UNA REESCRITURA EN CLAVE TERROR Y MACABRA DE "LA CENICIENTA"
NOS RECUERDA QUE LA BELLEZA DUELE
(Sitges'25: La ganadora del Festival, donde la "fea" hermanastra
que da título al film pasa a ser la protagonista. ¿Está a la altura del gran
premio?)
"LA HERMANASTRA FEA" (de Emilie Blichfeldt, Noruega, 2025) ⭐⭐⭐⭐
Que éste film noruego iba a estar en las quinielas para optar al premio
gordo del Festival estaba cantado: aquí, desde hace ya muchos años, se premia
la mirada femenina / feminista en las participantes de la Sección Oficial. Que
además fuera la ópera prima de la directora y guionista Emilie Blichfeldt y el
reparto, evidentemente, fuera casi todo femenino (como el propio cuento),
encabezada por dos hallazgos, ambas modelos y actrices, Lea Myren y Thea
Sofie Loch Næss, sólo añadía más puntos a la apuesta de la prensa (si acaso
rivalizando con "Obsesión"). Además, el relato reinterpreta el
cuento de hadas de "La Cenicienta" desde la perspectiva de
una de las hermanastras (opción absolutamente feliz) y explora los cánones de
belleza y la mutilación corporal (sí, el original de los Grimm tenía puras
escenas de body horror que aquí el film recupera) en una sociedad puramente
patriarcal.
Aquí no habrá tiempo para discutir si la reescritura de cuentos antiguos
para subvertir su mensaje original es válida o no (debate que podríamos aplicar
a toda la literatura hasta el siglo XXI). No hay duda que es un fenómeno
creciente, que para sus partidarios busca eliminar estereotipos dañinos,
promover la igualdad de género y dar voz a los antagonistas, exactamente lo que
propone el film, con su deconstrucción de roles buscando el empoderamiento y el
amor propio o dar voz a las teóricas "villanas", lícito porque toda
historia conlleva muchos puntos de vista. Yo estoy a medio camino entre las dos
posturas: la que argumenta que adaptar los textos infantiles es necesario para
educar en los nuevos valores, evitar machismos y reflejar la sociedad actual,
que no los que buscan conservar la lectura original explicándola y que rechazan
la cultura de censurar o hacer políticamente correctos (que incluso eso varía
con el tiempo y evita subversiones) esa literatura "infantil".
Curiosamente, yo estoy convencido que ésta versión recupera la versión original
en que las hermanastras llegaban a mutilarse el pie para que encajara en el
famoso zapato de cristal (Disney no se atreve) y que hace creíbles los
comportamientos de la madrastra, sin duda la arpía de la cinta y sus dos hijas,
una que nos dará sentimientos de pena y otra que se erije en la auténtica
personaje positiva, por no decir que La Cenicienta se nos muestra terriblemente
ambigua y hasta cruel. Es decir, desarrolla de forma orgánica los personajes.
Todo un logro. Y sí, la belleza y no la bondad es lo que sigue triunfando (en
el cuento original, La Cenicienta posee ambas, ojo). En un giro irónico, la
chica de la calabaza rodante es la pragmática endurecida, mientras que la
hermanastra "fea" es la soñadora idealista, aferrada a su libro de
poesía romántica y a sus fantasías amorosas.
LA VIOLENCIA DE LA MIRADA MASCULINA Y DE LA MADASTRA
«La belleza duele», reza un cartel en la consulta del Dr. Esthétique
mientras él y una enfermera cosen un alambre bajo el ojo de Elvira (la
protagonista que da nombre al título, fantastica y bellísima en persona Lea
Myren) con una aguja. Mientras ella grita, llora y deambula por su oscura
casa con vendas ensangrentadas sobre los ojos, las manos extendidas, buscando,
buscando, recordamos: «La belleza duele», cuando sostiene un cuchillo de
carnicero sobre su propio pie, mientras se arrastra torpemente escaleras abajo
con la esperanza de encontrarse con el Príncipe.
"La hermanastra fea" de Emilie Blichfelft es una
exploración fantástica, macabra, de humor negro y profundamente empática de los
estándares de belleza, contada como decíamos desde la perspectiva de Elvira,
una joven y nueva hermanastra de Agnes (Thea Sofie Loch Naess), más tarde
conocida como Cenicienta. Elvira está acostumbrada a ser ignorada por su
apariencia, incluso a ser reprendida por ella en ocasiones por su madre
(maligna Ane Dahl Torp). Sonríe con la boca cerrada para ocultar sus aparatos,
se aplasta la nariz dolorosamente frente al espejo y odia examinarse el
estómago y los muslos. Es joven, pero, como muchas otras, ha aprendido
dolorosamente desde temprana edad que ser ignorada significa no ser nada.
Sueña despierta con casarse con el príncipe Julian (un no paródico y sí
cruel Isac Calmroth), sueña despierta con ser hermosa, y éstas fantasías se
convierten en su meta: si logra transformar su cuerpo lo suficiente, si logra
volverse hermosa, sea lo que sea que eso signifique, entonces finalmente será
amada, finalmente enorgullecerá a su madre, viuda que se casa con quién creía
adinerado padre de Agnes para acabar sospechosamente viuda de nuevo... Así,
Elvira pasa toda la película persiguiendo un ideal de belleza en constante
cambio. La muy dolorosa "transformación" no es la salvación; es
una artimaña, una estratagema que atraerá a los chicos pero no le permitirá ser
amada de verdad, es en verdad una destrucción de su identidad.
La autoimagen y la autonomía corporal han cobrado mayor relevancia en el
género del terror corporal en los últimos años. Películas recientes del
Festival del año pasado como "La distancia" (imposible no
nombrarla) o "Un hombre diferente" plantean también la
pregunta de qué significa estar atrapado en un cuerpo que te causa
dolor. En "La sustancia", Demi Moore es despedida
abruptamente de su espectáculo de ejercicios y reemplazada por una bailarina
más joven; en "Un hombre diferente", los sueños de
Sebastián Shaw permanecen tentadoramente fuera de su alcance ; y aquí ni
todas las cirugías, tenias (cuiden si estómago en esas escenas) y vestidos
mágicos del mundo le brindan a Elvira amor y validación: la transformación,
aunque atractiva, no resuelve ninguno de estos problemas. Quizás nunca se trató
del cuerpo en primer lugar, pero ¿Qué haces una vez que te has entregado por
completo, hasta la piel que cubre tus huesos?
La belleza de Agnes / Cenicienta es natural y Elvira no puede evitar desear ser como ella. Pero todo lo que Agnes posee de forma natural, Elvira solo lo obtendrá a través de sangre, sudor y lágrimas, así que se entrega por completo a ello, ingiriendo huevos de tenia y permitiendo que extraños la examinen y palpen si eso significa alcanzar la belleza. No le importa lo que tenga que sacrificar, incluso cuando su hermana, la única voz de la razón y que no depende de la opinión de los demás, incluida si madre, le advierte del dolor que podría sufrir.
EL DOLOR NO ES BELLO
La crudeza y la violencia explícita de la transformación de Elvira
demuestran aún más la paradoja del concepto de que "la belleza
duele". El dolor no es bello; es repugnante. Son gritos despiadados, el
constante rugido del estómago, sangre, enormes tenias, vómito, agujas, llantos
e impotencia. La película no escatima detalles a la hora de mostrar al público
el horrible daño que sufre el cuerpo de Elvira, y en particular, no podrán
olvidar una imagen espeluznante de sus dedos del pie casi amputados, sujetos por
una fina línea de piel.
Lo más espeluznante y actual del film (increíblemente) es que muchos de
éstos procedimientos (salvo la amputación de dedos) siguen ocurriendo hoy en
día. Puedes tatuarte el delineador de ojos, tomar productos dietéticos que te
revuelven el estómago y te dejan con hambre constante, operarte la nariz o los
senos, o lastimarte de mil maneras. La crudeza de estas imágenes parece
proclamar: esto no es belleza, ni amor, ¿por qué pretendemos que lo sea?
Un aspecto singular de este tema que aborda la película, de una forma
que no suelo ver en otras de temática similar, es la idea de que los estándares
de belleza son imposibles de alcanzar, sí, pero también están en constante
cambio. Se espera que las mujeres sean delgadas hasta que dejen de serlo, y las
curvas están de moda hasta que dejan de estarlo, y siempre hay algo más que las
reemplaza después de que tantas mujeres hayan realizado cambios irreversibles
en sus cuerpos (como decía al principio, lo políticamente correctos también va
variando).
Al principio, Elvira se ve a sí misma como una chica rara y poco atractiva para el Príncipe (del que adora un libro recopilatorio de poesías, es decir, parece también intelectualmente atractivo), sobre todo como un objeto sexual; quiere que él la desee. Un día, se lo encuentra por casualidad en el bosque y, en lugar de un saludo cordial, mientras conversa con sus amigos, él la mira y le dice: «Yo no me acostaría con esa». Con «esa» se refería a Elvira, una joven que lo idolatraba y admiraba. Este encuentro no hizo que ella deseara menos al Príncipe; simplemente la impulsó a querer aún más convertirse en alguien que le atrajera.
LAS ENSEÑANZAS DE SU MADRE
Ella acepta la devaluación y la cosificación de su cuerpo porque no puede
comprender que la idea de amor a la que está tan entregada —la idea de amor del
Príncipe, extraída de sus, añadiría , posiblemente falsos, libros de poesía— no
sea real, y porque es el mismo tipo de devaluación que presenció e interiorizó
de su madre, que detestó y utilizó a sus dos maridos: Al principio, la relación
entre las nuevas hermanas es cordial; Elvira claramente idolatra a Agnes, quien
inicialmente la recibe con los brazos abiertos, pero tras la inesperada muerte
de su padre, la relación entre Agnes y su familia política se deteriora. Agnes
es cruel con Elvira, mientras que Rebeka se niega cruelmente a pagar el
entierro de Otto y la relega al papel de sirvienta en su propia casa.
Pronto llega la noticia de que se celebrará un baile para todas las jóvenes
solteras casaderas para que el príncipe Isak elija a su esposa. Elvira está
extasiada, mientras que Agnes ve en el príncipe una forma de escapar de su
cruel madrastra. Pero Agnes ya es considerada una gran belleza y una excelente
bailarina; Elvira no.
Lo peor de todo es que, por un instante, su sacrificio funciona. Se muestra
sexy, realza sus pechos con su vestido, se inclina ante el Príncipe y sus
hombres, plenamente consciente de dónde se posarán sus miradas, y protagoniza
un número de baile al estilo de las coristas, con grandes plumas y una
coreografía sencilla a juego: el Príncipe la elige, pero sólo al
principio. Todo se arruina cuando Cenicienta entra en la habitación. El
Príncipe abandona inmediatamente a Elvira y se acerca a ella, se siente atraído
por la chica de azul como en trance.
Todo este trabajo, toda esta lucha, dolor y dificultad para transformarse en alguien que el Príncipe quisiera es inmediatamente inútil; la chica que él eligió se cubrió la cara con una máscara, usa un vestido tan esponjoso que es imposible discernir el tamaño de su cintura, su estómago, partes que Elvira casi se mata tratando de encoger.
EL DESEO DE LOS HOMBRES
Esto pone de manifiesto un doble rasero aún arraigado: Los hombres pueden
sentirse con derecho a mirar, a desear y a mirar con lujuria a las mujeres,
animándolas a volverse más "sexys" o a resultar más atractivas para
su mirada violenta, pero solo consideran dignas de amor verdadero a las mujeres
que son "puras".
El príncipe deshumaniza a las mujeres con las que quiere tener relaciones
sexuales cuando conversa con sus amigos en el bosque, pero sus poemas sobre el
amor son puros y dulces, y eso se debe a que su visión de la feminidad se
define únicamente por lo que las mujeres pueden ofrecerle. Como miembro de la
realeza, se siente atraído por las mujeres que le ofrecen sexo, pero las
deshumaniza, sin interés en sus mentes, almas o palabras; sin embargo, cuando
busca una mujer con quien casarse, se siente atraído por la pureza, y la
máscara y el vestido azul celeste de Cenicienta que le permiten proyectar todas
estas fantasías (sí, él también las tiene y de raíz cultural por su estirpe)
sobre ella, independientemente de si son ciertas o no; la historia deja claro
que Cenicienta no es virgen.
Todas las mujeres de la película, a excepción de Alma (Flo Fagerli), la hermana de Elvira, se dedican constantemente a fingir para los hombres. Cenicienta no tiene ningún interés en el Príncipe como persona, pero necesita seguridad económica, como su madre, así que se transforma para él, mostrándose como un lienzo en blanco. Incluso Rebeka, la madre de Elvira, a menudo tiene que sacrificar su cuerpo para costear las cirugías y los vestidos de su hija.
LA HERMANASTRA BUENA Y EMPODERADA
Alma, la hermana de Elvira, se ha liberado temporalmente de las ataduras de
la feminidad; aún no le ha llegado la menstruación y pasa poco tiempo fuera de
casa. Por ello, suele vestir con ropa más masculina que las demás mujeres de su
entorno, y es la única que advierte a Elvira sobre sus acciones. A pesar de no
tener experiencia con la presión que sufre su hermana, es un personaje
sumamente empático y apoya a Elvira incluso cuando sus acciones distan mucho de
ser racionales.
Ella y Elvira son el verdadero corazón de la película. Alma existe durante la mayor parte del filme como una figura de apoyo en segundo plano, una silenciosa representante del público, que observa horrorizada cómo Elvira se autodestruye, pero también como un recordatorio de cómo era Elvira al principio: lo joven que parecía, lo dulce y tímida que era.
FINAL MÁS ADECUADO Y ESPERANZADOR DESPUÉS DEL HORROR
Al final, la película se aleja del cuento tradicional de
Cenicienta e incluso de la versión de los hermanos Grimm, donde las
hermanastras son atacadas por palomas que les sacan los ojos. Aquí, en cambio,
Alma rescata a su hermana, le da el antídoto para las tenias, la ayuda a
preparar una maleta y la lleva afuera, junto a los caballos, para que puedan
escapar juntas, lejos de la casa, la madre y el reino que llevaron a Elvira a
hacerse daño de esa manera. Es un final mucho más amable y esperanzador que
rechaza, por fin, la idea de que las hermanastras merezcan un castigo por su
trato a Cenicienta y, en cambio, cree que las tres chicas intentaban sacar el
mejor partido de sus propias circunstancias.
La película depende por completo de la actriz principal, Lea Myren, y ella
interpreta el papel con una vulnerabilidad bellamente y adecuadamente
imperfecta. Incluso en los pequeños momentos, el público se encariña con ella,
con esos destellos de ilusión que iluminan su rostro y luego con las
decepciones y los rechazos que lo vuelven a hundir. Al llegar al clímax, Elvira
se ha perdido a sí misma, consumida por el resentimiento, la rabia y un dolor
inmenso, pero nunca da la impresión de ser alguien irrecuperable. Su caída no
es cómica ni catártica; es una tragedia, un descenso a la locura provocado por
circunstancias externas terribles.
He ahí la subversión: En la Cenicienta original, las hermanastras
son vanidosas, egocéntricas y absortas en su apariencia a pesar de la falta de
profundidad de sus almas. Sin embargo, aquí, Blichfelft insiste en que el
público recuerde que la profunda obsesión de Elvira con su aspecto no se debe a
una alta autoestima, sino al autodesprecio. Ella interiorizó la forma en que
los hombres la miran y se convenció de que tal vez es mejor ser deseada que
amada. Tal vez el deseo implica violencia. Tal vez el
deseo es una meta simple, alcanzable con solo un poco de dolor.
El final de la película decreta que tal vez esta versión de la belleza definida por los hombres y la sociedad sea dolorosa, pero tal vez la única manera de encontrar el verdadero amor y la libertad sea dejar atrás esos estándares y reglas: las mujeres deberían apoyarse mutuamente en lugar de destruirse entre sí (en el cuento no hay amigas ni amabilidad, sólo competidoras). La belleza duele, pero no tiene por qué ser así.
TAMBIÉN UNA SÁTIRA IMPERFECTA
El film también es ambiguo deliberadamente: A medida que Elvira se doblega
ante los caprichos de su madre y su profesora de baile, se vuelve cada vez más
vacía. Su amabilidad inicial se transforma en una fealdad interior a medida que
se vuelve vanidosa y egocéntrica, sin siquiera darse cuenta de que su amado
Príncipe podría no ser tan perfecto como aparenta.
Todos los cuentos de hadas clásicos venían con una lección -en «Cenicienta»,
la bondad finalmente es recompensada y el bien triunfa sobre el mal-. Quizás
seamos más escépticos ante tales ideales en la era moderna: En "La
hermanastra fea" hay muy poca bondad, y la desagradable
naturaleza de todos los personajes (salvo Alma y el mozo de cuadra con quien
Agnes se acuesta) crea una atmósfera amarga. Tal vez esta sea la intención:
crear un cuento de hadas donde todos son villanos/as. Pero, ¿por qué
castigar a Elvira con tanta crueldad por sus intentos de adaptarse a las
expectativas de la sociedad? La transformación de Elvira es física y mental,
pero no mágica: se vuelve cruel porque se vuelve hermosa. La
asociación entre belleza y maldad no es transgresora; al igual que "La
sustancia", aquí se opta por culpar a las mujeres por los
estándares de belleza imposibles que persisten y las convierte en los
personajes más crueles de la película. Los hombres se mantienen al margen,
recelosos y grotescos, pero en última instancia impotentes. El gore creativo de
la película por sí solo no puede disimular la fragilidad última del concepto de
Blichfeldt, que a veces, en pocas ocasiones, se reduce a un garabato
adolescente de sátira de cuento de hadas.
Si bien Blichfeldt merece reconocimiento por crear una historia tan
intrigante, cuyos elementos perturbadores la convierten en una experiencia
difícil de ver que nunca se reduce a un simple ejercicio de miseria, es difícil
definir con precisión qué pretende ser a veces "La hermanastra
fea". El conflicto entre ambas mujeres, Elvira y Agnes, es fácil de
comprender y empatizar con él, pero la estilización visual y el enfoque amargo
y satírico de la narrativa de cuento de hadas nunca convergen en algo concreto.
La película es una mezcla heterogénea de estilos, ya sea en las fantasías
oníricas de Elvira, propias de un videoclip, en la falta de compromiso con
cualquier ambientación de época, o en la forma en que cualquier emoción que no
implique el anhelo impotente de Elvira o la destrucción de su cuerpo no recibe
la debida atención.
Alma (Flo Fagerli), la hermana de Elvira, comprende perfectamente los
ideales de belleza que defiende la protagonista, pero queda relegada a un
segundo plano durante gran parte de la narración, para luego ser introducida en
la trama cuando se la necesita para hacer avanzar la historia. Incluso la
relación entre Elvira y Agnes se siente incompleta, sobre todo cuando la
dinámica de poder entre ambas cambia constantemente. Ninguna de estas jóvenes
es particularmente buena persona, pero tampoco son realmente malvadas,
simplemente amargadas y un poco desquiciadas por haber sido criadas en un
sistema tan rígido. Prácticamente se las prepara para que, figurativa y a veces
literalmente, se ataquen entre sí como dos animales salvajes enjaulados, donde
la búsqueda de la grandeza —en este caso, ganarse el corazón del príncipe
Julian— se considera que justifica sacrificar el bienestar y las relaciones
personales.
No puedo olvidar a mi adorada "Anora", también una historia moderna de Cenicienta sobre una trabajadora sexual de Brooklyn que se casa con el hijo de un oligarca ruso, y que posteriormente se convierte en una exploración del falso sueño americano, la autonomía femenina y la soledad. Creo que esa reinterpretación, al no publicitarse como tal, es todavía más perfecta.
UNA BOLSA PARA VOMITAR
Sí, eso era lo que regalaban a los espectadores del film en Sitges. Y es que
hay, al menos, media docena de momentos en que se puede necesitar. Emilie
Blichfeldt nos lanza un cóctel Molotov de cine transgresor, arrasando con el
manido cuento para bien y para mal. Al encontrar empatía en el mal, horror en
la belleza y perversidad en los cuentos de hadas, "La hermanastra
fea" es una experiencia maravillosamente repugnante y digna
del Festival, que nos ofrece las tenias y los gusanos que nunca supimos que
necesitábamos en las fantasías románticas.
Desde su inicio con humor negro, créditos en cursiva rosa y mayúsculas, una
mezcla extraña de música clásica y sintetizada, y un primer plano de un punto
blanco saliendo de la nariz de nuestro protagonista, Blichfeldt disfruta
jugando con nosotros de principio a fin, alternando entre humor ácido, realismo
depresivo y una tensión trepidante que te hace retorcerte en el asiento, a
menudo en cuestión de segundos. Su perspectiva es juguetonamente sombría y
desoladora.
Hollywood produce tantas películas de antagonistas y protagonistas que han
perdido toda la ironía, la crudeza y la frescura que tenían al principio. Pero
esto es Noruega, y desde luego no es la típica película donde el
villano se convierte en héroe.
La fotografía de Marcel Zyskind es sumamente sugerente, con una atmósfera que se sitúa entre la "María Antonieta" de Sofia Coppola y el gótico de los 70. Me encanta la saturación de color y oscuridad, tan característica del celuloide, que añade aún más profundidad y vitalidad a las ya expresivas composiciones de Blichfeld, con paletas sombrías y grises en momentos de realismo que dan paso a colores vivos en las secuencias fantásticas de Elvira. El sexo se representa como algo ajeno y de pesadilla, chocando violentamente con la visión ingenua del mundo de Elvira. Pero las verdaderas estrellas técnicas de La hermanastra fea son, sin duda, su diseño de sonido y sus efectos especiales. El crujido de la nariz y las pestañas postizas (ambas realizadas por un cirujano plástico primitivo y drogado) son solo un preámbulo para el épico final de Elvira con su machete, su arrastre y su vómito. El clímax de la subpelícula "Las hermanas contra la tenia" es una de las cosas más horribles que he visto en el cine, y es obligatorio advertir a las personas sensibles. También es reseñable la banda sonora basada en sintetizadores del compositor Kaada y la artista noruega Vilde Tuv, que, según Blichfeldt en la rueda de prensa, se inspiró en las bandas sonoras de género de los años setenta de Goblin y ¡Francis Lai!, aunque con un toque contemporáneo.
¿MERECEDORA DEL GRAN PREMIO?
Para su ópera prima, la escritora y directora noruega Emilie Blichfeldt
combina los elementos más brutales del cuento popular con una añoranza
fantasmal para crear una versión de Cenicienta donde la belleza es dolor para
algunas mujeres, pero la vida es dolor para todas.
La directora mantiene la ambientación histórica con pausas, por ejemplo,
mediante el uso de sonidos electrónicos modernos. Esto le otorga a la
actualización del cuento de hadas un carácter propio y efímero, y consigue
proteger a la película de caer en la exageración y el artificio propios de
tiempos oscuros, siendo más conciliadora y sensible en su trato con la
protagonista, sin caer en la ingenuidad ni la trivialización, aunque sí cierta
ambigüedad.
'La hermanastra fea' no se anda con rodeos a la hora de transmitir un
mensaje feminista: Blichfeldt nos muestra las estructuras y trampas del
patriarcado impuestas para restringir y deshumanizar a estas chicas. Vemos que
las jóvenes existen únicamente para casarse y ser entregadas a hombres ricos.
Si bien vislumbramos brevemente un amor juvenil más puro, este se ve truncado
brutalmente (La Cenicienta está enamorada en realidad de un joven pobre, sí, la
diferencia de clases es definitiva). La película es extremadamente física y
visceral: Hay sexo, violencia, cuerpos en descomposición y desnudez. A pesar de
esto, nada es gratuito ni explotador, Blichfeldt es muy cuidadosa en la forma
en que encuadra cada toma; nada está ahí solo para provocar.
Eso sí, el film deja algunas tramas abiertas e inconclusas., por intentar abarcar demasiado. Se introducen subtramas con Alma, Agnes e incluso Rebekka que podrían ser relevantes para toda la película, pero muchas de ellas se ven y luego se ignoran en aras de la trama principal. Pero Blichfeldt crea un mundo exuberante, texturizado y decadente que, respondiendo a la pregunta del principio: sí, justifica su Gran Premio, aunque me hayan gustado más otras propuestas.
EXTRAS JUGOSOS
3) DÓNDE VERLA:
Podéis ver el film noruego (título original: "The Ugly
Stepsister") a través de plataformas de streaming como Movistar
Plus+, Filmin o Prime Video.
Si prefieres opciones de alquiler o compra digital, está disponible en:
Alquiler: Apple TV Store, Rakuten TV, Amazon Video o Filmin Plus.
Compra: Rakuten TV, Apple TV Store o Amazon Video.











No t preocupes, q es muy difícil d seguir lo k dicen. Yo stoy d acuerdo en la reinterpretación d los cuentos clásicos..aunq verdaderamente los Grimm ya reescribieron las historias originales. Antaño, los cuentos eran contados por hilanderas mientras trabajaban, y estás cuando hacían d canguros a los niños d los ricos,se los contaban oralment. Los Grimm las tecopilaron.Pero por ejemplo, eran muy crueles..Caperucita roja realmente es devorada por el lobo, y la moraleja era q no t juntaras con extraños. La bella durmiente era "aprovechada"mientras dormía por el príncipe. Y tiene 2 hijos en su estado dormida. Y cuando va amamantar al bb, este se equivoca y mamá dl dedo d su madre, y es cuando escupe la espina d la rueda d hilar maldecida, y despierta d su letargo...es decir, los cuentos d Grimm están endulzados....aunq son más accesibles d esta manera, y las moralejas son más "sanas". Muy guapas las protas..y buena foto para fardar
ResponEliminaSoy un absoluto apasionado por el subgénero del body horror. Más que el cine de Cronenberg, que también, mi afición empieza con esa joya de Brian Yuzna llamada “Society” que en su momento, y por motivos diversos, me voló la cabeza. Por ello esperaba con muchas ganas esta película ya que, además de abordar el body horror, le daba un punto de vista original a un cuento tradicional que, no lo neguemos, ya de por sí tenía bastante mala uva.
ResponEliminaA mi el resultado me gustó. Y me gustó porque trata el tema con inteligencia y es capaz de trascender ciertos lugares comunes para ofrecer una visión del cuento (y de aquellos aspectos de la vida real que metaforiza) cargada de mala uva y que no deja títere con cabeza. Por un lado tiene esa mirada ácida y mordaz tan habitual en los nórdicos; por otro hace el sano ejercicio de transgredir con inteligencia.
Es una película incomoda; y no sólo por lo gráfico de sus imágenes, sino por que nos muestra, como en un espejo deformado, lo estúpidos que somos algunos seres humanos. Y sólo hay que echar un vistazo a algunas redes sociales para reafirmar todo ello.
Muy buen análisis.
A mí también me encantó Society...emitida por el maravilloso programa d J.L.Goas, No he de Lo os, a3, domingos noche
Elimina