(Sitges'25, Sección Oficial Fantástica: Uno de esos films que nunca
aprovecha del todo su intrigante concepto, que prometen más de lo que cumplen).
"LA MUERTE DE UN UNICORNIO" (de Alex Scharfman, EEUU, 2025)
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Uno admira mucho a la, en principio distribuidora y luego productora /
estudio estadounidense A24 por invertir en cineastas talentosos y darles la
oportunidad de arriesgarse desde la ya lejana "Todo a la vez en todas
partes". Lo han vuelto a intentar con ésta ópera prima, pero el
resultado final no es en absoluto un acierto pleno. Lo que intentaba, creo, era
ser una película de monstruos ingeniosa y perversa con un acentuado toque de
sátira de clase. El film combina fantasía y terror con giros inesperados,
fusionando géneros. Escrita y dirigida por Alex Scharfman, ésta película con el
sello A24 (conocida como decía por películas que suelen adoptar un enfoque poco
convencional en sus historias) se queda un poco en camino de nadie.
Lo que podría haber funcionado estupendamente como sátira, con algo de mitología, al estilo de las películas de serie B sobre la industria farmacéutica, no acaba de equilibrar el terror y la crítica social y, por ello, la magia no funciona. Y no es que no le vea virtudes, al contrario, está cargada de ambiciosas pretensiones con mucho humor negro y algo de gore, pero, para ser sincero, no estoy seguro de qué amalgama consigue al final... Mientras decidía si me gustaba o no, durante toda la proyección me pregunté: ¿a quién va dirigida? ¿Soy yo el público objetivo?... Y sigo sin saberlo.
EL INTENTO DE SER UNA PELI DE CULTO
Sin duda, se invirtió mucho tiempo y esfuerzo en la realización
de "La muerte de un unicornio". Tampoco cabe duda de que
los cineastas sabían que, con la trama de su película, y especialmente con su
título, su objetivo, aunque inútil, era convertirla inmediatamente en una
película de culto. Porque es sabido que las películas de culto se ganan ese
estatus de forma natural y gradual.
Por desgracia, el film parte de una premisa original y la rodea de
un sinfín de ideas a medio cocinar y personajes incompletos y nada
desarrollados. "La muerte de un unicornio" no es lo
suficientemente perturbadora para un público de terror especializado, ni lo
suficientemente entretenida para el público general. Quizá el autor se perdió
en el proceso, pues lo que podría haber sido una simple película de monstruos se
ha convertido, en cambio, en un comentario descarado y mal ejecutado sobre la
riqueza, con una subtrama forzada de padre e hija, porque, porque... ¿por qué
no?.
Veamos: Elliot (Paul Rudd) y Ridley (Jenna Ortega) interpretan a un padre
viudo y su hija, con la que mantiene una fría y distante relación, que
emprenden un viaje por carretera a una finca situada en un frondoso bosque,
propiedad del jefe de Elliot, el extremadamente rico pero enfermo terminal de
cáncer Odell Leopold (Richard E. Grant), director ejecutivo de una compañía
farmacéutica. También residen en la finca la esposa de Odell, Belinda (Téa
Leoni), su hijo, Shepard (Will Poulter), el mayordomo Griff (Anthony Carrigan)
y un grupo de sirvientes, científicos y militares de guardia. Rudd interpreta a
un abogado de una gran farmacéutica que está siendo evaluado para un ascenso y
tal vez incluso para un puesto directivo, por el poderoso Odell, quien lo invita
a un retiro en la finca privada de la familia, ubicada en una reserva aislada
en las Montañas Rocosas canadienses.
Como en las clásicas fábulas morales, la ambición y el intento de Elliot
(imposible no simpatizar con la vis innatamente cómica y de "hombre
común" del actor) de hacer de madre y padre a la vez, ha perjudicado su
relación con Ridley, una estupenda Jenna Ortega que parece el relevo de las
góticas Winona Ryder y Christina Ricci de antaño, quien ahora estudia historia
del arte en la Universidad (importante para poder explicar la particular
mitología y simbolismo de éstos animales fantásticos: en particular su conexión
con la serie de tapices medievales «La caza del unicornio», siete tapices que
representan una versión mesiánica de su raza, un símbolo de pureza que la
humanidad persigue, mata y resucita para su propio beneficio) y encuentra a su
padre un aburrido. Son ellos quienes mejor salen parados del estupendísimo (y
desaprovechado) reparto, ya que son los únicos que no interpretan caricaturas,
aunque queden finalmente desdibujados.
Elliott, accidentalmente, atropella a un unicornio con su coche de alquiler.
No está muerto del todo, pero parece estar sufriendo. Antes de morir, Ridley
toca el cuerno del unicornio y tiene una visión del futuro, aunque es demasiado
vaga para entenderla. La predicción es interrumpida cuando Elliott empieza a
destrozarle el cráneo al unicornio, convencido de que matarlo es más humano que
dejarlo sufrir. Entonces, por miedo a meterse en problemas, Elliott mete al
unicornio en el maletero del coche y se lo lleva con ellos, no me pregunten
porqué.
Inmediatamente después, las cosas se ponen raras. Ridley sufría de acné severo y de repente desaparece. Elliott, que padecía alergias, ya no las tiene y no necesita gafas. Al parecer, el contacto con la sangre del unicornio los curó y, cuando los Leopold, cuya fortuna, recuerden, reside en la industria farmacéutica, descubren el poder curativo de la sangre de unicornio (y su cadáver, claro), ven una mina de oro. Además, como Odell también comienza a mostrar signos de recuperación de su cáncer de colon, quiere descuartizar al unicornio para ver si pueden aumentar el valor de su empresa con esas facultades curativas. Él, su calculadora esposa Belinda y su fanfarrón hijo Shepard (Will Poulter, quién creerá puede hacerse más inteligente si inhala su cuerno y acapara los momentos más ridículos y divertidos del film) no pierden el tiempo y reúnen a su equipo personal de científicos para descifrar el código genético del unicornio. Elliot, dividido entre las súplicas éticas de su hija (quien inmediatamente se pone del lado de no utilizar lucrativamente al unicornio) y el atractivo de la seguridad financiera, se ve obligado a lidiar con las consecuencias de su propia culpa y dolor. Claro que no todo será tan fácil. Parece que el cadáver es de un unicornio bebé y sus padres quieren recuperarlo a toda costa, venganza y violencia explícita incluida. De todo lo que sigue y su muy ambiguo final les cito a su interés en verla.
PERSONAJES SIN INTERÉS
De hecho, la representación del clan villanesco de los Leopold resulta muy
decepcionante, y todos sus personajes son planos y excesivamente patéticos y
ridículos, fuera de lugar, carecen de la convicción necesaria para incomodarnos
de verdad. Los Leopold son una familia terrible, pero no lo suficientemente
extraña ni amenazante como para que nos importen. Sí, ya sabemos debemos
apoyar, al menos parcialmente, a los unicornios mientras empiezan a eliminar a
los miembros de la familia, pero no hace falta cargar las tintas en ellos para
que resulten odiosos, no hay matices ni sutilidad. De todos ellos, el único
miembro del reparto que realmente destaca sin exageraciones absurdas es Anthony
Carrigan, como Griff, el mayordomo de la familia.
Elliot y Ridley son personajes mal escritos, completamente unidimensionales
a lo largo de la película, reaccionando con relativa indiferencia al principio
y luego con una emoción muy tardía ante el caos que estalla a su alrededor.
Para cuando llega el momento inevitable en que Elliot y Ridley finalmente
conectan, su historia ya no interesa en absoluto. Los unicornios serían la
parte más interesante de la película si no se vieran tan ridículos con un CGI
que deja bastante que desear. Sin personajes o criaturas interesantes con los
que conectar, la película sólo puede recurrir a emociones baratas y sangrientas
acompañadas de críticas tediosas.
Sí, la industria de las farmacéuticas es corrupta. Sí, la riqueza desmesurada es, bueno, absurda. ¿Acaso necesitamos que nos griten estas lecciones tan obvias en una película sobre unicornios asesinos?. No, no las necesitamos. "La muerte de un unicornio" desperdicia un gran reparto y una premisa tonta (pero prometedora) en una película sobrecargada. A pesar de la premisa inverosímil, el film podría haber sido una emocionante película de terror. Cuando los unicornios son el centro de una ambientación moderna, no hacen falta más elementos fantásticos o ridículos que ellos.
UNA PREMISA ESTANCADA
La premisa sugiere una mezcla de sátira, fantasía y drama familiar que
podría haber ofrecido algo único, incluso innovador. Sin embargo, a pesar de
algunos destellos de potencial, la película se queda corta, lastrada por una
trama demasiado compleja, actuaciones irregulares y un tono que no termina de
definirse, nunca llega a explotar por completo su historia.
La película presenta una historia llena de sátira dirigida a la avaricia
corporativa y la experimentación científica poco ética, pero a menudo da la
sensación de estancarse en lugar de transmitir un mensaje significativo.
En esencia, la película es una crítica a la manipulación corporativa y
científica, pero la sátira es burda y carece de sutileza. El trato que los
Leopold dan al unicornio pasa rápidamente de la curiosidad científica a la
explotación, mientras forzadamente "La muerte de un unicornio" intenta
presentarse como una historia de moraleja con demasiada insistencia. El
importante comentario social se ve lastrado por la incapacidad de la película
para equilibrar su mensaje con sus elementos más fantásticos. La película
intenta ser a la vez una sátira mordaz y un conmovedor drama familiar, pero el
resultado es confuso. En lugar de que los ricos sean asesinados por la clase
baja o entre ellos, son corneados por los cuernos de una criatura mítica, lo
cual… acaba dándonos un poco igual.
La trama, claro, introduce una serie de ideas intrigantes, como los misteriosos poderes del unicornio y la forma en que los personajes reaccionan a estas habilidades, pero nunca llega a conformar una narrativa coherente. El ritmo se ralentiza en algunos momentos, y cuando la historia empieza a cobrar impulso, cambia de rumbo bruscamente, lo que dificulta que el público se involucre emocionalmente.
TONO DESEQUILIBRADO
Uno de los principales problemas de la película es su tono desequilibrado.
Fluctúa erráticamente entre momentos de humor irónico, absurdo oscuro y terror,
lo que resulta en una narrativa inconexa. Los chistes son irregulares y los
cambios de tono, especialmente durante los momentos más intensos y violentos,
resultan discordantes. La inclusión de los padres del unicornio que aterrorizan
a los personajes busca aumentar la tensión, pero también interrumpe el ritmo de
la película. Éstas inconsistencias tonales impiden que la película aproveche
todo su potencial, dejando al público con una experiencia extraña y algo
insatisfactoria.
A pesar de estos defectos, las interpretaciones de los protagonistas son muy
aceptables, aunque sea por el carácter que ya se les presupone por sus antiguos
papeles. Como el padre agobiado, Rudd aporta su característico encanto y
afabilidad al papel, aunque le cuesta realzar el material. Su sentido del humor
natural es evidente, pero la evolución del personaje no le ofrece mucho margen
de maniobra, lo que obliga a Rudd a hacer lo que puede con los escasos momentos
emotivos que ofrece el guion. Ortega ofrece una interpretación sólida y a
menudo reflexiva como una joven adulta melancólica y es el verdadero corazón de
la película. El dilema moral de su personaje es lo más cerca que la película
llega a alcanzar una verdadera profundidad emocional, y la capacidad de la
famosa "Miércoles" para transmitir tanto vulnerabilidad como
fortaleza en el papel es reseñable.
Y ya está. Cómo mencionaba, las actuaciones secundarias resultan algo insulsas. Grant, que suele tener una presencia magnética en pantalla, está lamentablemente desaprovechado en el papel del director enfermo. Las motivaciones de su personaje permanecen poco claras durante gran parte de la película. Cuando finalmente cobra protagonismo en la narrativa, parece más un recurso narrativo que un papel plenamente desarrollado. Poulter tiene dificultades para causar impacto, y su personaje termina pareciendo un arquetipo vacío. Y la añorada Tea Leoni es un añadido. La película parece desperdiciar a su talentoso elenco en papeles que no les permiten brillar, dejando a los actores lidiando con un guión falto de matices.
NI LOS UNICORNIOS CONVENCEN
Visualmente, la película no alcanza su máximo potencial. Los efectos
especiales generados por computadora (CGI) utilizados para dar vida a los
unicornios son, en el mejor de los casos, decepcionantes: las criaturas parecen
más personajes de videojuegos mal renderizados que seres mágicos. Esta falta de
pulido visual le resta magia y asombro a la película, especialmente si se
compara con otras producciones que han logrado recrear criaturas míticas con
mucha más maestría. El director Alex Scharfman emplea ocasionalmente
versiones robóticas de los unicornios, que resultan mucho más impresionantes
que las generadas por computadora, lo que plantea la pregunta de por qué no se
utilizaron en toda la producción. Las escenas con las criaturas se
desarrollan en la oscuridad (algo que quizás no sorprenda tratándose el
director de fotografía, Larry Fong, de un colaborador habitual de Zack
Snyder). Tal vez se deba a las limitaciones de recursos de la película, pero
los efectos CGI presentan movimientos extraños en planos caricaturescos que
resultan poco efectivos.
La dependencia de la narrativa en el gore y la violencia como elementos
cómicos también empieza a resultar trágicamente repetitiva. La muerte del
unicornio y la sangre que la acompaña parecen estar ahí solo para impactar,
aunque sea sólo un impacto momentáneo. Lo que podría haber sido un momento
conmovedor de peso temático se reduce a un chiste barato que socava la seriedad
del conflicto moral central de la película. Dicho esto, las escenas de muerte
son, como era de esperar, escandalosas y bizarras, y hay cierto placer en ver
cómo algunos de los personajes más detestables de la película reciben su
merecido.
El intento de la película por combinar terror y humor es quizás su mayor
defecto. En teoría, "La muerte de un unicornio" podría
haber sido una exploración cómica y oscura de lo absurdo de la avaricia
corporativa, pero la ejecución se queda corta. Los elementos de terror, que
podrían haber generado tensión e inquietud, quedan sepultados bajo capas de
humor forzado y gore exagerado. El resultado es una película que no logra
provocar ni sustos genuinos ni risas, resultando insípida y, en definitiva,
olvidable. Las inconsistencias tonales son chocantes, dificultando la conexión
con los personajes o la historia a un nivel significativo.
Sin embargo, es verdad que hay algo intrigante en la exploración que hace el guion de las consecuencias morales de explotar la naturaleza y la ciencia para beneficio personal. Si bien la ejecución deja mucho que desear, la película plantea interrogantes interesantes sobre hasta dónde están dispuestas a llegar las personas para conservar su poder y riqueza, y hasta qué punto están dispuestas a sacrificar aquello que da sentido a la vida. Aun con esta premisa que invita a la reflexión, la película finalmente se queda corta en su ejecución. El tema subyacente de la importancia de la preservación, particularmente en relación con la naturaleza y la inocencia, queda eclipsado por el ritmo errático de la película y la falta de resonancia emocional.
CONCLUSIÓN
En definitiva, la película ofrece la sensación de haber merecido más.
El concepto tiene un gran potencial, con su sátira sobre la avaricia
corporativa y su análisis de las consecuencias morales de la explotación
científica. Sin embargo, se ve lastrada por actuaciones irregulares, un tono
incoherente y una falta de profundidad emocional. Los pocos momentos
destacables, como la interpretación matizada de Ortega y la sátira sobre los
excesos corporativos, no bastan para compensar las numerosas deficiencias de la
película.
Ésta algo insípida mezcla de la serie
"Succession" mezclada con "Jurassic Park" no es
lo suficientemente ingeniosa como para funcionar. Eso sí, la banda sonora de
Dan Romer y Giosuè Greco mezcla de forma ingeniosa temas de estilo fantástico
con un trabajo de sintetizadores más al estilo de John Carpenter (el director y
compositor estuvo vinculado en un principio a componer la música del film).
Puede que la película encuentre su público entre quienes aprecien su humor
negro y su apuesta poco convencional. Para muchos otros, entre los que me
incluyo, "La muerte de un unicornio" seguirá siendo una
oportunidad perdida. Es una película que intenta equilibrar el terror y la
crítica social, pero al final, no logra que la magia funcione. La película da
por sentado que el público se interesará por los personajes y la trama
simplemente por el hecho de estar viéndola, el pecado capital de la escritura
de guiones. A medida que avanzamos a trompicones de una escena caótica a
otra, resulta cada vez más difícil interesarse por el desenlace, y cuando
aparecen los créditos, lo único que queda es una sensación de decepción en sus
104 minutos de duración.
EXTRAS
1) DÓNDE VERLA: Éste superficial film, curiosamente
clasificado, aviso, para mayores de 17 años por su ¡fuerte contenido violento,
escenas sangrientas, lenguaje explícito y consumo de drogas! podéis verlo y
opinar por vosotros mismos a través de plataformas de streaming como
SkyShowtime España o Movistar Plus+. También está disponible para alquiler o
compra en plataformas digitales como Apple TV y Prime Video.








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