El nido del cuco 26-05-2026


UNA REESCRITURA EN CLAVE TERROR Y MACABRA DE "LA CENICIENTA" NOS RECUERDA QUE LA BELLEZA DUELE

(Sitges'25: La ganadora del Festival, donde la "fea" hermanastra que da título al film pasa a ser la protagonista. ¿Está a la altura del gran premio?)

"LA HERMANASTRA FEA" (de Emilie Blichfeldt, Noruega, 2025) ⭐⭐⭐⭐

Que éste film noruego iba a estar en las quinielas para optar al premio gordo del Festival estaba cantado: aquí, desde hace ya muchos años, se premia la mirada femenina / feminista en las participantes de la Sección Oficial. Que además fuera la ópera prima de la directora y guionista Emilie Blichfeldt y el reparto, evidentemente, fuera casi todo femenino (como el propio cuento), encabezada por dos hallazgos, ambas modelos y actrices, Lea Myren y Thea Sofie Loch Næss, sólo añadía más puntos a la apuesta de la prensa (si acaso rivalizando con "Obsesión"). Además, el relato reinterpreta el cuento de hadas de "La Cenicienta" desde la perspectiva de una de las hermanastras (opción absolutamente feliz) y explora los cánones de belleza y la mutilación corporal (sí, el original de los Grimm tenía puras escenas de body horror que aquí el film recupera) en una sociedad puramente patriarcal.

Aquí no habrá tiempo para discutir si la reescritura de cuentos antiguos para subvertir su mensaje original es válida o no (debate que podríamos aplicar a toda la literatura hasta el siglo XXI). No hay duda que es un fenómeno creciente, que para sus partidarios busca eliminar estereotipos dañinos, promover la igualdad de género y dar voz a los antagonistas, exactamente lo que propone el film, con su deconstrucción de roles buscando el empoderamiento y el amor propio o dar voz a las teóricas "villanas", lícito porque toda historia conlleva muchos puntos de vista. Yo estoy a medio camino entre las dos posturas: la que argumenta que adaptar los textos infantiles es necesario para educar en los nuevos valores, evitar machismos y reflejar la sociedad actual, que no los que buscan conservar la lectura original explicándola y que rechazan la cultura de censurar o hacer políticamente correctos (que incluso eso varía con el tiempo y evita subversiones) esa literatura "infantil". Curiosamente, yo estoy convencido que ésta versión recupera la versión original en que las hermanastras llegaban a mutilarse el pie para que encajara en el famoso zapato de cristal (Disney no se atreve) y que hace creíbles los comportamientos de la madrastra, sin duda la arpía de la cinta y sus dos hijas, una que nos dará sentimientos de pena y otra que se erije en la auténtica personaje positiva, por no decir que La Cenicienta se nos muestra terriblemente ambigua y hasta cruel. Es decir, desarrolla de forma orgánica los personajes. Todo un logro. Y sí, la belleza y no la bondad es lo que sigue triunfando (en el cuento original, La Cenicienta posee ambas, ojo). En un giro irónico, la chica de la calabaza rodante es la pragmática endurecida, mientras que la hermanastra "fea" es la soñadora idealista, aferrada a su libro de poesía romántica y a sus fantasías amorosas.

LA VIOLENCIA DE LA MIRADA MASCULINA Y DE LA MADASTRA

«La belleza duele», reza un cartel en la consulta del Dr. Esthétique mientras él y una enfermera cosen un alambre bajo el ojo de Elvira (la protagonista que da nombre al título, fantastica y bellísima en persona Lea Myren) con una aguja.  Mientras ella grita, llora y deambula por su oscura casa con vendas ensangrentadas sobre los ojos, las manos extendidas, buscando, buscando, recordamos: «La belleza duele», cuando sostiene un cuchillo de carnicero sobre su propio pie, mientras se arrastra torpemente escaleras abajo con la esperanza de encontrarse con el Príncipe.

"La hermanastra fea" de Emilie Blichfelft es una exploración fantástica, macabra, de humor negro y profundamente empática de los estándares de belleza, contada como decíamos desde la perspectiva de Elvira, una joven y nueva hermanastra de Agnes (Thea Sofie Loch Naess), más tarde conocida como Cenicienta. Elvira está acostumbrada a ser ignorada por su apariencia, incluso a ser reprendida por ella en ocasiones por su madre (maligna Ane Dahl Torp). Sonríe con la boca cerrada para ocultar sus aparatos, se aplasta la nariz dolorosamente frente al espejo y odia examinarse el estómago y los muslos. Es joven, pero, como muchas otras, ha aprendido dolorosamente desde temprana edad que ser ignorada significa no ser nada.

Sueña despierta con casarse con el príncipe Julian (un no paródico y sí cruel Isac Calmroth), sueña despierta con ser hermosa, y éstas fantasías se convierten en su meta: si logra transformar su cuerpo lo suficiente, si logra volverse hermosa, sea lo que sea que eso signifique, entonces finalmente será amada, finalmente enorgullecerá a su madre, viuda que se casa con quién creía adinerado padre de Agnes para acabar sospechosamente viuda de nuevo... Así, Elvira pasa toda la película persiguiendo un ideal de belleza en constante cambio. La muy dolorosa  "transformación" no es la salvación; es una artimaña, una estratagema que atraerá a los chicos pero no le permitirá ser amada de verdad, es en verdad una destrucción de su identidad.

La autoimagen y la autonomía corporal han cobrado mayor relevancia en el género del terror corporal en los últimos años. Películas recientes del Festival del año pasado como "La distancia" (imposible no nombrarla) o "Un hombre diferente" plantean también la pregunta de qué significa estar atrapado en un cuerpo que te causa dolor. En "La sustancia", Demi Moore es despedida abruptamente de su espectáculo de ejercicios y reemplazada por una bailarina más joven; en "Un hombre diferente", los sueños de Sebastián Shaw permanecen tentadoramente fuera de su alcance ; y aquí ni todas las cirugías, tenias (cuiden si estómago en esas escenas) y vestidos mágicos del mundo le brindan a Elvira amor y validación: la transformación, aunque atractiva, no resuelve ninguno de estos problemas. Quizás nunca se trató del cuerpo en primer lugar, pero ¿Qué haces una vez que te has entregado por completo, hasta la piel que cubre tus huesos?

La belleza de Agnes / Cenicienta es natural y Elvira no puede evitar desear ser como ella. Pero todo lo que Agnes posee de forma natural, Elvira solo lo obtendrá a través de sangre, sudor y lágrimas, así que se entrega por completo a ello, ingiriendo huevos de tenia y permitiendo que extraños la examinen y palpen si eso significa alcanzar la belleza. No le importa lo que tenga que sacrificar, incluso cuando su hermana, la única voz de la razón y que no depende de la opinión de los demás, incluida si madre, le advierte del dolor que podría sufrir.


EL DOLOR NO ES BELLO

La crudeza y la violencia explícita de la transformación de Elvira demuestran aún más la paradoja del concepto de que "la belleza duele". El dolor no es bello; es repugnante. Son gritos despiadados, el constante rugido del estómago, sangre, enormes tenias, vómito, agujas, llantos e impotencia. La película no escatima detalles a la hora de mostrar al público el horrible daño que sufre el cuerpo de Elvira, y en particular, no podrán olvidar una imagen espeluznante de sus dedos del pie casi amputados, sujetos por una fina línea de piel.

Lo más espeluznante y actual del film (increíblemente) es que muchos de éstos procedimientos (salvo la amputación de dedos) siguen ocurriendo hoy en día. Puedes tatuarte el delineador de ojos, tomar productos dietéticos que te revuelven el estómago y te dejan con hambre constante, operarte la nariz o los senos, o lastimarte de mil maneras. La crudeza de estas imágenes parece proclamar: esto no es belleza, ni amor, ¿por qué pretendemos que lo sea?

Un aspecto singular de este tema que aborda la película, de una forma que no suelo ver en otras de temática similar, es la idea de que los estándares de belleza son imposibles de alcanzar, sí, pero también están en constante cambio. Se espera que las mujeres sean delgadas hasta que dejen de serlo, y las curvas están de moda hasta que dejan de estarlo, y siempre hay algo más que las reemplaza después de que tantas mujeres hayan realizado cambios irreversibles en sus cuerpos (como decía al principio, lo políticamente correctos también va variando).

Al principio, Elvira se ve a sí misma como una chica rara y poco atractiva para el Príncipe (del que adora un libro recopilatorio de poesías, es decir, parece también intelectualmente atractivo), sobre todo como un objeto sexual; quiere que él la desee. Un día, se lo encuentra por casualidad en el bosque y, en lugar de un saludo cordial, mientras conversa con sus amigos, él la mira y le dice: «Yo no me acostaría con esa». Con «esa» se refería a Elvira, una joven que lo idolatraba y admiraba. Este encuentro no hizo que ella deseara menos al Príncipe; simplemente la impulsó a querer aún más convertirse en alguien que le atrajera.


LAS ENSEÑANZAS DE SU MADRE

Ella acepta la devaluación y la cosificación de su cuerpo porque no puede comprender que la idea de amor a la que está tan entregada —la idea de amor del Príncipe, extraída de sus, añadiría , posiblemente falsos, libros de poesía— no sea real, y porque es el mismo tipo de devaluación que presenció e interiorizó de su madre, que detestó y utilizó a sus dos maridos: Al principio, la relación entre las nuevas hermanas es cordial; Elvira claramente idolatra a Agnes, quien inicialmente la recibe con los brazos abiertos, pero tras la inesperada muerte de su padre, la relación entre Agnes y su familia política se deteriora. Agnes es cruel con Elvira, mientras que Rebeka se niega cruelmente a pagar el entierro de Otto y la relega al papel de sirvienta en su propia casa.

Pronto llega la noticia de que se celebrará un baile para todas las jóvenes solteras casaderas para que el príncipe Isak elija a su esposa. Elvira está extasiada, mientras que Agnes ve en el príncipe una forma de escapar de su cruel madrastra. Pero Agnes ya es considerada una gran belleza y una excelente bailarina; Elvira no.

Lo peor de todo es que, por un instante, su sacrificio funciona. Se muestra sexy, realza sus pechos con su vestido, se inclina ante el Príncipe y sus hombres, plenamente consciente de dónde se posarán sus miradas, y protagoniza un número de baile al estilo de las coristas, con grandes plumas y una coreografía sencilla a juego: el Príncipe la elige, pero sólo al principio. Todo se arruina cuando Cenicienta entra en la habitación. El Príncipe abandona inmediatamente a Elvira y se acerca a ella, se siente atraído por la chica de azul como en trance.

Todo este trabajo, toda esta lucha, dolor y dificultad para transformarse en alguien que el Príncipe quisiera es inmediatamente inútil; la chica que él eligió se cubrió la cara con una máscara, usa un vestido tan esponjoso que es imposible discernir el tamaño de su cintura, su estómago, partes que Elvira casi se mata tratando de encoger.


EL DESEO DE LOS HOMBRES

Esto pone de manifiesto un doble rasero aún arraigado: Los hombres pueden sentirse con derecho a mirar, a desear y a mirar con lujuria a las mujeres, animándolas a volverse más "sexys" o a resultar más atractivas para su mirada violenta, pero solo consideran dignas de amor verdadero a las mujeres que son "puras".

El príncipe deshumaniza a las mujeres con las que quiere tener relaciones sexuales cuando conversa con sus amigos en el bosque, pero sus poemas sobre el amor son puros y dulces, y eso se debe a que su visión de la feminidad se define únicamente por lo que las mujeres pueden ofrecerle. Como miembro de la realeza, se siente atraído por las mujeres que le ofrecen sexo, pero las deshumaniza, sin interés en sus mentes, almas o palabras; sin embargo, cuando busca una mujer con quien casarse, se siente atraído por la pureza, y la máscara y el vestido azul celeste de Cenicienta que le permiten proyectar todas estas fantasías (sí, él también las tiene y de raíz cultural por su estirpe) sobre ella, independientemente de si son ciertas o no; la historia deja claro que Cenicienta no es virgen.

Todas las mujeres de la película, a excepción de Alma (Flo Fagerli), la hermana de Elvira, se dedican constantemente a fingir para los hombres. Cenicienta no tiene ningún interés en el Príncipe como persona, pero necesita seguridad económica, como su madre, así que se transforma para él, mostrándose como un lienzo en blanco. Incluso Rebeka, la madre de Elvira, a menudo tiene que sacrificar su cuerpo para costear las cirugías y los vestidos de su hija.


LA HERMANASTRA BUENA Y EMPODERADA

Alma, la hermana de Elvira, se ha liberado temporalmente de las ataduras de la feminidad; aún no le ha llegado la menstruación y pasa poco tiempo fuera de casa. Por ello, suele vestir con ropa más masculina que las demás mujeres de su entorno, y es la única que advierte a Elvira sobre sus acciones. A pesar de no tener experiencia con la presión que sufre su hermana, es un personaje sumamente empático y apoya a Elvira incluso cuando sus acciones distan mucho de ser racionales.

Ella y Elvira son el verdadero corazón de la película. Alma existe durante la mayor parte del filme como una figura de apoyo en segundo plano, una silenciosa representante del público, que observa horrorizada cómo Elvira se autodestruye, pero también como un recordatorio de cómo era Elvira al principio: lo joven que parecía, lo dulce y tímida que era.


FINAL MÁS ADECUADO Y ESPERANZADOR DESPUÉS DEL HORROR

Al final, la película se aleja del cuento tradicional de Cenicienta e incluso de la versión de los hermanos Grimm, donde las hermanastras son atacadas por palomas que les sacan los ojos. Aquí, en cambio, Alma rescata a su hermana, le da el antídoto para las tenias, la ayuda a preparar una maleta y la lleva afuera, junto a los caballos, para que puedan escapar juntas, lejos de la casa, la madre y el reino que llevaron a Elvira a hacerse daño de esa manera. Es un final mucho más amable y esperanzador que rechaza, por fin, la idea de que las hermanastras merezcan un castigo por su trato a Cenicienta y, en cambio, cree que las tres chicas intentaban sacar el mejor partido de sus propias circunstancias.

La película depende por completo de la actriz principal, Lea Myren, y ella interpreta el papel con una vulnerabilidad bellamente y adecuadamente imperfecta. Incluso en los pequeños momentos, el público se encariña con ella, con esos destellos de ilusión que iluminan su rostro y luego con las decepciones y los rechazos que lo vuelven a hundir. Al llegar al clímax, Elvira se ha perdido a sí misma, consumida por el resentimiento, la rabia y un dolor inmenso, pero nunca da la impresión de ser alguien irrecuperable. Su caída no es cómica ni catártica; es una tragedia, un descenso a la locura provocado por circunstancias externas terribles.

He ahí la subversión: En la Cenicienta original, las hermanastras son vanidosas, egocéntricas y absortas en su apariencia a pesar de la falta de profundidad de sus almas. Sin embargo, aquí, Blichfelft insiste en que el público recuerde que la profunda obsesión de Elvira con su aspecto no se debe a una alta autoestima, sino al autodesprecio. Ella interiorizó la forma en que los hombres la miran y se convenció de que tal vez es mejor ser deseada que amada. Tal vez el deseo implica violencia. Tal vez el deseo es una meta simple, alcanzable con solo un poco de dolor.

El final de la película decreta que tal vez esta versión de la belleza definida por los hombres y la sociedad sea dolorosa, pero tal vez la única manera de encontrar el verdadero amor y la libertad sea dejar atrás esos estándares y reglas: las mujeres deberían apoyarse mutuamente en lugar de destruirse entre sí (en el cuento no hay amigas ni amabilidad, sólo competidoras). La belleza duele, pero no tiene por qué ser así.


TAMBIÉN UNA SÁTIRA IMPERFECTA

El film también es ambiguo deliberadamente: A medida que Elvira se doblega ante los caprichos de su madre y su profesora de baile, se vuelve cada vez más vacía. Su amabilidad inicial se transforma en una fealdad interior a medida que se vuelve vanidosa y egocéntrica, sin siquiera darse cuenta de que su amado Príncipe podría no ser tan perfecto como aparenta.

Todos los cuentos de hadas clásicos venían con una lección -en «Cenicienta», la bondad finalmente es recompensada y el bien triunfa sobre el mal-. Quizás seamos más escépticos ante tales ideales en la era moderna:  En "La hermanastra fea" hay muy poca bondad, y la desagradable naturaleza de todos los personajes (salvo Alma y el mozo de cuadra con quien Agnes se acuesta) crea una atmósfera amarga. Tal vez esta sea la intención: crear un cuento de hadas donde todos son villanos/as. Pero, ¿por qué castigar a Elvira con tanta crueldad por sus intentos de adaptarse a las expectativas de la sociedad? La transformación de Elvira es física y mental, pero no mágica: se vuelve cruel porque se vuelve hermosa. La asociación entre belleza y maldad no es transgresora;  al igual que "La sustancia", aquí se opta por culpar a las mujeres por los estándares de belleza imposibles que persisten y las convierte en los personajes más crueles de la película. Los hombres se mantienen al margen, recelosos y grotescos, pero en última instancia impotentes. El gore creativo de la película por sí solo no puede disimular la fragilidad última del concepto de Blichfeldt, que a veces, en pocas ocasiones, se reduce a un garabato adolescente de sátira de cuento de hadas.

Si bien Blichfeldt merece reconocimiento por crear una historia tan intrigante, cuyos elementos perturbadores la convierten en una experiencia difícil de ver que nunca se reduce a un simple ejercicio de miseria, es difícil definir con precisión qué pretende ser a veces "La hermanastra fea". El conflicto entre ambas mujeres, Elvira y Agnes, es fácil de comprender y empatizar con él, pero la estilización visual y el enfoque amargo y satírico de la narrativa de cuento de hadas nunca convergen en algo concreto. La película es una mezcla heterogénea de estilos, ya sea en las fantasías oníricas de Elvira, propias de un videoclip, en la falta de compromiso con cualquier ambientación de época, o en la forma en que cualquier emoción que no implique el anhelo impotente de Elvira o la destrucción de su cuerpo no recibe la debida atención.

Alma (Flo Fagerli), la hermana de Elvira, comprende perfectamente los ideales de belleza que defiende la protagonista, pero queda relegada a un segundo plano durante gran parte de la narración, para luego ser introducida en la trama cuando se la necesita para hacer avanzar la historia. Incluso la relación entre Elvira y Agnes se siente incompleta, sobre todo cuando la dinámica de poder entre ambas cambia constantemente. Ninguna de estas jóvenes es particularmente buena persona, pero tampoco son realmente malvadas, simplemente amargadas y un poco desquiciadas por haber sido criadas en un sistema tan rígido. Prácticamente se las prepara para que, figurativa y a veces literalmente, se ataquen entre sí como dos animales salvajes enjaulados, donde la búsqueda de la grandeza —en este caso, ganarse el corazón del príncipe Julian— se considera que justifica sacrificar el bienestar y las relaciones personales.

No puedo olvidar a mi adorada "Anora", también una historia moderna de Cenicienta sobre una trabajadora sexual de Brooklyn que se casa con el hijo de un oligarca ruso, y que posteriormente se convierte en una exploración del falso sueño americano, la autonomía femenina y la soledad. Creo que esa reinterpretación, al no publicitarse como tal, es todavía más perfecta.


UNA BOLSA PARA VOMITAR

Sí, eso era lo que regalaban a los espectadores del film en Sitges. Y es que hay, al menos, media docena de momentos en que se puede necesitar. Emilie Blichfeldt nos lanza un cóctel Molotov de cine transgresor, arrasando con el manido cuento para bien y para mal. Al encontrar empatía en el mal, horror en la belleza y perversidad en los cuentos de hadas, "La hermanastra fea" es una experiencia maravillosamente repugnante y digna del Festival, que nos ofrece las tenias y los gusanos que nunca supimos que necesitábamos en las fantasías románticas.

Desde su inicio con humor negro, créditos en cursiva rosa y mayúsculas, una mezcla extraña de música clásica y sintetizada, y un primer plano de un punto blanco saliendo de la nariz de nuestro protagonista, Blichfeldt disfruta jugando con nosotros de principio a fin, alternando entre humor ácido, realismo depresivo y una tensión trepidante que te hace retorcerte en el asiento, a menudo en cuestión de segundos. Su perspectiva es juguetonamente sombría y desoladora.

Hollywood produce tantas películas de antagonistas y protagonistas que han perdido toda la ironía, la crudeza y la frescura que tenían al principio. Pero esto es Noruega, y desde luego no es la típica película donde el villano se convierte en héroe.

La fotografía de Marcel Zyskind es sumamente sugerente, con una atmósfera que se sitúa entre la "María Antonieta" de Sofia Coppola y el gótico de los 70. Me encanta la saturación de color y oscuridad, tan característica del celuloide, que añade aún más profundidad y vitalidad a las ya expresivas composiciones de Blichfeld, con paletas sombrías y grises en momentos de realismo que dan paso a colores vivos en las secuencias fantásticas de Elvira. El sexo se representa como algo ajeno y de pesadilla, chocando violentamente con la visión ingenua del mundo de Elvira. Pero las verdaderas estrellas técnicas de La hermanastra fea son, sin duda, su diseño de sonido y sus efectos especiales. El crujido de la nariz y las pestañas postizas (ambas realizadas por un cirujano plástico primitivo y drogado) son solo un preámbulo para el épico final de Elvira con su machete, su arrastre y su vómito. El clímax de la subpelícula "Las hermanas contra la tenia" es una de las cosas más horribles que he visto en el cine, y es obligatorio advertir a las personas sensibles. También es reseñable la banda sonora basada en sintetizadores del compositor Kaada y la artista noruega Vilde Tuv, que, según Blichfeldt en la rueda de prensa, se inspiró en las bandas sonoras de género de los años setenta de Goblin y ¡Francis Lai!, aunque con un toque contemporáneo.


¿MERECEDORA DEL GRAN PREMIO?

Para su ópera prima, la escritora y directora noruega Emilie Blichfeldt combina los elementos más brutales del cuento popular con una añoranza fantasmal para crear una versión de Cenicienta donde la belleza es dolor para algunas mujeres, pero la vida es dolor para todas. 

La directora mantiene la ambientación histórica con pausas, por ejemplo, mediante el uso de sonidos electrónicos modernos. Esto le otorga a la actualización del cuento de hadas un carácter propio y efímero, y consigue proteger a la película de caer en la exageración y el artificio propios de tiempos oscuros, siendo más conciliadora y sensible en su trato con la protagonista, sin caer en la ingenuidad ni la trivialización, aunque sí cierta ambigüedad.

'La hermanastra fea' no se anda con rodeos a la hora de transmitir un mensaje feminista: Blichfeldt nos muestra las estructuras y trampas del patriarcado impuestas para restringir y deshumanizar a estas chicas. Vemos que las jóvenes existen únicamente para casarse y ser entregadas a hombres ricos. Si bien vislumbramos brevemente un amor juvenil más puro, este se ve truncado brutalmente (La Cenicienta está enamorada en realidad de un joven pobre, sí, la diferencia de clases es definitiva). La película es extremadamente física y visceral: Hay sexo, violencia, cuerpos en descomposición y desnudez. A pesar de esto, nada es gratuito ni explotador, Blichfeldt es muy cuidadosa en la forma en que encuadra cada toma; nada está ahí solo para provocar.

Eso sí, el film deja algunas tramas abiertas e inconclusas., por intentar abarcar demasiado. Se introducen subtramas con Alma, Agnes e incluso Rebekka que podrían ser relevantes para toda la película, pero muchas de ellas se ven y luego se ignoran en aras de la trama principal. Pero Blichfeldt crea un mundo exuberante, texturizado y decadente que, respondiendo a la pregunta del principio: sí, justifica su Gran Premio, aunque me hayan gustado más otras propuestas.


 

EXTRAS JUGOSOS

1) Entrevista corta (evidentemente mejor entender el inglés) con las dos actrices principales (ver foto junto a ellas, Elvira a la izquierda y Agnes a la derecha) y principio rueda prensa de la directora:
Radio Nosaltres de Arep:
Del minuto 3,45 a 30,49

2) TRAILER OFICIAL:

3) DÓNDE VERLA

Podéis ver el film noruego (título original: "The Ugly Stepsister") a través de plataformas de streaming como Movistar Plus+, Filmin o Prime Video.

Si prefieres opciones de alquiler o compra digital, está disponible en:

Alquiler: Apple TV Store, Rakuten TV, Amazon Video o Filmin Plus.

Compra: Rakuten TV, Apple TV Store o Amazon Video.


Comentaris

  1. No t preocupes, q es muy difícil d seguir lo k dicen. Yo stoy d acuerdo en la reinterpretación d los cuentos clásicos..aunq verdaderamente los Grimm ya reescribieron las historias originales. Antaño, los cuentos eran contados por hilanderas mientras trabajaban, y estás cuando hacían d canguros a los niños d los ricos,se los contaban oralment. Los Grimm las tecopilaron.Pero por ejemplo, eran muy crueles..Caperucita roja realmente es devorada por el lobo, y la moraleja era q no t juntaras con extraños. La bella durmiente era "aprovechada"mientras dormía por el príncipe. Y tiene 2 hijos en su estado dormida. Y cuando va amamantar al bb, este se equivoca y mamá dl dedo d su madre, y es cuando escupe la espina d la rueda d hilar maldecida, y despierta d su letargo...es decir, los cuentos d Grimm están endulzados....aunq son más accesibles d esta manera, y las moralejas son más "sanas". Muy guapas las protas..y buena foto para fardar

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  2. Soy un absoluto apasionado por el subgénero del body horror. Más que el cine de Cronenberg, que también, mi afición empieza con esa joya de Brian Yuzna llamada “Society” que en su momento, y por motivos diversos, me voló la cabeza. Por ello esperaba con muchas ganas esta película ya que, además de abordar el body horror, le daba un punto de vista original a un cuento tradicional que, no lo neguemos, ya de por sí tenía bastante mala uva.
    A mi el resultado me gustó. Y me gustó porque trata el tema con inteligencia y es capaz de trascender ciertos lugares comunes para ofrecer una visión del cuento (y de aquellos aspectos de la vida real que metaforiza) cargada de mala uva y que no deja títere con cabeza. Por un lado tiene esa mirada ácida y mordaz tan habitual en los nórdicos; por otro hace el sano ejercicio de transgredir con inteligencia.
    Es una película incomoda; y no sólo por lo gráfico de sus imágenes, sino por que nos muestra, como en un espejo deformado, lo estúpidos que somos algunos seres humanos. Y sólo hay que echar un vistazo a algunas redes sociales para reafirmar todo ello.
    Muy buen análisis.

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    Respostes
    1. A mí también me encantó Society...emitida por el maravilloso programa d J.L.Goas, No he de Lo os, a3, domingos noche

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