De cuando es difícil encontrar un final feliz
Héte
aquí la leyenda de un hombre que acudió, expresamente, hace décadas a un
establecimiento regentado por chinos donde, y aún se podía rotular así, ponía
bien grande "Masaje + Final Feliz". El ingenuo pagó a la
recepcionista sin más y le acompañaron a una cabina donde, al poco, entró una
guapa masajista. El joven no estuvo nada concentrado en el dichoso masaje con
aceite, ni siquiera le dijo nada acerca de la tendinitis de su hombro, poco le
importaba ese detalle. Tras quince minutos de silencio absoluto y toqueteos por
la espalda y pecho y sólo cubierto por una fina toalla, la chica dijo "ya
está, espero haya gustado". Y, y, y... ¡Se fue de la cabina!. Nuestro
héroe, desconcertado, no supo qué hacer y, después de un minuto dándole vueltas
al cerebelo, decidió vestirse e irse también. La recepcionista le preguntó si
me había gustado, otra vez, y el chaval balbuceó "Bueno, yo esperaba otro
final". Y fue entonces cuando la mujer china le contestó con una sonrisa:
"Ah, pero eso tener que pedirlo antes de entrar, ser más caro y nosotras
no saber si tú querer. ¿Quieres otro con final feliz, feliz?". Y se
despidió, de nuevo balbuceando diciendo: "No, no se preocupe, ya he tenido
bastante final por hoy". Pensó que ya le pareció ajustado el precio, ya.
Pero,
inasequible al desaliento, buscó en el periódico, cuando aún se publicaban
anuncios de índole sexual, un local no chino donde prometieran final feliz.
Ésta vez sería claro al respecto. El anterior final había sido ambiguo, como el
de "Casablanca". Así, se dirigió a un local del Eixample que le
pareció decadente, pero lujoso. Un conserje le pidió su chupa de cuero para
guardarla y le invitó a pasar y sentarse en una mesa, todo a oscuras, y pronto
vendría a atenderle una señorita. ¡Ep! Aquí había nivel y profesionalidad, sin
confusiones. Al poco llegó una joven con acento andaluz que pidió
inmediatamente una botella de champán antes, dijo, de pasar a mayores. ¿A
mayores? El chico de la chupa pensó que le llevaría a un reservado o
habitación, ya que un masaje ya bebido pues como que se lo saltaba. Después de
unas copitas que sólo tomó el temerario joven, y eso que le iba sirviendo a
ella también, la atractiva muchacha le dijo que pagara la botella y le
acompañara. ¡Por fin sabría qué era un final feliz - feliz!. Más a la hora de
pagar, no pudo evitar preguntar al camarero, dado lo elevado de la consumición,
"pero, pero ¿ésto comprende TODO, verdad?". Y el camarero, sin perder
la compostura le contestó "No, sólo es por la botella, el precio del
servicio lo ha de tratar luego con la señorita". El pobre, nunca mejor
dicho, le pagó al camarero y se atrevió a decirle a la señorita, ya puesta en
pie y aún más guapa en la oscuridad más profunda, "mira, mejor lo dejamos
para otro día, no tengo dinero suficiente". La chica, nada sorprendida, le
sonrió, le besó en la mejilla y le susurró "no pasa nada, guapo, ya nos
vemos otro día". Y ése fue el final, tampoco diría que feliz - feliz, con
nuestro protagonista sólo en la mesa pensando si tendría que pagar al
guardarropa y consolándose con la breve conversación que mantuvieron durante la
degustación. Ella le dió un consejo amoroso que nunca olvidaría: "sabes
qué hay que hacer para que un gato no se escape por la ventana? Frotarle las
patitas con aceite". Mira, ahí estaba el masaje seductor. Al menos, éste
lo consideró un final productivo.
Buscar,
buscar, siguió buscando finales felices a lo "Qué bello es vivir",
pero renunció a encontrarlo mediante anuncios.
Juanmi,
aquél que voló sobre el nido de un cuco
Triste Comienzo
Me ha dejado…
Porque yo le dejé… Deseé que me preguntara: <¿ existe alguna posibilidad,
por pequeña que sea, de salvar lo nuestro?> pero no lo hizo.
La vida no es
una película, pero como en esta, de Almodóvar, ~ La flor de mi secreto~ se
puede parecer bastante… En la vida, cuando la pareja se rompe, quieres dejarlo,
(al menos en mi caso) quieres dejarlo, para que la otra persona implicada, te
diga: - Vamos a intentarlo, ¡podemos arreglarlo! A mí, la mano de póquer, me
salió mal. Aunque al final, (con el tiempo) te das cuenta, que ha sido un final
feliz.
¡con el tiempo!
Porque en el momento… ¡estás, como la mierda! Sentado en una acera, llorando el
desahogo, (y como en una película) se pone a llover. Ya hacía rato que
descargaba la tormenta, pero yo solo me di cuenta, cuando pasó un coche a toda
leche, y me salpicó de barro toda la cara.
Pero hoy por
hoy sigo pensando, que fue un final feliz, el mejor dentro de todas las
posibilidades posibles.
A día de hoy,
todavía nos felicitamos el cumpleaños.
Aloisius 22-VII-26
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