Todo
lo que sé sobre el verano
De
ser una de esas personas que sobrevive a duras penas durante la época de calor
y renace cuando llega el otoño, pasé a convertirme en una especie
de estudioso del corto y feliz invierno cuando la primavera y ése otoño
desaparecieron.
Siempre
he mantenido una relación conflictiva con el verano. A continuación me
quejaba de que estos meses, como la Navidad, son una época socialmente
designada para ser feliz, y a mí ser feliz y disfrutar de la vida no eran
actividades que se me dieran demasiado bien, sobre todo cuando me las imponía
una fecha.
¿Pero
qué significa tener un verano que dura mínimo 6 meses? El infierno, claro.
Nos
lo demuestra la ficción y la cultura popular: es una estación tan evocadora,
tan conectada con los sentidos, que a menudo se convierte en un personaje más
de las historias. Por eso, nuestros recuerdos se mezclan con escenas de
películas, novelas y anuncios. Y es aquí donde radica el peligro. Éste
imaginario colectivo puede actuar como un canon imposible que empañe la propia
experiencia, haciéndonos pensar que nuestro verano nunca está a la
altura. El truco para evitar ésto es no tomarlo como una lista de
requisitos imprescindibles, sino como una especie de buffet donde
escoger lo que más encaja con nuestra realidad.
¿Qué
resortes emocionales activa el eterno verano en nosotros?. Como nada
experto veranólogo puedo afirmar que abre puertas en la memoria y nos conecta
con aquellos que fuimos en otros años. Me atrevería incluso a decir que la
clave de este mecanismo se encuentra en la infancia: de niños el verano era un
tiempo más nuestro que el de ninguna otra estación. Cambiábamos de rutina y
disponíamos de tardes eternas que llenar con nuestros juegos o con un tipo de
aburrimiento que solo se experimenta a esa edad y se echa de menos toda la
vida. De ésos días, la memoria guarda una selección caprichosa. Aquellos
veranos brillantes y perfectos que recordamos quizá no duraron más de una
semana. Y aquellos miserables tampoco.
Una
vez que hice las paces con los veranos tristes de mi vida, dejé de vivir la
estación en una comparación permanente.
Por
eso sé que éste será el mejor verano de la vida de muchos adolescentes, ése que
recordarán cuando sean mayores, sé que será el verano más doloroso de alguien
porque estará viviendo un duelo, una ruptura, un despido, o quizá lo estará
pasando en un hospital. Sé que habrá madres lactantes que recordarán más las
horas de madrugada que el resto del día, sé que hay quien lo sufrirá en casa,
sin vacaciones, pensando erróneamente frente a la pantalla del móvil que el
resto del mundo es mucho más feliz. Sé que habrá quien tenga una revelación
durante un viaje y vuelva a casa con el firme propósito de cambiar de vida.
Habrá quien se enamore y quien descubra algo de sí mismo que hasta ahora no
sabía. Sé que habrá veranos felices, veranos desgraciados y veranos que se
olvidarán sin más. Y todos ellos formarán parte de la historia de alguien,
tendrán sentido dentro de una vida.
Juanmi,
aquél que voló sobre el nido de un cuco
Frio
de amor
Y… Qué quieres que te diga, no fluye y
cuando no fluye esta es mi manera para que pase… Que pase… Lo que tenga que
pasar. Por ejemplo, si te digo: - 🎶 vacaciones de verano para mí, caminando por la arena
junto a ti.-
Así
de la nada, pensarás, (no me lo
vas
a decir porque eres muy “polite,” para esas cosas) pues eso, pensarás… -Tus
neuronas, no están haciendo bien su trabajo, muchacho.-¡Ves! Ya me estoy
poniendo en una realidad alternativa, que puede que haya creado yo, siendo un
poco…prejuicioso. Lo cierto es que tiendo a imaginarme, inventarme, o
directamente decir, diálogos de películas que he visto en el cine en la tele o
que recuerdo vagamente de alguna lectura compulsiva. lo que canturreaba al
principio de las vacaciones, es de un tema de los 60, creo… puede que haya
salido en alguna peli. Y es que el cine en el cine me “sulibeya” que dirían los
de Palacagüina; esa ceremonia de entrar al cine, las luces que se apagan, y la
gente queda en silencio mirando la pantalla y su luminaria.
Por
eso me molestan tanto esas individualidades, que no cumplen la básica norma. El
otro día por televisión, vi a un jovencísimo Carlos Larrañaga, estaba con
amigos de su edad, En la terraza de un café, se le veía preocupado por algo…
sus amigos se van y él se queda sentado taciturno.
El camarero que lo conoce, le dice: -¿no te
vas con tus compañeros al cine?
-Nooo.
(le responde, parco)
-buena
decisión, hace mucho calor para meterse en un cine.
Claro, en esa época no había aire
acondicionado, pero el personaje de Larrañaga no tenía calor, tenía frío, frío
de amor.
Aloisius 28-VII-26
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