El nido del cuco 27-02-2026

 


"¿CÓMO ES VIVIR CON DOLOR? TE CONTESTO EL LUNES". ¿SUEÑAN LAS IA CON SUS MADRES?

(Sitges'25: Una película singularísima, sobre el duelo, la pérdida, la memoria, la réplica. No se puede eliminar el dolor con algoritmos)

"SINGULAR" (de Alberto Gastasi, España, 2025) ⭐⭐

Les cuento una breve historia: Hace 6 años, unos (aún) más jóvenes Alberto Gastesi y Alex Merino, coguionistas de un embrión de film (evidentemente cambiaría con el tiempo), se presentaron en la quinta edición del SITGES PITCHBOX y, como en una tesina, hicieron una corta presentación de 7 minutos para desarrollar la propuesta de "Singular" ante un Jurado. El premio, que ganaron, como en todas las buenas historias, fueron 5.000€ y, lo más importante, el interés de productoras y la industria en su primeriza IA, digo película. Como a veces lo que empieza en Sitges, acaba en Sitges, en octubre del 2025 pudieron exhibir en el gran Auditori el estreno mundial de su sueño. Yo estuve allí, y pude entrevistar, mientras esperábamos al director, al locuaz y simpatiquísimo Alex Merino, quién me confirmó las claves de su film y consideré no necesitar posteriormente a Gastesi. Cuenta la leyenda que, en aquella reunión, utilizaron un lema (cuando las IA no monopolizaban nuestro presente y futuro): ¿Sueñan los androides con sus madres?, guiño a Dick incluido y muy pertinente reflexión en un film que habla, entre muchos otros temas, de la maternidad. Cuando finalizó el pase, la prensa ardía en comentarios sobre su ¿ambiguo? final, como era la intención de sus creadores (y grandes amigos, que no es poco). Si quieren ver éste año una película compuesta por puzzles y hecha para comentarla ampliamente después, se la recomiendo. Un excelente drama sci-fi.

Antes de "Singular", Gastesi y Merino pudieron levantar otro film: "La quietud en la tormenta", historia de amor entre pasado y presente, un "what if", vamos, que tiene no pocos puntos de contacto con su último trabajo.

La película que nos ocupa, otra de las 4 vascas que llenaron la Sección Oficial, es totalmente singular, sí, en el cine español: minimalista, con sólo tres personajes (y una IA) que te hablan de una pareja rota, un hijo perdido y como escenario un bosque y una cabaña que parecen congelar el tiempo. Dos actores superlativos (Patricia López de Arnaiz, ganadora de un goya y posible ganadora de otro éste fin de semana con "Los domingos" y Javier Rey, nominado en otra ocasión también y protagonista querido por todos los frikis de éste país por "Orígenes secretos") y un guión que parecía estar elaborado para ganar el Festival de Cine Fantástico éste año. No duden que se convertirá en un film de culto dentro de poco y una de las historias que marcarán un antes y después en la ciencia ficción hispana. Porque habla de las relaciones humanas, de las relaciones de la cada vez más avanzada tecnología (y sus límites) con los mismos humanos, un retrato implacable de cómo abordar el duelo, una oda a la experiencia vital de las personas y de la perdurabilidad de sus memorias. Y sí, parece el mejor de los capítulos de "Black Mirror", tiene puntos de contacto con el "AI" de Spielberg, con "Blade Runner" y el brillo en los ojos, con "Ex-maquina", con "La llegada" (y la aparición de múltiples modelos de lenguajes)... pero todas éstas referencias son sólo un halago más a éste muy personal y particular film, porque las utiliza para su propio ensamblado de su rompecabezas.


LA SINGULARIDAD

Abordemos tres acepciones de "Singular": aquello que nos hace únicos, claro; un álgebra computacional (CAS) y en física y matemáticas, es ese punto donde las leyes conocidas dejan de funcionar. Pues bien, nunca un título ha sido tan acertado. Ese guiño a la singularidad tecnológica, un momento hipotético en el que la IA supera la inteligencia humana y potencialmente puede conducir a la extinción humana. Pero Gastesi evita crear otra historia sobre la dominación humana sobre los robots o, al revés, una rebelión de la IA contra los humanos. Te deja posiblemente el poso de si es posible imaginar una coexistencia pacífica y sin conflictos, precisamente por la singularidad de ambos. Para mí, ofrece una clara respuesta. Para otros, en los corrillos improvisados que se formaban tras su pase, no.

La trama, no se preocupen: Diana, una profesora de IA trabaja en el desarrollo de su propio proyecto / humanoide, llamada con un nombre tan humano y cinematográfico como Lara. Es en ese principio cuando, en una conversación entre las dos se produce el diálogo clave que citaba al principio: Lara le pregunta a su creadora "¿Cómo es vivir con dolor", y Diana le contesta "Te contesto el lunes". Separada de su esposo Martín (antiguo experto en robótica aunque desconozcamos a qué se ha dedicado todos éstos años) después de la muerte de su hijo, se reencuentran después de 12 años cuando él propone una visita a su antigua casa del lago para honrar a su difunto hijo por lo que habría sido su 18 cumpleaños, en ese fin de semana después de la conversación Lara - Diana, sólo para sufrir un accidente en el bosque, del que es rescatada por Martín. Ambos, hasta recibir ayuda, se verán obligados a convivir en su antigua casa, en pleno bosque. La presencia de un joven en esta casa deshabitada plantea un conflicto en la pareja: se encuentran con Andrea (Miguel Iriarte), que inquietantemente parece ser una versión adulta de su hijo fallecido y trae consigo antiguos secretos y nuevas sospechas. Diana afirma que su joven hijo murió de forma súbita (no se especifica cómo) y la lancha para llevarlo a urgencias a través del lago no arrancaba, pero la realidad es que ella no hizo nada, ni siquiera lo intentó. Ahondar más significa caer en terreno de Spoilers y mi pretensión es que la vean y se sorprendan. La historia está tratada como si fuera un thriller clásico, o incluso un drama, en lugar de abordarla desde los códigos de la ciencia ficción y reivindica lo humano e íntimo de las relaciones frente a la promesa de la perfección técnica de la IA. Así, las imperfecciones, la intuición, la improvisación y el aquí imprescindible ensayo / error son parte fundamental de la narrativa, parcialmente cíclica en su parte final y giro definitivo. Gastesi y Merino rechazan el control y apuestan por un cine de riesgo, nada trillado ni fácil para un espectador atrapado ya por los algoritmos de Netflix y cía, ante la amenaza (que aquí tampoco sé comporta como tal) de la imitación artificial.

No se puede eliminar el dolor con esos algoritmos. No se puede repetir el duelo y la pérdida para asimilarlas. No se puede delegar los recuerdos auténticos ni la memoria (y el miedo a olvidar) en las máquinas aunque puedan simularlos. La historia, desde la contención, se erige en puro existencialismo: ¿hasta qué punto la tecnología puede acercarse a lo humano sin reemplazarlo?. Nosotros, como sociedad, que recurrimos a medicamentos, terapias, métodos naturales ancestrales, la propia religión para hacer frente al DOLOR NATURAL, ¿podemos recurrir ahora a técnicas artificiales para ello?. Preguntas que aquí provocan nuevos interrogantes y ninguna certeza. Afrontan sus creadores, al fin, una historia sobre el encuentro entre los humanos y sus creaciones inteligentes,  una confrontación en la que las máquinas, por muy perfectas que sean, seguirían preguntándose qué nos impulsa a seguir viviendo a pesar del dolor que soportamos y los errores que cometemos en nuestro camino por la vida. Así me lo explicaba, más o menos, Merino, y a través de él, su director (no se pierdan sus apuntes sobre el proceso de escritura dual). Como podrán apreciar, otro film "fantástico" que aborda la salud mental, como siempre objeto de nuestro interés.

La soledad que otorga la naturaleza juega un papel fundamental, incluso más que los elementos tradicionalmente "técnicos". La casa abandonada y ahora reabierta, sus paredes y suelos de madera, las cortinas de antaño, la mesa metálica del jardín… toda esa presencia de "naturaleza muerta" era una forma de encerrar los recuerdos y el pasado de Diana que ahora reaparecen sin haberlo querido ¿o sí necesitado?. La sencilla y, al mismo tiempo, compleja estructura (construida con acuerdos tácitos de suspense que sus creadores "rompen" en su ya mencionado último tercio, recuerden su forma circular final) invita cortésmente al espectador a cuestionar lo que ve en pantalla en torno a la mortalidad y la sensibilidad, a medida que se complica la frontera entre ambas. Todos nos sentimos interpelados porque hemos visto morir a personas amadas (el propio Merino hace poco a su padre, nos confesaba, desde aquí mi humilde pésame) y hemos tenido que lidiar con el duelo, a veces sin poder sobrellevarlo como es mi caso personal. Y no todos somos "dioses" como Diana y Martín, que pueden generar vida, en éste caso artificial. Esa es la gran referencia de la película: Víctor Von Frankenstein y su criatura, curiosa y ansiosa de aprender. Y su otra referencia, la obra de Dick, cuestionada: aquí el test de Turing que Deckard utilizaba en "Blade Runner" como prueba para discernir entre humanos y replicantes ya no es suficiente. Así dialogan los grandes films (y éste, perdonen la casi herejía por comparación, lo es), complementándose.

¿SOMOS REEMPLAZABLES?

Éste thriller filosófico (y comprensible, no se preocupen) y existencial habla, pues, sobre cómo encontrar y retener la humanidad en una era donde la artificialidad y el tecnocentrismo (ideología que sitúa a la tecnología como el centro y solución principal de los problemas sociales y ambientales, que pueden llevar a mejorar la vida humana aunque conlleve el riesgo de dependencia excesiva y deshumanización) "amenaza", o mejor dicho, genera incertidumbre sobre la posibilidad de ser "reemplazados" porque ya no seamos únicos y vulnerables (de nuevo la singularidad). La obra aborda la IA como espejo de la vulnerabilidad, mostrando cómo la pasión, el deseo, el error y la imperfección son imposibles de replicar por una máquina (una que busca emociones auténticas y recuerdos artificiales de un dolor insoportable y verdadero). La película no pretende dictar una tesis, sino mostrar cómo la tecnología amplifica los dilemas más antiguos: la pérdida, el deseo de recordar y el miedo a olvidar. Sí que aboga por criticar a una sociedad que delega cada vez más en las máquinas esa tarea de recordar (y simular). La cinta también plantea una dimensión política: el uso de la IA no se presenta como amenaza exterior ni intenta repetir conceptos de la fundacional "Terminator", sino se convierte en reflejo de una cultura que prefiere esa simulación al contacto real. Qué voy a decir sobre ello que no vivan ya. Diana entrena su algoritmo del mismo modo que intenta reconstruirse a sí misma, y en ese proceso descubre que cada intento de "recuperación" implica una renuncia. La historia no busca consuelos ni dar lecciones, sino una constatación: el ser humano se aferra a la memoria incluso cuando ésta deja de ser verdadera.

El final deja una sensación de ambigüedad calculada, en la que la frontera entre lo humano y lo programado se diluye hasta volverse irreconocible. Lo que queda después de verla no es certeza en nada concreto, sino la impresión de haber asistido a un retrato honesto del duelo, de sus límites y de su necesidad de ser habitado una y otra vez. "Singular" intenta observar cómo los avances tecnológicos se mezclan con las emociones, mostrando que los algoritmos pueden parecer imparciales, pero en realidad están hechos del mismo material que los recuerdos: ensayo y error (fundamental éste concepto) y pérdida. Y el giro final no se alarga, no cae en el error de repetir las mismas escenas en bucle una y otra vez en exceso, como si creyera que el espectador es incapaz de comprender lo que esta viendo. Las respuestas están ahí, ya las deducimos. Hay un último diálogo abrupto y un baile final de los tres protagonistas (la cuarta es con quién Diana tiene esa última conversación, con la pregunta que le hace una muy desgastada Lara a Diana cuando se reencuentran: "¿en qué año estamos?") a los sones, en vinilo, del tema "I don´t like Mondays": "No me gustan los lunes" (The Boomtown Rats), que también acompaña al momento antes del accidente de Diana, y es recomendable conozca el espectador la intrahistoria de esta canción para reforzar el impacto en la película (yo también lo desconocía): ésta canción de 1979 habla de una historia real en la que una adolescente llamada Brenda disparó con un fusil desde la ventana de su casa y mató a 2 personas e hirió a 8 niños. Luego declaró: "No me gustan los lunes. Sólo lo hice para animarme el día". Y ya en los primeros versos de la letra de su vocalista, el conocido Bob Geldof, escribe: "El chip de silicio dentro de su cabeza se sobrecarga". Más claro, agua destilada. Si algún lector cree no va a poder ver el film y quiere saber el final concreto, hágamelo constar en comentarios y le contestaré, que tampoco quiero hacerles sufrir.

Gastesi cuida especialmente el sonido y la música y se atreve con un género con modestia de medios pero repleto de virtudes. En su carencia, Alberto Gastesi practica la virtud de sugerir con lo mínimo, de inquietar desde el interior. Desde el primer plano, el director prefiere la contención a la explosión emocional: todo se mueve a base de silencios y de pequeñas variaciones en los gestos que parecen decirnos lo que nunca se dijo. La inteligencia artificial, ha quedado claro, aparece como un hilo conductor más que como un tema central. Gastesi la usa para cuestionar la forma en que los recuerdos se construyen, se editan y se manipulan, tanto por las máquinas como por las personas. El ritmo pausado y esa atmósfera contenida no son una simple concesión estética, sino una manera de hacernos partícipes de una historia que se desarrolla en el límite entre lo que se recuerda y lo que se imagina. Diana vive atrapada entre la culpa y la necesidad de entender el vacío. Su trabajo como investigadora en inteligencia artificial la enfrenta al dilema de reproducir algo que pertenece a la vida: una memoria, una voz, un rostro. Martín representa el otro lado: el aislamiento, el intento de sobrevivir sin mirar atrás. Ambos personajes cargan con un peso que se expresa sin palabras. La aparición del joven desconocido, con el rostro similar a la edad que hoy tendría, del hijo muerto, reabre la herida y convierte el reencuentro en un experimento moral. No se trata de un giro de guion al uso, sino de un desafío ético sobre la creación y la identidad. En ese triángulo / cuarteto, Gastesi combina el drama íntimo con un tono inquietante que recuerda que la tecnología no solo imita lo humano, también lo desvela. La película se mueve así en una frontera donde los límites entre lo real y lo simulado se difuminan, sin necesidad de subrayar ni exagerar nada.

La historia propone una estructura circular en la que cada escena parece un eco de otra anterior. Esa repetición no es gratuita: expresa cómo la mente humana intenta ordenar el dolor repitiendo lo que no puede cambiar. A través de los diálogos medidos y esos silencios, se comprende que Diana no crea la IA para reemplazar a su hijo, sino para construir una ilusión que le permita soportar la ausencia. En ese sentido, la película no ofrece consuelo, sino un retrato de la necesidad humana de fabricar simulacros de estabilidad. La inteligencia artificial aparece así como un espejo de las carencias afectivas, no como una amenaza tecnológica. Espero haberme explicado, con tanto prolegómeno, ahora mejor. El director plantea con claridad que el peligro no es la máquina, sino la dependencia emocional que genera. Lo que en apariencia es un "experimento científico" acaba siendo una confesión emocional camuflada bajo el lenguaje de los algoritmos.

"Singular" se apoya, pues, en una puesta en escena sobria y precisa. La fotografía de Esteban Ramos usa la luz natural y los reflejos del agua para convertir el entorno en un personaje más. La casa junto al lago, casi vacía, actúa como una prolongación de los protagonistas, un espacio donde cada rincón guarda una sombra del pasado. La música de Jon Agirrezabalaga y Ana Arsuaga refuerza esa atmósfera con acordes que parecen surgir del interior de los personajes más que del paisaje. Gastesi evita cualquier espectacularidad y apuesta por la observación lenta de sus intérpretes. Es esa contención lo que la convierte en un anómalo y afortunado híbrido de géneros dentro del cine patrio. Del reparto ya he hablado: el personaje de Patricia López, inmensa, encarna la lucha entre la razón científica y el impulso afectivo. Javier Rey la acompaña, y consigue estar a su altura, construyendo un Martín dominado por la contención. Miguel Iriarte, en su papel de Andrea, actúa como detonante del conflicto sin necesidad de subrayar los interrogantes del film. Los tres personajes mantienen un equilibrio frágil que refleja el intento de controlar lo incontrolable. El resultado es una historia que, pese a su aparente monotonía, avanza con firmeza hacia un desenlace donde la ilusión y la verdad se confunden sin caer en el dramatismo excesivo, al contrario, es puramente orgánico. Aunque el Apocalipsis pueda estar a la vuelta de la esquina.


EL DOLOR NOS HACE HUMANOS: NO LO ANESTESIÉMOS

"Singular" y sus 104 minutos es una propuesta altamente estimulante e introspectiva. Que nos ayuda a conocernos mejor y la excusa perfecta para discutir y plantearnos nuestro presente y futuro, tan repleto de cambios. Es ambiciosa e hipnótica. Gastesi demuestra una elegancia notable en la dirección, manteniendo un sentido constante del enigma y suspense. El mérito radica en sostener el pulso de un bucle narrativo que se repite con pequeñas variaciones, en domar un carrusel desquiciado que crea una sensación de extrañeza y desasosiego en el espectador. Asimismo, plantea cuestiones fascinantes y se distingue por su inventiva y su negativa a encajar en moldes predecibles, obligándonos (a un servidor, que vive en el duelo permanente de la no-muerte así lo hizo) a preguntarnos por qué persistimos en vivir, amar y desear a pesar del dolor insoportable.

Pudiéndose hacer perfectamente una versión teatral de la misma (Merino, ¿se os ha ocurrido?), el film, que habla precisamente de la IA, no encaja para nada en estos tiempos de sobreexplicación y Chatgtp. Añadan eso a sus logros. También requiere un segundo visionado para disfrutarla más: si antes los muertos volvían (o no se iban) porque el duelo no estaba cerrado, ahora vuelven porque hemos entregado a la tecnología nuestra memoria, nuestros hábitos y hasta nuestra capacidad de soñar. Nos hemos convertido en zombies pensantes y tecnológicos. La incluyo desde ya en las mejores películas del año y pude llevarme su cartel a casa (sobraban copias), prefiriendo otros algo más extremo pero seguro menos intenso.

Curiosamente, nuestro dúo creativo está finalizando el rodaje de la nueva serie "Argi Gorriak", con Itziar Ituño, una comedia familiar de ocho episodios de media hora, producida por Vidania Films. Versátiles también son. Estrenada ya en salas, y poco vista, por Warner Bros, los interesados, que espero sean muchos, pueden verla vía streaming en HBO, Movistar Plus y Prime vídeo.

EXTRAS:

1) Entrevista con Alex Merino en "Radio Nosaltres: https://drive.google.com/file/d/1Wpu3goAU2dfo2XLUMJ3imgnbOSlyeZ1Q/view?usp=drive_link
(minuto 0 al 23,09)

2) Ver Tráiler (muy sugerente y quizá demasiado explicativo): https://youtu.be/lmN_iX9Rgzo?si=Hl6t9cD0mzxxuD1X




 

Comentaris

  1. Si..parece un episodio d black mirror. Se puede ver la peli en HBO Max. Me da mucho miedo la I.A., SkyNet y Hal9000 ya no es ficcion

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    Respostes
    1. Hola, querido Koto. Bueno, el film es mucho más intimista y personal que cualquier superproducción, con la que nunca podría competir en medios. De ahí su apuesta por lo que nos hace singulares y únicos (ojo, también a la IA Lara) con sólo 4 personajes fuera de la civilización, nada gratuito.
      Aunque también ronda la idea de un Apocalipsis, el valiente guión nos enseña las carencias de Lara y los miedos, dolores y culpas de Diana, y aboga porque una IA generativa, aunque sea consciente de si misma, tendría sus limitaciones emocionales y no sé conformaría con aceptarlas. Querría respuestas, claro, y emular o comprender esos recuerdos que siguen indelebles en el ser humano.
      Sí, el final puede ser deprimente para algunos y esperanzador para otros. Yo lo veo como una oda a no delegar nuestra memoria y aceptar los sentimientos de pérdida y duelo.
      Es, pues, una peli humanista.
      Pero si, también creo en Skynet y estoy atento a la aparición de un T-800, de pinta rockera y gafas de sol.

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