PERSONAS MAYORES CONFUSAS Y RARAS, TORTURA, UN MISTERIO, TERROR GÓTICO Y UNA
COLOSAL Y DESGARRADORA CARMEN MAURA
(Sitges'25, sobre una anciana despiadada, la demencia, el peso del pasado:
una historia de suspense que te mantendrá incómodo, en vilo)
"VIEJA LOCA" (de Martín Mauregui, España - Argentina -
Estados Unidos, 2025) ⭐ ⭐⭐ ⭐
La ópera prima de Mauregui, director argentino con mucha experiencia previa
como coguionista ("Carancho", "Elefante blanco",
"Leonera"... y, claro, dialoguista de "La
sociedad de la nieve") inauguró el Festival de Sitges, fuera de
competición. Y, lejos de ser un batiburrillo de ideas por si uno no puede rodar
su segundo film, se trata de un muy buen guión, traducido en imágenes sólidas,
sin efectismos (bueno, los justos), basado en el tema de la demencia senil y la
confusión entre pasado y presente, muy bien documentado en el tema de la salud
mental, tan presente en nuestros escritos. El director (y una de las
protagonistas, Agustina Liendo) me concedieron una entrevista que podrán
escuchar aquí, donde me comentaban las dificultades de rodar en Argentina. Mauregui
ha tenido la suerte de contar como productor al mismísimo Bayona (quién en
rueda de prensa nos confesó prometió a Guillermo del Toro un día ayudaría a un
joven director, como éste hizo con él) y a una estrella como Maura, plena de
registros, desorientación y vitalidad a sus 80 años.
Éste film de terror psicológico, terror arraigado en el envejecimiento,
lleno de sorpresas oscuras, tormentosas paranoias, abusos, crímenes del pasado
y presente (hasta apunta al futuro en el mejor giro narrativo) y venganza
largamente esperada se inserta de lleno en el género llamado "Hagsplotation":
ese tipo de películas que tienen como protagonistas a personas mayores que
convierten a otros en víctimas, en éste caso con algún rasgos de
"slasher", desde la canónica "¿Quién teme a Baby Jane?" a
"Misery" o "La muerte y la doncella", a quien
también remite éste estimable film, con puesta en escena limpia, clásica, con
abundantes movimientos de cámara pero que pasan desapercibidos, sí, por la
atmósfera de tensión creciente entre los tres personajes principales (e incluyo
la casa, esa enorme mansión como uno de ellos).
La trama es una aventura salvaje y llena de ansiedad que hace honor a su
nombre y consigue mantener la tensión durante todo el metraje. Los 10 primeros
minutos son portentosos y tienen rasgos (engañosos) de comedia negra: Laura
(Agustina Liendo) conduce de noche con su hija durmiendo en el asiento de atrás
cuando empieza a recibir llamadas de Alicia, su madre (Carmen Maura), quién le
dice que su cuidadora ha desaparecido y no encuentra su medicación. Lo que
empieza como una escena de la vida cotidiana, su alargue y repetición constante
hace que la escena vaya convirtiéndose en algo siniestro. En esa tormentosa
noche y hallándose Laura muy lejos de la gran casa donde vive su madre, muy
preocupada por el progresivo deterioro mental de la misma, pide a su ¡expareja!
Pedro (Daniel Hendler) que pase la noche en la vieja casa familiar para
vigilarla, encontrar a la enfermera y darle sus medicinas. Desde luego, supongo
quedaron como amigos, al menos.
Pedro ya mete la pata al llegar a la mansión: atropella y mata
accidentalmente a Franco, el perro de Alicia (dicen que el nombre se debe a la
atención de los caninos a la "a" y "o", pero la intención
es evidente: más tarde, hablando de asesinatos no resueltos, Alicia dice con
indiferencia “En aquella época la gente desaparecía todos los días”,
evocando también otra dictadura). No sean aprensivos con la matanza de animales
en los primeros minutos, lo que sigue es peor. En cuanto entra en la casa,
Pedro sabe que algo anda muy mal: Alicia parece no reconocerlo y se da cuenta
de que, en realidad, lo confunde con César, un antiguo amante secreto con quien
compartió terribles secretos. Alicia ataca al pobre Pedro y, tras dejarlo
inconsciente de un golpe, lo ata a una silla, decidida a hacerle pagar (a César
en realidad) todo el dolor que sufrió en su, aventuramos, atormentado pasado.
Alicia, que mezcla recuerdos reales con delirios, comienza a relatarle
una vida marcada por el maltrato y la violencia, incluso por asesinatos,
mientras lo somete a una tortura psicológica cada vez más cruel, manipulándole
con todo tipo de violencia psicológica.
Así, el film se transforma en un thriller psicológico de atmósfera opresiva que arranca como un simple favor familiar y acaba convirtiéndose en una auténtica (dos) noches de terror. Durante la mayor parte de la película, estamos solos con Alicia y Pedro. La magistral actuación de Maura no sorprende: Rota, seductora, santurrona, ingenua, siniestra: la veterana actriz oscila entre un tono y otro con una flexibilidad desafiante. Y lo mejor que se puede decir de Hendler es que mantiene el ritmo: Hay tanta humanidad, confusión, terror y, porqué no, empatía que la secunda con una interpretación conmovedora. Ambos se ven favorecidos por la hábil escritura de Mauregui (que les hizo rodar en largas sesiones en condiciones lo más similares a su encierro, cadenas incluidas) y su química eleva la película a cotas inesperadas en una historia que también es cautivadora, llena de diálogos cortantes y reveladoras.
SUEÑOS Y HERENCIAS
El final de "Vieja loca" muestra un desenlace tenso pero
contenido, no es apresurado pero deja premeditadamente cabos sueltos que puede
cerrar perfectamente el espectador, cerrando el duelo psicológico bajo la
eterna tormenta. Incluso me atrevería a decir que el final es mucho más
transgresor de lo esperado, dejando que la realidad y la demencia se den la
mano.
SPOILERS Y TEORÍAS: Y es que sí, Laura llega finalmente a la casa de su
madre, preocupada porque Pedro, claro, no le contesta al teléfono. Al entrar,
descubre a su expareja (insisto, igual es que él la sigue queriendo para verse
envuelto en ese fregado) atado, para ser apuñalada por Alicia. En el caos,
Pedro consigue escapar, aunque su huida se ve interrumpida cuando el suelo se
derrumba bajo sus pies y cae al sótano. Allí, rodeado de cuadros y objetos
antiguos, comprende que las historias que Alicia contaba sobre César eran
reales: no eran delirios producto de la demencia, sino recuerdos de una
violencia pasada que ha marcado a la familia (el parecido de Pedro con César es
asombroso en un retrato). Alicia y César, entre otros juegos psicológicos,
sexuales y de dominación, eran una pareja de criminales. Después de una lucha
con azuzadores / espadas, el destino de Pedro se sella trágicamente.
Alicia huye de la casa, se sube al coche y se marcha, descubriendo a su
nieta sentada detrás del vehículo. Al parar el vehiculo en un paso del tren,
Alicia sale del coche y le pide a su nieta que no la siga. Desaparece en la
noche, dejando atrás el escenario del horror. El cierre de "Vieja loca"
no se limita a un final violento y una huída incierta, es un final circular y
profundamente inquietante, lleno de ecos simbólicos, que es lo que hace la
película sea recordada mucho después de su visionado: En esa última escena,
Alicia aparece exactamente igual que Laura al comienzo del film: fumando, con
la misma canción sonando, repitiendo gestos y actitudes. Esta simetría visual
no es casual. Sugiere que Alicia ocupa ahora el lugar que antes tenía su hija,
como si los roles se intercambiaran o se fundieran.
Más aún, uniendo a las tres generaciones de mujeres con la misma herida:
Antes del desenlace, la nieta confiesa a su madre que ha escuchado
conversaciones telefónicas con la abuela sobre César, y que eso hace que se le
aparezca en sueños que se tornan pesadillas. Es evidente que César no es solo
una persona, sino un símbolo del trauma heredado, una figura que se transmite
de generación en generación a través del recuerdo, el miedo y el silencio.
Cuando la nieta se duerme en ese coche mientras Alicia se marcha (como sus asesinatos ocultos, incluida la cuidadora) refuerza la idea de un ciclo que se ha desplazado. La niña, incluso sin haber vivido directamente el horror, ya ha sido alcanzada por él a través de los relatos y los sueños. Quizá, apunto, las tres mujeres son la misma persona. O al menos, sí comparten la misma herida emocional. FIN SPOILERS Y TEORÍAS.
EL VERDADERO TERROR ES CUANDO EL PASADO CONTAMINA EL PRESENTE Y FUTURO
En "Vieja loca", así, la salud mental planea durante todo
su metraje: no es sólo demencia lo que sufre Alicia, sí, es violenta y está
enferma, pero arrastra una historia que nadie, ni ella misma, ha sabido cerrar
ni aceptar. Esos modernos Bonnie & Clyde ya son pesadillas, no simples
recuerdos. Al final, el director y guionista es valiente al no ofrecer
redención ni justicia. Sólo plantea que algunos horrores no mueren (¿ha muerto
César?), sólo se heredan. Sólo quedan meditaciones reflexivas pero no menos
aterradoras sobre cómo nuestro pasado y recuerdos nos esperan, para ser
olvidados o revividos. No es poco para un film relativamente modesto, ¿no
creen?.
Existe un cliché persistente del terror que adora convertir a las personas
mayores en amenazas aterradoras e inestables. Aparte de las ya mencionadas,
recuerden "La visita", "Arrástrame al infierno",
"Jenny Penn" que se estrenó hace un año en el Festival,
incluso remite a la tortura presente en "Reservoir Dogs", sin
olvidar que también actúan como personajes depredadores en muchos cuentos
populares y de hadas, como "Hansel y Gretel". El prometedor
Mauregui recoge aquí también los miedos, las ansiedades y el temor que conlleva
el cuidado de un ser querido débil y anciano, abordando la culpa de los propios
cuidadores. Por eso, no pasa mucho tiempo hasta que la película rompe con las
expectativas y toma su propio rumbo, lo que resulta en una experiencia impredecible
y emocionante, en una estructura agotadora y efectiva. De estar construida como
un enigma dentro de una locura.
Una creciente sensación de encierro se intensifica gracias al meticuloso
bloqueo y la limitada percepción espacial de la película, que luce y presume de
una magnífica fotografía de Julián Apezteguía, con un uso evocador de la
luz, la sombra y la atmósfera. El diseño de producción también es magnífico,
ambientada en una evocadora casa antigua, diseñada por Matías Martínez, con
libros apilados en el suelo, daños por agua y una neblina en el aire: el hogar
de alguien que vivió en el pasado. Gran parte de la película transcurre en este
único escenario. Con éstas bazas, rápidamente se crea una atmósfera y
personalidad auténticas en la casa embrujada de los horrores hipotéticos a la
que Pedro se dirige discretamente. Y es un film, cómo ven, arriesgado, con
elementos estilísticos que, desde el principio, contribuyen en gran medida a la
construcción de ésta aterradora atmósfera. Y sí, para amantes de la casquería,
hay secuencias fantásticas fenomenales que al principio parecen fuera de lugar,
pero que ayudan a desplegar su creatividad en cuanto a prótesis, maquillaje
práctico y efectos especiales para criaturas monstruosas. Estos momentos
permiten a la película reafirmar aún más su peculiar identidad y cómo da
círculos cuando se espera que lo haga. En suma, es un análisis desolador
de las dinámicas de poder que se convierte en una exploración desgarradora del
arrepentimiento durante los últimos años de nuestra vida, en qué podemos
recurrir a las fantasías como forma de consuelo y escape, ya sea mediante
enamoramientos, ensoñaciones o delirios literales. Realidades alternativas
inventadas se repiten una y otra vez, como para provocar constantemente al
público.
Como ya he señalado, la gran baza de la película es Carmen Maura, alternando constantemente entre estados emocionales conflictivos. A veces es sádica, otras veces está confusa, e incluso hay momentos en los que exuda una sexualidad incómoda, pero sea lo que sea que le pidan, lo clava a la perfección. Y Hendler pasa de condescendiente a hacerte creer cada gramo de angustia y tormento que experimenta su personaje. Éstas dos actuaciones son el alma del film, por supuesto, pero no son lo único que la película tiene a su favor. Para preparar sus juegos diabólicos más allá de la tortura física, la anciana suele mostrar un comportamiento inquietante con un toque de humor negro, y desde el mismo instante en que comienzan estas secuencias, Mauregui deja claros los planes de Alicia y luego te obliga a reflexionar sobre esa inevitabilidad, y como es habitual en el género, esta inquietante acumulación de tensión suele ser más desgarradora que la violencia. Dicho esto, no piensen que los horribles ataques de Alicia los eximen de culpa, haga lo que haga esta anciana, Martín Mauregui nunca rehúye mostrar toda la crudeza de su crueldad (ya lo era en el pasado, recuerden).
UNA DE LAS PELIS DE GÉNERO MÁS INSOPORTABLES DEL AÑO (en positivo)
Es, pues, una de las mejores películas de terror sobre demencia (y
todas las demás pautas señaladas) que he visto. El director evoca a Hitchcock y
De Palma, un poco como su descendencia demente, al tomar prestados movimientos
de cámara completos, sólo para recombinarlos de maneras sórdidas, explotadoras,
pero inspiradas. Mauregui, y sé es una comparación osada, sigue la receta de
Hitchcock para el suspense: hace que el público sea consciente de una amenaza,
luego prolonga la colisión entre ese peligro y una víctima desprevenida durante
el mayor tiempo posible.
En lo político, la edad de Alicia permite evocar y hacer alusiones
simbólicas a un período, tanto en Argentina como en España, cuando las
dictaduras capturaban y ejecutaban a disidentes políticos. La gente simplemente
desaparecía sin dejar rastro, como argumenta en su defensa Maura. Al tiempo que
aborda los efectos duraderos del pasado traumático de los dos países en las
generaciones posteriores, en un susurro, no en un grito explosivo, Mauregui
crea un thriller perturbador que muestra el talento excepcional (y alegre,
contagioso, juguetón) de su actriz principal.
El guión de Mauregui intenta eludir la idea de que está haciendo una
declaración general y profunda sobre las personas con problemas
neurodegenerativos, asegurándose de que sepamos que Alicia tiene muchos otros
problemas que no tienen nada que ver con sus capacidades cognitivas. No fue una
buena persona en su pasado, o al menos, se quedó de brazos cruzados mientras
alguien más cometía actos terribles, permitiéndoles y ayudándoles, simplemente
porque Alicia estaba enamorada de este hombre. Por otra parte, ¿podemos
realmente confiar en lo que Alicia dice sobre su pasado, salvo que lo confirme
en parte sus reacciones y afirmaciones a lo largo de la película?. La clave de
todo es su relación con un hombre misterioso, que ya no forma parte de su vida
o que tal vez ni siquiera esté vivo, cuando era más joven. Es César, y mientras
habla por teléfono con su hija, Alicia revela que este hombre fue su primer y
único marido. Cuando la anciana ata a Pedro a una silla con cuerdas, correas de
cuero y, por si fuera poco, una cadena con candado es por una razón: al
parecer, César solía hacerle esto, y su mente confusa cree que ya es hora de
que le devuelva ese trauma y pavor (que podía ser perfectamente consensuado por
la pareja en su relación sadomasoquista y criminal). Los esfuerzos por toda
ésta ambigüedad que Mauregui propone son encomiables: toda la película -salvo
la introducción, un momento intermedio y el epílogo- transcurre dentro de
la casa de Alicia, a menudo en su espaciosa sala de estar. Y Pedro, aparte de
incapaz de convencer a Alicia de que se equivoca sobre su identidad, tampoco la
puede "ganar" en los diversos juegos que ella propone (incluso cuando
él tiene la ventaja de que ella olvida que ya han jugado antes). Todo ésto lo
señalo porque muchos nos veremos aludidos al estado mental de nuestros
familiares, y no sé frivoliza con ello: su exploración de la demencia, el abuso
y el trauma para generar emociones resulta demasiado incómoda como para
ignorarla. Curiosamente, o no, el director dedica su debut a su madre.
Todo ésto en 94 minutos: una película desoladora que te hace afrontar la realidad de cuidar a un ser querido que envejece, pero también te muestra los horrores de la vida cuando el pasado aparece de visita en el presente. Lo que ocurre en la oscuridad siempre saldrá a la luz. Es un brutal recordatorio de que, a veces, lo más aterrador de la casa no es un fantasma, sino la persona sentada en la mecedora.
DÓNDE VERLA Y PORQUÉ
Podéis ver "Vieja loca" en Prime Video, después de
su breve estreno y poca repercusión, y también está disponible para streaming
en plataformas como Apple TV y potencialmente en MUBI. Creo que
muchas familias y personas se identificarán con el tema y su particular enfoque
sobre el mismo. La película es sólida y no teme ser desafiante en sus
propuestas, lo que puede hacer que muchos/as se encuentren en ella y otros
tantos no. Recordad: Alicia tiene demencia, claro, pero la sufre desde una
perspectiva diferente, no desde la de la víctima, sino desde la de quien
victimiza a otros, quien puede causar dolor, quien actúa y quien es violenta.
Es esa dicotomía entre la compasión y el profundo desprecio que provoca lo que
te hace sentir tan incómodo.
En esa audaz mezcla de sentimientos, el envejecimiento, la memoria y el
resentimiento se transforman en algo tan agudo que se niega a encajar en un
único registro. Momentos que parecen absurdos se transforman rápidamente en
amenaza, como la propia inestabilidad de Maura. Los cambios de tono son
deliberados, lo que le da al film un pulso permanente nervioso, sin tregua para
el alivio cómico. Toda la atmósfera es tan densa que gotea. La casa misma se
convierte en un personaje, sofocante y vigilante: pasillos estrechos, rincones
oscuros y habitaciones que parecen encogerse a medida que los ánimos se
caldean... todo crea una sensación de estar atrapado. La cámara se detiene
incómodamente, negándose a escapar. La claustrofobia no es estridente ni
llamativa; se abate lentamente, como paredes que se acercan con cada escena.
Las actuaciones no recurren a una teatralidad explosiva; se cuecen a fuego
lento, creando tensión a través de miradas, pausas y el peso insoportable del
silencio compartido. Mauregui explora cómo la memoria puede convertirse en un
arma, cómo la vulnerabilidad puede enmascarar el control y cómo el
resentimiento se enquista en espacios reducidos. El horror no se basa en lo
sobrenatural; se nutre de la ansiedad universal de ver cómo la mente se erosiona
y del desgaste emocional que sufren quienes deben gestionar este declive. Lo
que puede esperarnos en poco tiempo. Ése es el terror.
Ojo: cierto alargamiento en los enfrentamientos repetitivos de los
dos actores en la parte intermedia se prolonga quizá más de lo necesario.
Además, el estilo sobrio de la película y su dependencia de sutiles cambios de
comportamiento pueden frustrar a quienes esperan sorpresas evidentes. Se trata
de un horror basado en la incomodidad, más que en el espectáculo. Sin
sobresaltos ni crescendos dramáticos que acentúen la inquietud, la experiencia
exige paciencia y atención, algo que aconsejo a todos los interesados en ver
ésta caída controlada a la paranoia doméstica.
Envejecer ya es aterrador. Con recuerdos que se desvanecen y arrebatos impredecibles, es aún más pavoroso ver a tus seres queridos enfrentarse a una demencia. El miedo, como en la vida, se construye aquí lentamente. La película, por inevitable, es realmente aterradora, y Mauregui consiguió con ella ganó el premio a Mejor Director en el Festival de Terror del Fantastic Fest. Y gloria eterna a Carmen Maura en éste su tour-de-fource.
EXTRAS JUGOSOS:
1) Entrevista con Mauregui y la actriz Agustina Liendo más
comentarios en Radio Nosaltres: https://drive.google.com/file/d/1boOgeLBrD3ikWK16dDV4lDw7kZQOZ5Rx/view?usp=sharing
(del minuto 21,15 al 36,52)
2) Tráiler oficial de la película: https://youtu.be/0YMtW4jOtEY?is=AIHZG8fml3jCA_Y0
3) Foto con los dos entrevistados:






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