ESTACIÓ DE BOIRA; la carta

 


El inspector dragón

El niño sabía que existían dragones, sólo tenía que discernir si eran buenos o malos. Si intentaban hacerle daño o a sus amigos, que eran también los únicos que lo veían, era malo. Y un abusón, aprovechándose de su tamaño y de su capacidad de lanzar llamaradas. A sus padres no les contaba nada sobre su existencia, aunque les oía hablar de no sé qué Casa del Dragón. No se fiaba de los mayores, parecen muy convencidos y presumidos de sí mismos, como si lo supieran todo.

Él siempre estaba preparado. Había escondido en el cole, detrás de una calefacción, su cimitarra de piratas. Y en su habitación, por si acaso, su sable de samurái, que le inspiraba más confianza. Sabía que un día los necesitaría.

Así, un día, cuando su tutor les dijo que iba a hablar con ellos un inspector de la Generalitat, lingüístico, de encuestas o de exámenes evaluativos, lo tuvo clarísimo. Toda su clase dependía de él. En el patio blandió por primera vez su cimitarra y se quedó esperando en el pasillo al que daba paso la entrada.

No tardó en verlo. Iba camuflado, claro, pero llevaba un maletín en el que seguro guardaba su verdadera faz y su lanzallamas (no estaba seguro de si lo hacían así o era un don natural). Salió a cerrarle el paso y, apuntándolo con su arma, le dijo "¡No pasarás!", porque un día vio a un mago gris gritándole a uno de ellos para salvar a sus amigos, una comunidad de no sé qué anillo.

Juanmi, el que voló sobre el nido del cuco

 

 

 

El gato que está en la oscuridad

El gato, impaciente, esperaba cualquier ocasión en que la pareja de trapecistas saltaran y al fin pudieran salir de la jaula. Era una noche estrellada, que es cuando los gatos están más activos. Pero aquella pareja encerrada, columpiándose en el palito donde tradicionalmente lo hacían los periquitos, estaba muy a gusto ahí y en cualquier parte porque se querían y se deseaban. Todo lo que querían estaba allí: la luna, las estrellas y cómo no, su gran espía nocturno: ese gato. La jaula colgaba de la nada. No hacía ni chispa de viento, con lo cual, estaban apaciblemente abrazados. El encanto de aquella hechicera dio sus frutos y consiguió abrir la puertecilla en donde estaban presos los dos enamorados. Y así ocurrió. De repente, el candado se abrió y la pareja corrió hacia la libertad. En esas que saltó el gato y con un bufío hizo que cayeran al averno. Les salieron alas y se convirtieron en mariposas. Volaron y volaron hasta llegar a África y allí fueron recibidas por las flores del Edén. Se produjo la polinización y de flor en flor, recorrieron los lagos y riachuelos que había por doquier. Encontraron un refugio donde descansar y no se sabe bien si fue tal la alegría y el embeleso que se prodigaban, que poco a poco fueron perdiendo su color para pasarle su turno a una nueva larva, a otra mariposa. Del gato se supo que viajó montado en una estrella por el firmamento. Su curiosidad por saber qué había sido de la pareja, lo llevó directo a otra jaula en la que ya no había nadie oprimido, sino que el ejemplo de nuestros trapecistas sirvió para que nunca más hubiera nadie entre barrotes. ¡Así, nació la nueva canción de la libertad!.¡Abajo los barrotes y los muros opresores. Abajo los políticos y las jerarquías. Abajo las autocracias y fuera el servicio militar. Vivan los animales no humanos como los gatos. !Tres tristes tigres comiendo trigo en un trigal.

Eva


La carta

El tiempo es un concepto fundamental y complejo que estructura la vida de todo ser humano. Y aunque es algo muy evidente porque lo vivimos en nuestra piel, es un concepto muy difícil de definir. Diríamos que es un concepto muy relativo, a veces el tiempo “nos vuela” y otras veces “pasa” muy despacio, dependiendo de nuestra predisposición a las circunstancias en las que se desarrolla ese tiempo. ¿Es una sustancia subjetiva entonces? Yo diría que sí porque nos afecta de un modo u otro individualmente.

Esta realidad nos marca momentos, recuerdos, estaciones. Existen también el pasado, el presente y el futuro, medidas de tiempo, los tres condicionantes: el pasado condiciona nuestro presente y el presente condiciona nuestro futuro.

El tiempo es muy importante ya que es el que pone todas las cosas en su sitio, el que cura todas las heridas y el que nos da la razón. Diríamos de esta forma que el tiempo es sabio, sumamente sabio.

Es curioso como el tiempo se desliza entre nuestros dedos a una velocidad vertiginosa para pasar e ir pasando en nuestras vidas transformándonos según las vivencias de cada uno de nosotros.

Aprendemos también con el tiempo, lecciones de vida que nos ayudan a crecer a nivel interior. Aprendemos a amar a lo largo de nuestra vida, aprendemos a actuar, a sentir…aprendemos a hacernos una idea de nosotros mismos, de quienes somos, de qué queremos y hacía dónde nos dirigimos.

Tiempo…tiempo para gestionar, para disfrutar, para compartir. Tiempo que llega al fin de la vida humana con el fallecimiento del cuerpo, como concepto físico, ya que el alma dura eternamente en el espacio tiempo y por siempre en los corazones de aquellos que nos han amado, apreciado. Así, de esta manera el ser humano se hace eterno, mientras estemos presentes en las mentes de personas cercanas a nosotros.

Tiempo…que viene y va, que gira y gira, momentos…los momentos son únicos y no volverán, así que disfrutemos el tiempo al máximo. De ahí que sobrevenga la culpa cuando nos equivocamos, porque el tiempo no se puede cambiar ni se puede hacer retroceder. No podemos borrar el pasado…pero sí, sí podemos crear un nuevo futuro, con ilusión de hacerlo mejor, siempre mirando hacia adelante.

Tiempo…compañero de viaje, un viaje que todos vivimos cada día, hora tras hora, minuto tras minuto. Compañero que nos trae penas, dificultades, adversidades, a todos y cada uno de nosotros, pero que también nos trae alegrías, méritos, logros. Así es la vida y en ella así, así pasa el tiempo.

Carolina Roca



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