivo (esperemos que el demonio permanezca atrapado en el pequeño pueblo profundamente religioso que Ryan y Naim dejan atrás), el horror psicológico de la película encierra otra dimensión para quienes sufren traumas religiosos. En el fondo, la película se centra en el horror de que Ryan y Naim no puedan confiar en sus propios deseos, y en que la madre de Naim creyera que una vida de miedo, huyendo constantemente de un demonio que intentaba matarlo, era lo único que mantendría a su hijo a salvo. FIN SPOILER.

EL AUGE DEL TERROR RELIGIOSO QUEER

Si bien la película resulta aterradora para quienes no han sufrido traumas religiosos ni han sido sometidos a terapias de conversión (ver La (des) educación de Cameron Post", dentro de este trasfondo se convierte en una nueva muestra más de éste nuevo subgénero: el terror religioso queer, que plasma la maldad y la violencia real de la homofobia religiosa. Si existe el terror incel, un género que identifica al monstruo como hombres que creen merecer el afecto de las mujeres, el terror religioso queer señala a los sistemas, instituciones y personas religiosas que infunden vergüenza y justifican la violencia queerfóbica con sus creencias religiosas como la verdadera maldad.

Pero si bien la película parece, a primera vista, similar a otras películas de posesión demoníaca, el verdadero horror de "Levíticus" reside en la comunidad cristiana conservadora que permanece impasible mientras un demonio mata a Hunter y mutila a Ryan y Naim. En lugar de luchar para librar al pueblo de un demonio invisible, los fieles lo acogen para que elimine a las personas queer de su comunidad. Pero la falta de impulso para intervenir, salvar a sus hijos de los síntomas físicos y llamar al equivalente australiano del 112 demuestra que estos adultos reflejan a la entidad en la forma en que entrelazan el amor con la destrucción. ¿Odiar el pecado, amar al pecador?...

Al igual que muchos padres conservadores con creencias anti-LGBTQ+, Arlene insiste en que llevó a su hijo al terapeuta de conversión para protegerlo de la verdadera violencia: la de quienes, según ella, mataron a Hunter. La verdadera ironía reside en que el peligro real que enfrentan Hunter, Ryan y Naim son sus propios padres, quienes voluntariamente los convierten en blanco de ataques. La persecución y la violencia homofóbica se muestran con toda claridad en la película: Ryan y Naim son golpeados repetidamente por matones escolares y una turba enfurecida. Pero lo que más sangre derrama es el demonio que invocan estos habitantes del pueblo.


DENUNCIA DE LA TERAPIA DE "CONVERSIÓN"

Lo que "Levíticus" logra con éxito es retratar la violencia real de la terapia de conversión. Dado que el demonio adopta la forma de la persona que más atrae al individuo, infunde un profundo temor a no poder confiar en sus propias sensaciones ni deseos. Naim nunca podrá saber con certeza si se trata del demonio disfrazado, utilizando su propia atracción para atraerlo a la muerte. El efecto es que Niam y Ryan teman no solo al demonio, sino también a su propia sexualidad.

Ésta desconfianza hacia la percepción y la sensación corporal es la base de la terapia de conversión y es la razón por la que las prácticas de conversión se vinculan habitualmente con la depresión, el trastorno de estrés postraumático y la ideación suicida en niños y adultos LGBTQ+. Afortunadamente, en ningún momento parece que Naim o Ryan crean merecer este castigo. Sin embargo, la película sí muestra cómo prácticas como la terapia de conversión tienen efectos físicos y psicológicos reales. Naim y Ryan presencian cómo Jessica, la novia superviviente, se golpea repetidamente la muñeca con una goma elástica para mantenerse despierta. La muñeca de Jessica está ensangrentada, y ésta forma específica de autolesión es una referencia directa a un tipo de terapia de aversión que se enseña a muchos niños y adultos LGBTQ+.

Y aunque el demonio esté "atrapado" en el pueblo rural de Naim y Ryan, el miedo a que la persona que aman sea en realidad un demonio, a que sus deseos los pongan en riesgo, persiste, del mismo modo que la sensación de culpa, vergüenza y profunda desconfianza en nuestros cuerpos persiste hasta la edad adulta para las personas que crecieron en comunidades religiosas homófobas.

Ésto refleja la constante paranoia y la fractura interna que experimentan los jóvenes que ocultan su orientación sexual en comunidades hostiles. De ahí ése "final" ambiguo y melancólico, nada simplista, que arrancó los aplausos de la sala: la persistente presencia de la entidad sugiere que los prejuicios sociales y los traumas internos son sombras que perduran toda la vida, en lugar de demonios que se vencen fácilmente. Somos lo que nos persigue, de ahí el inevitable recuerdo de "It Follows", quizá la más influyente peli del género en éste siglo XXI.

En "Levíticus", en resumen, los adultos de la congregación permanecen impasibles mientras torturan a los niños durante el ritual de conversión y presencian cómo un demonio invisible los persigue y los mata. Son éstos adultos los responsables del abuso y la muerte de niños queer. Y eso que la corta duración del film (88 minutos) impide profundizar, no hace ninguna falta, en caracterizar matices, por ejemplo, en la madre. Quizá en ella no hay ambigüedad y sí certezas.

PELÍCULA DE TERROR CENTRADA EN EL DESARROLLO PERSONAL

Como ya he mencionado, las similitudes con "It Follows", desde la transición a la adultez y la exploración de la sexualidad y la identidad, hasta la entidad invisible que solo es visible para quien está conectado a ella, son innegables. Sin embargo, la representación de la entidad como aquello que más se desea o por lo que se siente atracción es un giro interesante que evita que sea una simple copia y la integra en la narrativa queer esencial.

Eso no resta mérito a la verdadera fuerza del film: la emoción. Logra plenamente liberar los sentimientos de aislamiento y desesperación, y presentar el conflicto interno de la naturaleza frente a la opresión externa. Consigue ser una alegoría atmosférica sobre la intolerancia religiosa y su impacto en la joven comunidad LGBTQ+, además de captar la atención con escenas con las que muchas generaciones mayores de dicha comunidad pueden identificarse. El concepto es interesante y no se ve lastrado por explicaciones pseudorreligiosas sin sentido. La película posee una hermosa presencia visual, con fondos de paisajes naturales e industriales e iluminación que refuerzan esa sensación de aislamiento y soledad. Todo con un ritmo sostenido y regular.

Existirá un público que, ingenuamente viendo el film, confundirá ser gay con ser indefenso. La película logra el equilibrio entre no ofrecer respuestas fáciles pero sí opciones, lo que la hace mucho más realista. Es posible seguir adelante, pero la amenaza siempre está presente. También hay momentos de amor genuinos y tiernos, junto con desamor y crueldad. La película pone al público en el lugar de los personajes: deseando que estén juntos, pero también temiendo por ellos. Impecable el propósito conseguido: el mayor temor es el deseo mismo.

OTRAS VIRTUDES

Los Actores: Las interpretaciones de Bird y Clausen no solo son particularmente sólidas —su singular interpretación del amor juvenil se acerca más a la añoranza que a los típicos enamoramientos etéreos y llenos de mariposas que vemos en muchas narrativas románticas juveniles de menor calidad—, sino que resulta sorprendente la fluidez con la que transitan de un modo de ferocidad emocional (la pasión amorosa) al otro (todavía una pasión, pero una cruel).

El film es tan conciso y brutal que no pierde el tiempo en sumergirse en el horror. Gran virtud en un director primerizo.

También, "Levíticus" adquiere un nuevo significado mientras Naim y Ryan luchan por sobrevivir a su recién descubierto horror. En éste sentido, Chiarella hace referencia al terror y la confusión que generó la epidemia del VIH/SIDA, que surgió en un momento de gran intolerancia y afectó desproporcionadamente a la comunidad LGBTQ+. Existe una amenaza palpable: cada beso robado y cada momento de afecto acerca a la súcubo mortal a sus víctimas, y cuanto más se acercan, mejor se disimulan los seres malignos. Chiarella sorprende constantemente a su público y continúa con giros inesperados, desorientando a sus personajes y manteniendo a los espectadores en un estado constante de suspense. Cada vez que uno de los protagonistas ve al otro, Chiarella logra que nuestro ritmo cardíaco se acelere, y no precisamente por un desmayo.

Para ambientar esta película de terror pseudobíblico, Chiarella y el director de fotografía Tyson Perkins utilizan un entorno industrial, lo suficientemente remoto como para que escapar parezca estar a cientos de kilómetros de distancia, pero donde los chicos aún pueden escabullirse a zonas rurales y fábricas abandonadas en busca de privacidad. Es un pueblo pequeño y claustrofóbico que los hace sentir aislados y vulnerables. Para completar esta estética, no queda claro hasta qué punto esta secta cristiana es extremista, más allá de la homofobia virulenta, pero parece que sus creencias religiosas les impiden usar colores brillantes, creando una paleta monótona para el estilo visual de la película, de tonos cementosos. Es un purgatorio donde la monotonía y la conformidad son valoradas por los adultos heterosexuales, pero no despiertan ningún interés en Naim y Ryan. 

Las escenas de terror se basan más en la violencia emocional de la desconfianza y la traición que en la violencia en sí, y los dos protagonistas resultan entrañables en su impotencia. El final se relaciona intrínsecamente con el tema y premisa: uno de los fallos de películas como "La sustancia" o "Los pecadores" es que, una vez que llegan al acto final, su desarrollo temático se acaba y lo que queda es solo la trama. "Levíticus" no es perfecta, pero cumple con su propósito temático.

Es una película que sigue a "Backrooms" y "Obsession" en más de un sentido: para empezar, es el primer largometraje de un joven director (Adrian Chiarella) y ha obtenido un éxito de crítica y público con un presupuesto ínfimo, pero me interesa más otra similitud entre estos proyectos: son excelentes películas de terror desarrolladas alrededor de una premisa interesante pero primaria. Cuando recuerdo "Déjame salir", por poner un ejemplo, la metáfora no era solamente “los blancos maltratan a los negros”; si uno está dispuesto a reflexionar sobre la historia, el texto aporta material suficiente para hablar también de cómo la sociedad americana explota el trabajo de los artistas y deportistas negros pero rechaza sus derechos u opiniones. Con "Obsession", sin embargo, toda la temática se queda en el primer nivel, en la superficie.

En éste film, la alegoría es evidentemente la homofobia, que vuelve el amor homosexual en algo a temer, contaminando el deseo con el peligro. La atracción que Naim y Ryan se sienten mutuamente es a la vez una verdadera amenaza de muerte.

Además, la peli está muy bien montada, las escenas de terror funcionan más por la violencia emocional de la traición y la desconfianza que por la violencia misma, y ​​los dos protagonistas se hacen querer en su angustia.

EJECUCIÓN Y CONCLUSIÓN

El cansancio que la comunidad del cine de terror ha manifestado hacia las obras basadas en el trauma, o hacia aquellas que se atreven a autoproclamarse "superiores", no se basa tanto en la intencionalidad como en la ejecución. Todo cine de terror es personal de una u otra forma, pero existe cierta arrogancia entre algunos cineastas jóvenes al afirmar que su trabajo está "por encima" de otras producciones del género porque refleja algo más profundo.

En la mayoría de los casos, se trata de una exploración social superficial de casos de autoterapia, injertada de forma perezosa sobre una mitología débil. Por el contrario, "Levíticus" muestra el horror íntimo e individualizado en su máxima expresión. Los elementos sobrenaturales del film no son una metáfora improvisada, sino un medio para expresar cómo las víctimas de la intolerancia se sienten marginadas por una comunidad que rechaza su identidad.

Aún existe un potencial sin explotar en el ámbito del terror queer debido a las nuevas oportunidades que se han brindado a los cineastas LGBTQ+. Las reinterpretaciones queer de los clásicos del terror son tan antiguas como las películas de monstruos de James Whale en la década de 1930, pero en la última década se ha observado un aumento en las películas realizadas por guionistas y directores orgullosos que son capaces de articular las ansiedades específicas que han sentido como resultado de salir del armario.

Así, "Levíticus" es una obra particularmente instructiva dentro del subgénero porque no se centra en el terror que surge del descubrimiento de la propia sexualidad, sino que muestra la locura devoradora de quienes amenazan con imponer sus creencias retrógradas a los demás. Es especialmente visceral por ser una historia de iniciación, y los personajes resultan aún más invisibles debido a las dudas inherentes a su juventud.

"Levíticus", en suma, es un excelente debut para Adrian Chiarella y una magnífica oportunidad para que sus jóvenes protagonistas brillen, ya que poseen el naturalismo y el carisma necesarios para desarrollar una premisa tan ambiciosa. La lógica interna es lo suficientemente coherente como para evitar distracciones significativas, y las emociones son tan intensas que cualquier momento ligeramente confuso puede pasarse por alto gracias a la fuerza de las historias de los personajes. 2026 ya se perfila como uno de los mejores años de la historia del terror, y "Levíticus" es una joya intimista, perturbadora y con matices temáticos que no debería pasarse por alto.


Comentaris

  1. Entonces el demonio es " invocado" o viene tras el intento d "exorcismo" para heterosexualizar a los protas? Pues vaya exorcista!! Supongo q la peli kiere exponer más q los demonios, o el mal, somos nosotros mismos ( el pueblo en ese caso), por el tema de los prejuicios y la imposición antes q el amor( su q se dl mismo sexo)....lo mejor es la cita bíblica inicial del Levítico, y el título d la peli. Salu2

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