ESTACIÓ DE BOIRA; El primer amor



Se conocieron en medio de un paseo de Barcelona. Al principio, fue ella quien se le acercó. Le preguntó por una calle y él le dijo: “Chica, estoy pillao”. Ella no le comprendió y le dijo: “Oye, chaval. No me vaciles”. Entrecruzaron las miradas y surgió un poder entre ellos que les atrapó. Nunca antes habían sentido esa atracción por alguien. Se dirigieron a casa de él. Una vez allí él le dijo: “Mira, gachí, Esta es mi guarida y a partir de ahora, tú serás la reina de la casa y de mi corazón”. Ella, un poco tímida al principio, le anunció: “Nene, no te confundas, que conmigo ya han jugado antes y tengo el corazón partío”. Se besaron y poco a poco se despojaron de sus vergüenzas e hicieron el amor. Todo fue pura magia y se quedaron dormidos. Cuando despertaron estaban enganchados y atrapados por un manto de seda que no les permitió moverse. Solo podían abrazarse y besarse. Eran muy jóvenes. El mundo era de ellos. El primer amor, la primera mirada de rosas en el aire y jazmines en la falda. Seguro que nunca lo olvidarían. Estaban dulcemente perdidos. Sus corazones se engancharon y anclaron en lo más profundo del mar. Sus ojos fueron agua cristalina y en esa agua flotaron y flotaron hasta llegar al lugar de las sirenas que los acogieron para siempre con sus cantos y colas plateadas.

 

Eva

 

El primer amor

El amor es un estado de pasión y romance que a todos nos acontece en nuestra vida tarde o temprano, un estado que nos hace felices, pero también muy vulnerables.  Es dulce a la vez que amargo, un arma de doble filo.  Es bonito, pero duro.

Cuando acontece el primero, el primer amor nos coge de improviso, no nos avisa y nos coge con la falta de experiencia propia de la edad temprana.

Pero parece que no sea así, pero yo firmemente creo que el primer amor no es aquel que cronológicamente es el primero, sino que hablamos de primer amor cuando amamos con piel y alma a alguien, cuando encontramos a ese otro yo que nos hace sentir como si llegáramos al hogar, a un hogar donde todo es dulce y apasionado.

Sí, se ama una vez en la vida y ese primer y único amor permanece en nuestra memoria.

Pero, ¿Qué es el amor verdadero del que estamos hablando?

No es meramente atracción física, no es tan solo una gran amistad y complicidad al término máximo, es el súmmum de los sentimientos, una oleada de pasión y bienestar.

Sentirlo, vivirlo, tener el privilegio de estar enamorado así es cosa de muy pocos y solo surge, a mi parecer, una sola vez en la vida.

Podemos tener suerte y quedarnos para la eternidad con ese primer amor o que, por circunstancias varias lo perdamos, los seres humanos tendemos a perder las cosas que más nos importan por darlas por hechas.

Desde luego ese primer amor en los dos casos expuestos queda muy dentro de nuestro ser y nos encamina hacia un sitio u otro, pero jamás olvidaremos ese dulce rostro angelical, aquel que con rozarnos el brazo volábamos al mismo cielo, aquel que con una palabra de sus labios nos hacía estremecer en los más profundo de nuestro corazón.

Se oye música de fondo y respiras diferente, el mundo se ve maravilloso y puedes con todo, sin más, estás enamorado, del primer y único, primer amor.

Carolina Roca


El primer amor

El primer amor, pudieron ser muchos.

Pero eran chicos tímidos

Uno en particular

Callada me llegó al alma

Compartíamos miradas

Se insinuó en un papel, aquella palabra Always

Sabía q era un siempre, aún se clava el corazón

El recuerdo q no marcha.

Se parecía a su madre

El tiempo y el infortunio, complejo y enfermedad hizo q escupiera al Cielo.

Se merecía una mujer mejor y más preparada, era lo q yo pensaba y esto fue una traición y un perderlo para siempre. Y muy hondo quedó aquella singular, única y tierna belleza, q limpio, puro e inocente, sentir el primer amor, aún , me tiemblan las piernas, cuando al cabo del tiempo, se marchó aquella belleza, q no parecía el mismo, lo vi, y sentí vergüenza, y no pude detenerme, parecido a un frío adiós, debió quedarse parado, no sabía q decir, y me volvió a traicionar la vergüenza y el recuerdo, sin saber, pues, era el amor q aún callaba las lágrimas de aquel entonces, cuando perdía el destino de quien pudo  o no pudo, porque se cruzó el destino, el deseo de aún, en silencio, ser mi amado.

 CRILAMI

 

El primer amor

Cuando hablamos de un primer amor, la mayoría de la gente piensa en el amor romántico (puro e inocente) de la infancia o primera juventud, pero a mí lo que me viene a la cabeza son los libros. Ya antes de saber hablar (y por supuesto leer), adoraba los libros. O eso me dicen, tampoco me acuerdo. Lo que sí recuerdo es a mi abuela y a mi madre leyéndome enormes libros llenos de dibujos maravillosos en los que los protagonistas vivían aventuras inolvidables, ya fueran costumbristas o bien de fantasía. Para mí, siempre era el mejor momento del día, podría haberme pasado así horas, aunque normalmente aquello solo duraba hasta que se cansaban de leerme una y otra vez la misma historia.

Ah, ojalá volver a ser peque y redescubrir mi amor por la lectura ♥

   Aritz Peña


MI JULIETA ERA UN ÁNGEL

Todos los primeros amores deberían pasar en la adolescencia, cuando eres ingenuo, inocente, sólo piensas en esa chica y no le puedes encontrar ningún defecto. Cómo Romeo y Julieta, 16 y 14 años, capaces de enfrentarse a todos y a todos por vivir su amor, o lo que ellos creían era amor.

A mí me pasó en el instituto. Se llamaba, se llama, Ángeles. Llegó de la nada a mí clase para cautivarme y seducirme. Era rubia y muy alta. Una preciosidad. Y para nada altiva. Cómo era nueva, encontró la ayuda totalmente esperada de un veterano como yo. Pronto se dio cuenta que me gustaba mucho. Los rubores, el tartamudeo y las incoherencias verbales me delataban.

Y ella actuó con honestidad. No sé apartó de mí, pero no dio por alguno a qué creyera era correspondido. E iba a su casa, a la playa juntos (ay, ese bañador negro) y bailamos juntos en Apocalipsis mientras se descalzaba para que yo estuviera a su altura.

Pero ella estaba enamorada del chico más guapo, con diferencia, de clase, Xavi, viejo amigo mío, que no le daba bola. Cómo entonces sólo pensabas en el bien de tu amada, hice de ciccerone y poco a poco organicé citas entre ellos. Y él, asombrado por lo que descubrió en ella, también cayó rendido a sus pies, no descalzos porque él también era alto.

Se casaron y tuvieron dos hijos. Aún siguen juntos. En el 50 aniversario de un amigo íntimo, nos reunimos de nuevo. Estaba más guapa que antes. Se la presenté a mi hija como mi primer amor y ella reía que siguiera así después de décadas. Le dije a las dos "es verdad, lo fuiste, y no me diste tiempo a encontrarte ninguna imperfección".

Cuando regresábamos a casa, mi hija me dijo era mucho más guapa que su madre y, más importante aún, era muy simpática. Le pedí no le contara eso. Aunque fuera la purita verdad.

Juanmi, aquél que voló sobre el nido de un cuco


Jovencito confuso

 El cómico Ignatius Farray, denominaba así, de broma, -jovencito confuso- a algún incauto joven que elegía al azar y les hacía dudar de su supuesta heterosexualidad (palabra demasiado larga) en el programa “La vida Moderna” presentado por David Broncano, que era el conductor en Radio Madrid, de la Cadena SER. Yo mismo me pregunto por qué tengo que ser tan minucioso con los datos…Pero mira, no soy un dibujo animado con vestido rojo apretado, pero… “Es que me han configurado así” todo esto de la confusión (que no la inventó Confucio) viene a cuento porque estaba yo enamorado (mi 1er amor) de una niña, de cuyo nombre no consigo acordarme, a la que le regalé un Single de Pedro Marín que ella “sutilmente” me había dejado caer que le gustaba. Pero que ¡curioso! Por aquella época, viajé a Añora, en la provincia de Córdoba. Y digo lo de curioso, porque estando allí en las fiestas de mayo, conocí a otra niña… (estaba yo que no paraba de 1° amores) no solo me acuerdo de su nombre, sino de sus dos apellidos: Soledad Gómez Lablanca. Y de mi compañera de colegio… sí, la de Pedro Marín. No me acuerdo ni de su cara. Y eso que la veía, ¡todos los santos días! Y es que el baile une mucho, y aquella noche bailamos todas las de Los Pecos, que son

propicias, para achucharse mucho. Soledad, a pesar de su nombre, tenía 11 años, y vivía en Madrid. Días después, cuando ya estaba en Barcelona yo, le envié un regalo muy personal… una cinta cassette, grabada ¡por mí! (que dios me perdone) solo espero que la dicha grabación, se la haya tragado el tiempo. Y no quede de ella, ni rastro.

        Aloisius 30-IX-26    

        Aloisius 30-IX-26



 


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