ESTACIÓ DE BOIRA; el matrimoni


 El matrimonio

El matrimonio se podría concebir como aquella institución social consistente en la unión sentimental de dos personas y que se realiza mediante un contrato civil. Dicha institución está muy consolidada en nuestra sociedad, la gente se casa, se suele casar, pero este hecho no es más que una simple y mera costumbre social. Dicha institución está sobrevalorada ya que se puede vivir con amor y no estar casado. De esta forma, hay una variada gama de amores diferentes que no tienen por qué ser el amor entre sexos o el mismo sexo como lo son el amor entre amigos o el amor parental.

Cuando uno se casa gana una persona a su lado, pero también pierde vida propia, momentos de libertad que ya no volverán, paz y gloria. Se pasa de estar solo a estar 24 horas con alguien, sin descansar, ¿Y por qué haces esto y por qué haces lo otro? ¿Dónde vas y a qué hora vienes? Un control exhaustivo y detallado esto es el matrimonio para mí, una pérdida total de libertad individual.

Hasta me atrevería a mencionar que la institución social del matrimonio es antinatural, ya que 24 horas al día con otra persona no es natural y es hasta podríamos decir muy perjudicial para el desarrollo de la personalidad.

Todo esto explica el alto índice de divorcios en España, la gente no aguanta, no dura años…ya no es como hace unos años en la época de nuestros abuelos cuando se aguantaba todo. Ahora no se aguanta nada, a la mínima de cambio sobreviene el divorcio.

Otro tema, este delicado, es la pérdida de deseo cuando dos personas se casan. Los casados son muy infieles, tanto hombres como mujeres y esto es debido a que al casarse se mantienen menos relaciones, sea por la rutina, la comodidad o la saciedad de aquello que se tiene siempre.

Con esta institución no solo se pierde vida propia, libertad o disfrute sexual, sino que se pierde mucho económicamente hablando cuando el divorcio se avecina.

Si no se hace separación de bienes rige gananciales y entonces los bienes son de ambos. Cuantos hombres, sin ir más lejos, ¡mi padre se ha arruinado después de un fatídico divorcio!

Concluyendo, puede que sea esta una visión muy pesimista del matrimonio y puede que no haya hablado o mencionado lo bonito que es el amor entre cónyuges y puede hasta sea dura, pero yo creo en esta realidad comentada, una realidad que es una realidad aplastante en nuestra presente sociedad actual.

Carolina Roca

 

El matrimonio según los lozano

Érase una vez un pequeño pueblo en Guadalajara, que sólo aparecía en los mapas grandes, grandes. Se llamaba, y se llama, aunque ahora sólo esté habitada por 7 personas en invierno, Romanillos de Atienza. Allí nacieron mis padres.

Cuando veraneábamos en ese recóndito sitio de Castilla donde podías quedarte dormido, un poco ebrio, en la calzada y despertarte de madrugada sin que hubiera pasado un sólo coche, me extrañaba que a todos sus habitantes les llamáramos "tíos" o "primos", como si todos estuviéramos emparentados.

Y así era, Romanillos era un pueblo endogámico y casi incestuoso, como la realeza. No salían del pueblo, pues se casaban entre sí. Mis padres se reencontraron en Barcelona a principios de los 60 y siguieron la tradición. Con dispensa papal, puesto que.....¡eran primos hermanos!, secreto familiar del que me enteré de adolescente por una indiscreción de mi tía Petra. Mi hermano, para rabia eterna de mi todopoderosa madre, se pasó los siguientes años culpándoles de los problemas mentales de sus dos hijos. Mira, quién sabe.

Mi hermano, hombre de pocas novias, conoció a Imma en una discoteca y su relación se fue asentándose con los años. Mi madre dijo que sólo se casarían por encima de su cadáver, que de esa chica que siempre estaba sonriendo no se podía fiar uno. Y así fue. Mi hermano se casó por encima de su cadáver, quién le iba a decir a mi madre que moriría tan súbitamente. He de decir que mi tía Petra se negó a ser la madrina y quien llevara a mi hermano al altar por respetar los deseos de mi madre. Mi padre, en cambio, estuvo muy contento ese día. Yo asistí junto a la madre de mi hija, que aún no había nacido. Éramos 6 invitados por parte de mi hermano, 47 por parte de la novia. Así podíamos hacernos fotos toda la familia paterna sin problemas.

Mi madre también me dió instrucciones sobre un posible matrimonio con la "guarra", como la llamaba cariñosamente. No podía casarme con ella porque, si se me ocurría tener hijos con ella, se los llevaría muy pronto tras dejarme. Qué ojo el de mi madre, y digo qué ojo porque era tuerta. Sí, eso de llevarse los niños de pequeños para que olvidaran a sus padres sin problemas era una especie de tradición materna, aunque mi novia me juró y perjuró que no era como su familia.

Ella me propuso casarnos, pero le dije que no podía, que se lo había prometido a mi madre y sólo podía casarme, por prescripción, con mi mejor amiga y madre soltera de una niña, hoy mi ahijada. No se lo tomó bien y me puso de ejemplo a my brother, pero éste era un Judas, le dije. Entonces, en la disolución de un matrimonio, era muy difícil que al hombre le concedieran la custodia compartida, y pensé que, mira, le iba a ser fiel a mi mami. Evidentemente, tenía razón.

Luego me han invitado a bodas en las que llevaba a mi hija como pareja, me sentaba en la mesa de los niños, podía pedir menú infantil y jugando con ellos me lo pasaba muy bien. Lo malo es que, sin mi hija, me han vuelto a invitar y no hay nada peor que ir solito a un bodorrio, por no hablar de lo costoso que es. Y como, ya en mi depresión, no buscaba pareja, aunque me pusieran en la mesa de solteros apestados, pues me aburría mucho.

Y eso es lo que opino del matrimonio. Que espero no me inviten más a uno de ellos, aunque respeto mucho a quienes creen su relación se fortalece con ello o demuestran su amor con sus seres queridos. No sé, con un beso ya bastaba.

Juanmi, aquél que voló sobre el nido del cuco


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