"¿CÓMO ES VIVIR CON DOLOR? TE CONTESTO EL LUNES". ¿SUEÑAN LAS IA
CON SUS MADRES?
(Sitges'25: Una película singularísima, sobre el duelo, la pérdida, la
memoria, la réplica. No se puede eliminar el dolor con algoritmos)
"SINGULAR" (de Alberto Gastasi, España, 2025) ⭐
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Les cuento una breve historia: Hace 6 años, unos (aún) más jóvenes Alberto
Gastesi y Alex Merino, coguionistas de un embrión de film (evidentemente
cambiaría con el tiempo), se presentaron en la quinta edición del SITGES
PITCHBOX y, como en una tesina, hicieron una corta presentación de 7 minutos
para desarrollar la propuesta de "Singular" ante un Jurado. El
premio, que ganaron, como en todas las buenas historias, fueron 5.000€ y, lo
más importante, el interés de productoras y la industria en su primeriza IA,
digo película. Como a veces lo que empieza en Sitges, acaba en Sitges, en
octubre del 2025 pudieron exhibir en el gran Auditori el estreno mundial de su
sueño. Yo estuve allí, y pude entrevistar, mientras esperábamos al director, al
locuaz y simpatiquísimo Alex Merino, quién me confirmó las claves de su film y
consideré no necesitar posteriormente a Gastesi. Cuenta la leyenda que, en
aquella reunión, utilizaron un lema (cuando las IA no monopolizaban nuestro
presente y futuro): ¿Sueñan los androides con sus madres?, guiño a Dick
incluido y muy pertinente reflexión en un film que habla, entre muchos otros
temas, de la maternidad. Cuando finalizó el pase, la prensa ardía en
comentarios sobre su ¿ambiguo? final, como era la intención de sus creadores (y
grandes amigos, que no es poco). Si quieren ver éste año una película compuesta
por puzzles y hecha para comentarla ampliamente después, se la recomiendo. Un
excelente drama sci-fi.
Antes de "Singular", Gastesi y Merino pudieron levantar
otro film: "La quietud en la tormenta", historia de
amor entre pasado y presente, un "what if", vamos, que tiene no pocos
puntos de contacto con su último trabajo.
La película que nos ocupa, otra de las 4 vascas que llenaron la Sección
Oficial, es totalmente singular, sí, en el cine español: minimalista, con
sólo tres personajes (y una IA) que te hablan de una pareja rota, un hijo
perdido y como escenario un bosque y una cabaña que parecen congelar el tiempo.
Dos actores superlativos (Patricia López de Arnaiz, ganadora de un goya y
posible ganadora de otro éste fin de semana con "Los domingos"
y Javier Rey, nominado en otra ocasión también y protagonista querido por todos
los frikis de éste país por "Orígenes secretos") y un guión
que parecía estar elaborado para ganar el Festival de Cine Fantástico éste año.
No duden que se convertirá en un film de culto dentro de poco y una de las
historias que marcarán un antes y después en la ciencia ficción hispana. Porque
habla de las relaciones humanas, de las relaciones de la cada vez más avanzada
tecnología (y sus límites) con los mismos humanos, un retrato implacable de
cómo abordar el duelo, una oda a la experiencia vital de las personas y de la
perdurabilidad de sus memorias. Y sí, parece el mejor de los capítulos de
"Black Mirror", tiene puntos de contacto con el "AI"
de Spielberg, con "Blade Runner" y el brillo en los ojos, con
"Ex-maquina", con "La llegada" (y la
aparición de múltiples modelos de lenguajes)... pero todas éstas referencias
son sólo un halago más a éste muy personal y particular film, porque las
utiliza para su propio ensamblado de su rompecabezas.
LA SINGULARIDAD
Abordemos tres acepciones de "Singular": aquello que nos
hace únicos, claro; un álgebra computacional (CAS) y en física y matemáticas,
es ese punto donde las leyes conocidas dejan de funcionar. Pues bien, nunca un
título ha sido tan acertado. Ese guiño a la singularidad tecnológica, un momento
hipotético en el que la IA supera la inteligencia humana y potencialmente puede
conducir a la extinción humana. Pero Gastesi evita crear otra historia sobre la
dominación humana sobre los robots o, al revés, una rebelión de la IA contra
los humanos. Te deja posiblemente el poso de si es posible imaginar una
coexistencia pacífica y sin conflictos, precisamente por la singularidad de
ambos. Para mí, ofrece una clara respuesta. Para otros, en los corrillos
improvisados que se formaban tras su pase, no.
La trama, no se preocupen: Diana, una profesora de IA trabaja en el
desarrollo de su propio proyecto / humanoide, llamada con un nombre tan humano
y cinematográfico como Lara. Es en ese principio cuando, en una conversación
entre las dos se produce el diálogo clave que citaba al principio: Lara le
pregunta a su creadora "¿Cómo es vivir con dolor", y Diana le
contesta "Te contesto el lunes". Separada de su esposo Martín
(antiguo experto en robótica aunque desconozcamos a qué se ha dedicado todos
éstos años) después de la muerte de su hijo, se reencuentran después de 12 años
cuando él propone una visita a su antigua casa del lago para honrar a su
difunto hijo por lo que habría sido su 18 cumpleaños, en ese fin de semana
después de la conversación Lara - Diana, sólo para sufrir un accidente en el
bosque, del que es rescatada por Martín. Ambos, hasta recibir ayuda, se verán
obligados a convivir en su antigua casa, en pleno bosque. La presencia de un
joven en esta casa deshabitada plantea un conflicto en la pareja: se encuentran
con Andrea (Miguel Iriarte), que inquietantemente parece ser una versión adulta
de su hijo fallecido y trae consigo antiguos secretos y nuevas sospechas. Diana
afirma que su joven hijo murió de forma súbita (no se especifica cómo) y la lancha
para llevarlo a urgencias a través del lago no arrancaba, pero la realidad es
que ella no hizo nada, ni siquiera lo intentó. Ahondar más significa caer en
terreno de Spoilers y mi pretensión es que la vean y se sorprendan. La historia
está tratada como si fuera un thriller clásico, o incluso un drama, en lugar de
abordarla desde los códigos de la ciencia ficción y reivindica lo humano e
íntimo de las relaciones frente a la promesa de la perfección técnica de la IA.
Así, las imperfecciones, la intuición, la improvisación y el aquí
imprescindible ensayo / error son parte fundamental de la narrativa,
parcialmente cíclica en su parte final y giro definitivo. Gastesi y Merino
rechazan el control y apuestan por un cine de riesgo, nada trillado ni fácil
para un espectador atrapado ya por los algoritmos de Netflix y cía, ante la
amenaza (que aquí tampoco sé comporta como tal) de la imitación artificial.
No se puede eliminar el dolor con esos algoritmos. No se puede repetir el
duelo y la pérdida para asimilarlas. No se puede delegar los recuerdos
auténticos ni la memoria (y el miedo a olvidar) en las máquinas aunque puedan
simularlos. La historia, desde la contención, se erige en puro existencialismo:
¿hasta qué punto la tecnología puede acercarse a lo humano sin reemplazarlo?.
Nosotros, como sociedad, que recurrimos a medicamentos, terapias, métodos
naturales ancestrales, la propia religión para hacer frente al DOLOR NATURAL,
¿podemos recurrir ahora a técnicas artificiales para ello?. Preguntas que aquí
provocan nuevos interrogantes y ninguna certeza. Afrontan sus creadores, al
fin, una historia sobre el encuentro entre los humanos y sus creaciones inteligentes,
una confrontación en la que las máquinas, por muy perfectas que sean, seguirían
preguntándose qué nos impulsa a seguir viviendo a pesar del dolor que
soportamos y los errores que cometemos en nuestro camino por la vida. Así me lo
explicaba, más o menos, Merino, y a través de él, su director (no se pierdan
sus apuntes sobre el proceso de escritura dual). Como podrán apreciar, otro
film "fantástico" que aborda la salud mental, como siempre objeto de
nuestro interés.
La soledad que otorga la naturaleza juega un papel fundamental, incluso más
que los elementos tradicionalmente "técnicos". La casa abandonada y
ahora reabierta, sus paredes y suelos de madera, las cortinas de antaño, la
mesa metálica del jardín… toda esa presencia de "naturaleza muerta"
era una forma de encerrar los recuerdos y el pasado de Diana que ahora
reaparecen sin haberlo querido ¿o sí necesitado?. La sencilla y, al mismo
tiempo, compleja estructura (construida con acuerdos tácitos de suspense que sus
creadores "rompen" en su ya mencionado último tercio, recuerden su
forma circular final) invita cortésmente al espectador a cuestionar lo que ve
en pantalla en torno a la mortalidad y la sensibilidad, a medida que se
complica la frontera entre ambas. Todos nos sentimos interpelados porque hemos
visto morir a personas amadas (el propio Merino hace poco a su padre, nos
confesaba, desde aquí mi humilde pésame) y hemos tenido que lidiar con el
duelo, a veces sin poder sobrellevarlo como es mi caso personal. Y no todos
somos "dioses" como Diana y Martín, que pueden generar vida, en éste
caso artificial. Esa es la gran referencia de la película: Víctor Von
Frankenstein y su criatura, curiosa y ansiosa de aprender. Y su otra
referencia, la obra de Dick, cuestionada: aquí el test de Turing que Deckard
utilizaba en "Blade Runner" como prueba para discernir
entre humanos y replicantes ya no es suficiente. Así dialogan los grandes films
(y éste, perdonen la casi herejía por comparación, lo es), complementándose.
¿SOMOS REEMPLAZABLES?
Éste thriller filosófico (y comprensible, no se preocupen) y existencial
habla, pues, sobre cómo encontrar y retener la humanidad en una era donde la
artificialidad y el tecnocentrismo (ideología que sitúa a la tecnología como el
centro y solución principal de los problemas sociales y ambientales, que pueden
llevar a mejorar la vida humana aunque conlleve el riesgo de dependencia
excesiva y deshumanización) "amenaza", o mejor dicho, genera
incertidumbre sobre la posibilidad de ser "reemplazados" porque ya no
seamos únicos y vulnerables (de nuevo la singularidad). La obra aborda la IA
como espejo de la vulnerabilidad, mostrando cómo la pasión, el deseo, el error
y la imperfección son imposibles de replicar por una máquina (una que busca
emociones auténticas y recuerdos artificiales de un dolor insoportable y
verdadero). La película no pretende dictar una tesis, sino mostrar cómo la
tecnología amplifica los dilemas más antiguos: la pérdida, el deseo de recordar
y el miedo a olvidar. Sí que aboga por criticar a una sociedad que delega cada
vez más en las máquinas esa tarea de recordar (y simular). La cinta también
plantea una dimensión política: el uso de la IA no se presenta como amenaza
exterior ni intenta repetir conceptos de la fundacional "Terminator",
sino se convierte en reflejo de una cultura que prefiere esa simulación al
contacto real. Qué voy a decir sobre ello que no vivan ya. Diana entrena su
algoritmo del mismo modo que intenta reconstruirse a sí misma, y en ese proceso
descubre que cada intento de "recuperación" implica una renuncia. La
historia no busca consuelos ni dar lecciones, sino una constatación: el ser
humano se aferra a la memoria incluso cuando ésta deja de ser verdadera.
El final deja una sensación de ambigüedad calculada, en la que la frontera
entre lo humano y lo programado se diluye hasta volverse irreconocible. Lo que
queda después de verla no es certeza en nada concreto, sino la impresión de
haber asistido a un retrato honesto del duelo, de sus límites y de su necesidad
de ser habitado una y otra vez. "Singular" intenta observar
cómo los avances tecnológicos se mezclan con las emociones, mostrando que los
algoritmos pueden parecer imparciales, pero en realidad están hechos del mismo
material que los recuerdos: ensayo y error (fundamental éste concepto) y
pérdida. Y el giro final no se alarga, no cae en el error de repetir las mismas
escenas en bucle una y otra vez en exceso, como si creyera que el espectador es
incapaz de comprender lo que esta viendo. Las respuestas están ahí, ya las
deducimos. Hay un último diálogo abrupto y un baile final de los tres
protagonistas (la cuarta es con quién Diana tiene esa última conversación, con
la pregunta que le hace una muy desgastada Lara a Diana cuando se reencuentran:
"¿en qué año estamos?") a los sones, en vinilo, del tema "I
don´t like Mondays": "No me gustan los lunes" (The
Boomtown Rats), que también acompaña al momento antes del accidente de Diana, y
es recomendable conozca el espectador la intrahistoria de esta canción para
reforzar el impacto en la película (yo también lo desconocía): ésta canción de
1979 habla de una historia real en la que una adolescente llamada Brenda
disparó con un fusil desde la ventana de su casa y mató a 2 personas e hirió a
8 niños. Luego declaró: "No me gustan los lunes. Sólo lo hice para
animarme el día". Y ya en los primeros versos de la letra de su vocalista,
el conocido Bob Geldof, escribe: "El chip de silicio dentro de su
cabeza se sobrecarga". Más claro, agua destilada. Si algún lector cree
no va a poder ver el film y quiere saber el final concreto, hágamelo constar en
comentarios y le contestaré, que tampoco quiero hacerles sufrir.
Gastesi cuida especialmente el sonido y la música y se atreve con un
género con modestia de medios pero repleto de virtudes. En su
carencia, Alberto Gastesi practica la virtud de sugerir con lo
mínimo, de inquietar desde el interior. Desde el primer plano, el director
prefiere la contención a la explosión emocional: todo se mueve a base de
silencios y de pequeñas variaciones en los gestos que parecen decirnos lo que
nunca se dijo. La inteligencia artificial, ha quedado claro, aparece
como un hilo conductor más que como un tema central. Gastesi la usa para
cuestionar la forma en que los recuerdos se construyen, se editan y se
manipulan, tanto por las máquinas como por las personas. El ritmo pausado y esa
atmósfera contenida no son una simple concesión estética, sino una manera de
hacernos partícipes de una historia que se desarrolla en el límite entre lo que
se recuerda y lo que se imagina. Diana vive atrapada entre la culpa y la
necesidad de entender el vacío. Su trabajo como investigadora en inteligencia
artificial la enfrenta al dilema de reproducir algo que pertenece a la vida:
una memoria, una voz, un rostro. Martín representa el otro lado: el
aislamiento, el intento de sobrevivir sin mirar atrás. Ambos personajes cargan
con un peso que se expresa sin palabras. La aparición del joven
desconocido, con el rostro similar a la edad que hoy tendría, del hijo
muerto, reabre la herida y convierte el reencuentro en un experimento moral. No
se trata de un giro de guion al uso, sino de un desafío ético sobre la creación
y la identidad. En ese triángulo / cuarteto, Gastesi combina el drama íntimo
con un tono inquietante que recuerda que la tecnología no solo imita lo humano,
también lo desvela. La película se mueve así en una frontera donde los límites
entre lo real y lo simulado se difuminan, sin necesidad de subrayar ni exagerar
nada.
La historia propone una estructura circular en la que cada escena parece un
eco de otra anterior. Esa repetición no es gratuita: expresa cómo la mente
humana intenta ordenar el dolor repitiendo lo que no puede cambiar. A través de
los diálogos medidos y esos silencios, se comprende que Diana no crea la IA
para reemplazar a su hijo, sino para construir una ilusión que le permita
soportar la ausencia. En ese sentido, la película no ofrece consuelo, sino un
retrato de la necesidad humana de fabricar simulacros de estabilidad. La
inteligencia artificial aparece así como un espejo de las carencias afectivas,
no como una amenaza tecnológica. Espero haberme explicado, con tanto
prolegómeno, ahora mejor. El director plantea con claridad que el peligro no es
la máquina, sino la dependencia emocional que genera. Lo que en apariencia es
un "experimento científico" acaba siendo una confesión emocional
camuflada bajo el lenguaje de los algoritmos.
"Singular" se apoya, pues, en una puesta en escena sobria y
precisa. La fotografía de Esteban Ramos usa la luz natural y los
reflejos del agua para convertir el entorno en un personaje más. La casa junto
al lago, casi vacía, actúa como una prolongación de los protagonistas, un
espacio donde cada rincón guarda una sombra del pasado. La música de Jon
Agirrezabalaga y Ana Arsuaga refuerza esa atmósfera con acordes
que parecen surgir del interior de los personajes más que del paisaje. Gastesi
evita cualquier espectacularidad y apuesta por la observación lenta de sus
intérpretes. Es esa contención lo que la convierte en un anómalo y afortunado
híbrido de géneros dentro del cine patrio. Del reparto ya he hablado: el
personaje de Patricia López, inmensa, encarna la lucha entre la razón
científica y el impulso afectivo. Javier Rey la acompaña, y consigue
estar a su altura, construyendo un Martín dominado por la
contención. Miguel Iriarte, en su papel de Andrea, actúa como detonante
del conflicto sin necesidad de subrayar los interrogantes del film. Los tres
personajes mantienen un equilibrio frágil que refleja el intento de controlar
lo incontrolable. El resultado es una historia que, pese a su aparente
monotonía, avanza con firmeza hacia un desenlace donde la ilusión y la verdad
se confunden sin caer en el dramatismo excesivo, al contrario, es puramente
orgánico. Aunque el Apocalipsis pueda estar a la vuelta de la esquina.
EL DOLOR NOS HACE HUMANOS: NO LO ANESTESIÉMOS
"Singular" y sus 104 minutos es una propuesta altamente
estimulante e introspectiva. Que nos ayuda a conocernos mejor y la excusa
perfecta para discutir y plantearnos nuestro presente y futuro, tan repleto de
cambios. Es ambiciosa e hipnótica. Gastesi demuestra una elegancia notable en
la dirección, manteniendo un sentido constante del enigma y suspense. El mérito
radica en sostener el pulso de un bucle narrativo que se repite con pequeñas
variaciones, en domar un carrusel desquiciado que crea una sensación de
extrañeza y desasosiego en el espectador. Asimismo, plantea cuestiones
fascinantes y se distingue por su inventiva y su negativa a encajar en moldes
predecibles, obligándonos (a un servidor, que vive en el duelo permanente de la
no-muerte así lo hizo) a preguntarnos por qué persistimos en vivir, amar y
desear a pesar del dolor insoportable.
Pudiéndose hacer perfectamente una versión teatral de la misma (Merino, ¿se
os ha ocurrido?), el film, que habla precisamente de la IA, no encaja para nada
en estos tiempos de sobreexplicación y Chatgtp. Añadan eso a sus logros.
También requiere un segundo visionado para disfrutarla más: si antes los
muertos volvían (o no se iban) porque el duelo no estaba cerrado, ahora vuelven
porque hemos entregado a la tecnología nuestra memoria, nuestros hábitos y
hasta nuestra capacidad de soñar. Nos hemos convertido en zombies pensantes y
tecnológicos. La incluyo desde ya en las mejores películas del año y pude
llevarme su cartel a casa (sobraban copias), prefiriendo otros algo más extremo
pero seguro menos intenso.
Curiosamente, nuestro dúo creativo está finalizando el rodaje de la nueva
serie "Argi Gorriak", con Itziar Ituño, una comedia familiar de
ocho episodios de media hora, producida por Vidania Films. Versátiles también
son. Estrenada ya en salas, y poco vista, por Warner Bros, los interesados, que
espero sean muchos, pueden verla vía streaming en HBO, Movistar Plus y Prime
vídeo.
EXTRAS:
1) Entrevista con Alex Merino en "Radio Nosaltres: https://drive.google.com/file/d/1Wpu3goAU2dfo2XLUMJ3imgnbOSlyeZ1Q/view?usp=drive_link
(minuto 0 al 23,09)
2) Ver Tráiler (muy sugerente y quizá demasiado explicativo): https://youtu.be/lmN_iX9Rgzo?si=Hl6t9cD0mzxxuD1X





Si..parece un episodio d black mirror. Se puede ver la peli en HBO Max. Me da mucho miedo la I.A., SkyNet y Hal9000 ya no es ficcion
ResponEliminaHola, querido Koto. Bueno, el film es mucho más intimista y personal que cualquier superproducción, con la que nunca podría competir en medios. De ahí su apuesta por lo que nos hace singulares y únicos (ojo, también a la IA Lara) con sólo 4 personajes fuera de la civilización, nada gratuito.
EliminaAunque también ronda la idea de un Apocalipsis, el valiente guión nos enseña las carencias de Lara y los miedos, dolores y culpas de Diana, y aboga porque una IA generativa, aunque sea consciente de si misma, tendría sus limitaciones emocionales y no sé conformaría con aceptarlas. Querría respuestas, claro, y emular o comprender esos recuerdos que siguen indelebles en el ser humano.
Sí, el final puede ser deprimente para algunos y esperanzador para otros. Yo lo veo como una oda a no delegar nuestra memoria y aceptar los sentimientos de pérdida y duelo.
Es, pues, una peli humanista.
Pero si, también creo en Skynet y estoy atento a la aparición de un T-800, de pinta rockera y gafas de sol.