El nido del cuco 27-03-2026


 

LA (PEQUEÑA Y YA NADA INCREÍBLE) NUEVA VERSIÓN DE UNA OBRA MAESTRA DE HACE CASI 70 AÑOS. UNA CONTRACCIÓN DEL CUERPO Y, POR DESGRACIA, TAMBIÉN DEL CINE.

(Sitges'25, Un remake en miniatura que ni actualiza ni es necesario)

"EL HOMBRE MENGUANTE" (de Jan Kounen, Francia, 2025) ⭐

Ubicada dentro de la sección "Sitges Collection", ésta película es una adaptación del libro "El INCREÍBLE hombre menguante", escrito por Richard Matheson, novelista y guionista de culto, especializado en fantasía y ciencia ficción y que ya fue llevada al cine en una obra maestra sin lugar a dudas del mismo título y realizada por Jack Arnold en ¡1957! (con la ayuda al guión del propio autor). Ésa pequeña adaptación de serie B recogía el espíritu existencialista de la novela (¿Qué nos hace humanos?) y ya era efectiva, ingeniosa y es-pec-ta-cu-lar en sus poéticos efectos especiales al estilo de Méliès, para su época. Además de ecológica, pacifista y humanista, se ha convertido en un clásico con mayúsculas, capaz de asombrar todavía a niños y adultos.. Después de tantos años, era lógico contemplar una nueva adaptación para las nuevas generaciones, que debemos al empeño del famoso actor Jean Dujardin ("The Artist"). Posteriormente, el productor Alain Goldman propuso el proyecto al director Jan Kounen. La obra y los temas que trata son totalmente atemporales y vigentes aún en día. Es más, a pesar de mi temor a que no estuviera a la altura del film de Arnold (quien llegó a visitar el Festival de Sitges hace muchos años), cosa que daba, sí, es un prejuicio, por sentada, también albergaba un sentimiento de admiración y valentía a quienes se disponían al desafío de actualizar un mito. En ésta era de remakes (si no contamos la saga de "empequeñecer a los niños", comedias protagonizadas por Rick Moranis) era extraño no tuvieran en cuenta a esa originalísima y trascendente -podemos asegurar que combina la sci-fi, la aventura y la filosofía de alto alcance- obra de culto.

Una pista de lo que venía ya la daba la supresión de la palabra "increíble" en su propio título. Pero nunca imaginé fuera una obra tan vacía, prescindible, inocua, con un ritmo tan irregular y sin ningún atisbo de la angustia que generaba la original.

Pronto queda claro qué le interesaba a Jan Kounen de la novela (afirma el equipo no basarse en el film de Arnold) de Matheson. Kounen es un director y guionista de carrera irregular que debutó en 1997 con la salvaje y sangrienta película al estilo Tarantiniano "Dobermann",  para luego realizar la muy lisérgica "Blueberry: La experiencia secreta" en 2004 y posteriormente nunca consolidar del todo su carrera y prometedor debut. Desde los primeros minutos de la película nuestro protagonista, Paul, interpretado con convicción y ésa voz tan extraordinaria por Jean Dujardin, evoca, con planos de la Tierra y las nubes para ilustrar el vértigo de sentirse tan pequeño ante la inmensidad del universo. La toma principal es magnífica: Desde lo alto, vemos a un nadador en el mar: una diminuta mancha perdida en la inmensidad azul. Ese solitario personaje, en ese momento, aún conserva su tamaño normal. Pero esto no durará: el cuerpo se encogerá y el universo crecerá. El director nunca ha ocultado su atracción por las experiencias místicas (véase el túnel de imágenes psicodélicas en Blueberry), y se puede afirmar que el libro de Matheson contiene muchas escenas predispuestas a este tipo de meditación. Sin embargo, si bien la película comienza con la cabeza en las nubes, primero debe centrarse en una rareza inusual.

EL TAMAÑO IMPORTA

Paul es un empresario de la construcción naval que lleva una vida idílica con su esposa e hija (añadida en ésta versión) en la costa francesa. Durante sus sesiones de natación en el mar, observa ocasionalmente fenómenos meteorológicos extraños, pero no les da importancia. Un día, durante su rutina matutina, se da cuenta de que muchas de sus camisas ya no le quedan bien: el cuello le queda demasiado largo y las mangas, demasiado largas. Al principio ignora el fenómeno, pero cuando se hace evidente que cada vez se encoge más, emprende una odisea por diversos centros de salud. Sin embargo, los médicos no logran encontrar la causa de su sufrimiento y todos los exámenes físicos no aportan resultados ni soluciones satisfactorios. Pronto será tan pequeño que tendrá que mudarse a la casa de muñecas de su hija y el gato doméstico se convertirá en una amenaza para él. La antigua ¿idílica? vida familiar se transforma cada vez más en una pesadilla… Cuando accidentalmente se encuentra atrapado en su propio sótano (después de que todos crean se lo ha comido su propio gato: aviso para los amantes de éstas mascotas, no encojan) ahora con sólo unos centímetros de altura, debe luchar por sobrevivir en este entorno ordinario que se ha vuelto peligroso. Durante esta experiencia, Paul se enfrentará a sí mismo, a su humanidad, e intentará responder a las grandes preguntas de la existencia... Ah, no, perdonen, aquí no encontrarán eso. La película adopta en todo momento el punto de vista de Paul (y su voz en off narrando el proceso): la cámara se "encoge" con él y los entornos se expanden.

Inicialmente, Kounen concibe la película mucho más que Arnold como un drama doméstico sobre la claustrofobia, que parece casi completamente aislado del mundo exterior. El circo mediático de la película original está totalmente ausente; los médicos y la familia reaccionan con indiferencia ante la situación de Paul, en el mejor de los casos, y el aspecto socioeconómico queda relegado a un segundo plano. A diferencia de la original, no se ofrecen explicaciones para la situación de Paul; los fenómenos meteorológicos mencionados al principio se quedan en una mera nota a pie de página. Ni hacen alusión al cambio climático, como yo creía. Qué quieren que les diga, me quedo entonces con la "explicación" del film en plena guerra fría: una nube radiactiva le recubre el cuerpo mientras toma el sol en la cubierta de su yate.

La película ofrece algunas novedades, pero no las desarrolla. El hecho de que el protagonista sea un hombre de mediana edad que se vuelve insignificante ante su esposa e hija podría interpretarse como una reflexión sobre la crisis de la masculinidad. Sin embargo, resulta difícil concretar ésta nueva interpretación que prometía. La extrañeza del fenómeno se abre también a una metáfora de la enfermedad (¡No estoy enfermo!, repite Paul, sin lograr convencer a su esposa), pero sólo son apuntes sin desarrollo. Si bien cada secuencia del primer bloque narrativo explora el concepto de la felicidad "perfecta", en realidad no hay mucho que contar, ya que dicha felicidad se reduce a estar juntos en familia para cenar y no pensar demasiado en las pequeñas preocupaciones del trabajo (tampoco ahonda es esa indiferencia inicial y posterior, asociándolas). De ésta primera parte bastante poco convincente, algunas escenas logran destacar, y su éxito recae principalmente sobre los hombros de Jean Dujardin: Una de ellas muestra a Paul, lo suficientemente pequeño como para caminar por una casa en miniatura, bailando con el osito de peluche de su hija para entretenerla, sólo que su única espectadora aquí es una niña gigante que, a la tierna edad de siete u ocho años, ríe con cierta tristeza ante el espectáculo.

Sin embargo, es en la segunda mitad de la película, cuando Paul se enfrenta a las criaturas del sótano donde está prisionero, que los cambios de escala se multiplican y parece algo nuevo por fin se nos va a ofrecer. El foco ya no está en observar la marginación de Paul dentro de su propio hogar; ahora nuestro protagonista comienza una lucha por la supervivencia en un mundo que le es totalmente ajeno. La película recrea los duelos contra la araña, inmortalizados por la primera adaptación de la novela, pero con un tono claramente distinto a la escala épica de la versión de 1957. La cuestión aquí no es quién será el cazador y quién la presa. La victoria de Paul sobre la araña se trata simplemente de escapar de ella, nunca de cuestionar su lugar en la cadena alimenticia. A través de las pruebas que soporta, Paul se enfrenta así a la realidad de su nueva condición: una araña que se convierte, de la noche a la mañana, en una aterradora máquina de matar. Pero también descubre nuevas fuentes de asombro, como la hermosa ondulación de la cola de un pez dorado de proporciones titánicas (en un acuario, aporte agradable del film). En la obra de Kounen, la reducción física sirve menos para revelar el ingenio del personaje (como en la de Arnold) que para ofrecer una nueva perspectiva de altura con otras especies. Mientras que la novela concluía con una sensación de euforia (la del explorador a punto de descubrir nuevos mundos, el negarse a rendirse, aunque llegue a ser un simple átomo, la supervivencia como fin), Paul aquí finaliza su aventura sin frenesí, contemplando una majestuosa criatura voladora, antes de concluir, por supuesto con una voz en off muchísimo más redundante y sobreexplicada que el original film -como suele pasar ahora por el déficit de atención o ignorar la inteligencia del espectador- y con una lección bastante convencional sobre la aceptación de su condición. Este final revela el principal escollo de la película de Kounen: la dispersión de su ambición, que oscila entre el drama humano tomado (demasiado banalmente) en serio, el deseo de experimentar basado en los acontecimientos puramente aventureros de la película de Arnold y un esbozo, muy esbozado, de reflexión sobre el significado de existir. El resultado, lógicamente, adopta la forma de una síntesis algo débil y efímera.

El papel de la susodicha araña lleva aquí al film a la comedia más involuntaria, porque a pesar de que la historia sea fantástica no puede permitirse caer en el ridículo. SPOILER QUE COMPRENDERÁN CUENTE - A diferencia de la novela y pervirtiendo toda ella, Paul busca suicidarse (en la novela todo es más sutil y ambiguo: recuerden, habla de la supervivencia a toda costa) y queda a merced del arácnido, quien le reconoce (¡y escuchamos de nuevo, como si el monstruo recordase a la vez voz, palabras y cara el diálogo inicial donde le perdonan la vida!) porque Paul le salvó la vida, cuando aún conservaba su tamaño original y le dice a su hija, en el sótano, que no mate a la araña, que no le ha hecho nada. Así pues, ésta le devuelve el favor, le perdona también la vida, no se lo zampa, y se va a otra cosa mariposa, aunque haya invadido su territorio. En fin, comprenderán que éste sin sentido lo explique como símbolo de lo que no funciona en esta versión. Y FIN DEL SPOILER QUE RESUME LA INUTILIDAD DEL FILM.

EL GRAN VACÍO

Así, todas las muy interesantes posibilidades de volver a recrear la historia original hoy en día quedan en nada. Kounen prefiere el énfasis subrayadísimo de la voz en off, unos buenos efectos especiales (aunque el mejor es Dujardin) y una banda sonora intrusiva del gran Alexandre Desplat que, pobre, debió componerla deprimido cuando vio acabado el film: Una oportunidad perdida y una película terriblemente convencional y aburrida.

El papel de la fantasía sexual vinculada a la reducción de tamaño del hombre obviamente no fue abordado explícitamente por Matheson , aunque los lectores más imaginativos pudieran intuirlo (Almodóvar ya sería el gran adaptador moderno de la historia y esos extremos en la "película dentro de la película" de "Hable con ella", ¡con un personaje en miniatura refugiándose dentro de la vagina de una mujer!). Al ver la adaptación de Kounen , lo que más llama la atención es la oportunidad perdida de abordar de forma más directa el desafío que plantea este giro de la masculinidad. Desde una perspectiva tanto política como sexual, era una mina de oro por explorar. En cambio, se opta por reducir los problemas de Paul a su pérdida de "poder económico" (ya no puede mantener a su familia) y su incapacidad para desempeñar el papel de padre (de ahí la inclusión del personaje de su hija). Uno, decepcionado, también echa de menos un mayor protagonismo de la esposa, en la salud y en la enfermedad, como dicen en el film original de Arnold, interpretada aquí por Marie-Josée Croze (y ya ni hablo de la metáfora visual del anillo de bodas, aquí estropeada). Una película mediocre sobre un pequeño héroe y que jamás termina de estar a la altura de sus ambiciones.

La película de Arnold fue una verdadera y extraordinaria anomalía; la de Kounen solo se relaciona con la imaginación bastante limitada del cine fantástico comercial de éstos tiempos (y sé estamos viviendo una época de oro del género, me refiero a los films que no arriesgan). Otro acierto de Arnold fue el final de la película, su famosa meditación final ("lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande se encuentran... Yo sigo") que sustituyó audazmente al final feliz que, por supuesto, los productores habrían preferido. Vamos, que era audaz cuando aquí la falta de imaginación es lamentable. Arnold enalteció a Matheson, Kounen lo empobrece.

Ésta es, pues, una película redundante e insustancial, con ese vacío abismal y banal de sus largas escenas de la vida cotidiana en la más tediosa primera parte. Porque, al final, esta es una película que se encoge, sí: en ambición, en ideas, en cine. Jan Kounen intenta ajustarse a un traje que le queda grande, al igual que a su protagonista.

EL VIAJE INTERIOR

Ojo: formalmente, la película ofrece algunas cualidades. La cámara panorámica de Christophe Nuyens captura de forma atractiva las habitaciones inundadas de luz y las tomas exteriores en el primer tercio de la película, y maneja con maestría el cambio a las habitaciones oscuras en el último tercio. Se mantiene cerca del protagonista, pero a la vez es ágil, y destaca por sus variadas perspectivas. Ésto se expresa en escenas de acción rápidas pero siempre nítidas. Además, la dirección de Kounen captura eficazmente la sensación de opresión de Paul con vertiginosos planos contrapicados y largos y fluidos planos secuencia que ilustran la nueva percepción del mundo de Paul. En cambio, en las primeras escenas, aparece frecuentemente atrapado en planos generales, un signo de su desaparición gradual ante la inmensidad del mundo y el cosmos.

Y, por seguir alabando algunos aspectos, el interesante diseño de sonido también contribuye a esta sensación de vértigo, adoptando a veces la perspectiva sensorial del personaje, con grandes silencios y abrumadores golpes. Y hay que reconocer que el uso del control de movimiento -una cámara virtual diseñada para acentuar los efectos de los cambios de escala- es impresionante: se filmó a Dujardin y el decorado por separado antes de combinarlos. El resultado es notable -se aprecia claramente cómo el actor se separa del fondo con regularidad y con nitidez-, aunque no logra igualar la efectividad de una simple toma en contrapicado desde la perspectiva de Paul. A pesar de esto, algunas secuencias consiguen asombrarnos: en un acuario, bajo las estrellas… Estos momentos suspendidos sí que transmiten la dimensión espiritual de la historia. El director, acostumbrados a su estilo psicodélico, opta aquí por la sobriedad: Sin trance, sin frenesí visual, sólo la banalidad transformada en algo extraordinario. Un sótano, un ratón, una gota de agua que se convierte en océano. Es en estos momentos cuando la película roza la gracia, cuando el miedo se vuelve minúsculo, casi tierno. La fotografía, gris y húmeda, captura el polvo como una metáfora del mundo moderno: todo se encoge, incluso la fe en el progreso.

Una vez resaltado lo positivo, queda la pregunta: entiendo por qué rehacer ahora este clásico de la ciencia ficción, asumámoslo. Pero éste intento no aporta nada nuevo, lo empobrece. Más triste es que la alegoría resulta insípida. Buscamos emoción, pero solo encontramos artificios. La supervivencia se convierte en mera repetición. El elemento fantástico se desvanece. Ya no nos estremecemos: simplemente observamos. Dujardin hace lo que puede, pero el guión didáctico jamás se atreve a adentrarse en lo sobrecogedor y poético. Sí yo esperaba retratase con más énfasis la crisis de la humanidad occidental, su decadencia, su vergüenza ecológica, pues quédense con la adaptación del 57, donde nada está explicado en exceso. Kounen, sí, filma a las hormigas como monstruos y a los humanos como insectos, sin tomar partido realmente. Falta la inquietud, la poesía de la decadencia. Al final, cuando Paul no es más que un punto en la luz, uno quisiera sentir la admiración de lo infinitamente pequeño como cuando leí por primera vez la excepcional novela. Ahora, uno sólo siente una bombilla que se funde lentamente.

La película se estrenó en cines sin apenas repercusión a principios de éste año. Ahora está disponible en plataformas digitales como Amazon Video o Prime Video.

CURIOSIDAD: Jean Dujardin ya medía 1,36 m en la comedia "Un hombre de altura" (Laurent Tirard, 2017), antes de verse reducido a lo infinitesimalmente pequeño. Dejo cartel del film como si fuera parte de una profecía.



EXTRAS:
1) Una parte de la rueda de prensa ofrecida en Sitges por el equipo principal en Radio Nosaltres y escucharán pregunta, un poco capciosa pero con cortesía, de un servidor:
(minuto 23,55 a 40,28)

2) Trailer oficial: https://youtu.be/wsGd-nDCE-s?is=PrJwlGJIF0ZS7cVH

3) Foto a continuación de la rueda de prensa



Comentaris

  1. Es como la peli d Drácula q comentaste la semana pasada, q no aporta nada nuevo. Que resta, vamos.Al final la araña es tan humana y le perdona la vida? Las maquinas y animales son más humanos q los propios humanos. Siempre las buenas pelis d ciencia ficción son críticas al hombre y a la propia sociedad.

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