ESTACIÓ DE BOIRA; retrobament

 


Tres reencuentros

Primer reencuentro

Vuelves a ver
a esa persona
que el tiempo
dejó en el camino,

y te aplasta
su transcurrir;

trozos de historia
vuelan con el viento,
entre la lentitud
de su mirada
y el polvo de tus ojos.

Segundo reencuentro

En ocasiones los reencuentros no son lo que tú esperas o lo que espera el otro/otra, 

porque quieres recuperar cosas del pasado que ya no existen, incluyendo sentimientos que se van apagando con el tiempo... 

hasta que lo que queda son recuerdos a secas, y a veces ni eso: ni los recuerdos perduran ni maduran, sólo se pudren.

Tercer y último reencuentro

¿Puedo invitarte a un café?
por favor, no digas que no, sólo siéntate a mi lado o si lo deseas, caminemos buscando aire fresco

bebamos de esa taza después, y mientras tú me cuentas acerca de tus días,

no mancharé nuestro diálogo con interrupciones indebidas,

en mi defensa, diré: éste ciclo es un vaticinio, es el bálsamo que apartará la soledad, ya verás: todo será como antes 

Pero hoy, no convengamos frases o metáforas idealistas,

No; escucha, sólo nuestros pensamientos,

Ven, por favor, te mostraré el sendero que recorro ahora. Ése que se aparta de los pretextos, como cerrojos al romperse que se estremecen al quebrantarse,

Así, a lo largo de nuestra cita, afectuosa, sincera, en esta hora prometida: Tú y yo, juntos, recorriendo el camino de regreso, justo al inicio, y mucho antes de que terminara todo,

¿Por qué duele recordar? Lo necesitamos para sanar, encontrar la melodía que nos una, el perdón que nos reconcilie,

Por eso la taza de café, por eso mi pedido, haciendo a un lado la culpa, el miedo, y la desazón que corta como el hielo,

Ven por favor, siéntate conmigo, permite que te escuche,

déjame ser tu amigo, que éste sea un motivo para dialogar, y recuperar lo que hemos perdido.

Pero, pero... ¿Ni siquiera un cortado? ¿Un chupito? Si éste era nuestro bar, no te vayas....

Perdone, cancele el café con leche.

Por dicha te reencontré, después de quién sabe cuántas vidas,
sin buscarte, pero con la certeza de que algún día te encontraría;

sin saber cómo, sin saber cuándo, pero sabiendo que, en algún espacio, nuestras vidas se cruzarían.

No es casualidad que vuelvas otra vez, reconocí tu alma en otra piel,
resguardada en más historias y heridas que nadie ve,

Se que fuimos y nunca fué, 

tantas vidas y cada vez …me miraré en tus ojos y me encontraré, y así por la eternidad una y otra y otra vez

Mire, mejor póngame un carajillo de Baileys. Sí, me sentaré allí, como siempre fue. ¿Ah, que ahora es de 4 plazas? Bien, buscaré una mesa individual. Perdón.

Perdón. Quizá tuve que empezar por ahí...

Juanmi, aquél que voló sobre el nido del cuco

Cortar amarras 

    Siempre que me acuerdo, se me arquean los labios y esbozo una sonrisa. Una sensación de ternura recorre todo mi cuerpo. Dentro de mí, escucho ese tono de voz como desganado, pero sexy… veo su cara, y sus ojillos ¡tan graciosos! Pues parecían siempre adormilados. Sus modales, tirando a pijo, pero con encanto. Y cuando corría… (por ejemplo si el semáforo se iba a poner rojo) lo hacía, de una forma impostadamente elegante. Era divertido verlo.  -Corres muy elegante. Le decía… en cualquier caso, yo no detecté que cogiera la ironía.

    Eran las fiestas de la Mercè, había muchísima gente por las calles, yo la verdad no me percaté de nada, pero de repente, oigo una voz más alta que el murmullo de la multitud, llamándome: -Hey Román!  Y se acerca. -¿Cuánto tiempo ha pasado no?

   A mí el corazón me dió un vuelco, la Mercè, había propiciado este reencuentro tan deseado por mí. No dije una palabra, no podía hablar.

    -Bueno, oye… me ha encantado volver a verte!

    Y se fue… Con sus modales de siempre.

    Definitivamente, no se cortar amarras.

Aloisius 15-VII-26

 Los reencuentros

En la navidad de 2027, la familia de los Wilson celebra la navidad conjuntamente, estaban los hijos, los padres, los abuelos, los tíos, los sobrinos… en fin la familia al completo.

Pero faltaba alguien la cena no era la misma que todos los años. Pero no fue hasta la mitad de la cena que alguien tocó el timbre y todos corrieron a abrir la puerta, y cual fue su asombro que apareció por la puerta la hija del señor Wilson. ¡Se abrazaron efusivamente! Y la invitaron a pasar a la cena. Pasaron unas buenas vacaciones en familia.

Joaquín 


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